Nido de huevos escalfados sobre confitura de tomate dulce

Preparamos una confitura de tomate rayándolo y quitándole las pepitas, pochamos a fuego lento hasta obtener una crema donde añadimos miel de romero y reservamos.
En una cazuela con agua hirviendo introducimos los nidos de huevo, que los habremos hecho en un cuenco al que habremos forrado con papel film, colocando el huevo dentro, les habremos añadido unas gotas de aceite de oliva extra virgen, unas escamas de sal marina, y una ralladura de trufa. Cerramos con un hilo de cocina y anudamos. Escalfamos al gusto del punto, sobre los 5 minutos a una temperatura de 70 a 80º de temperatura y reservamos. Cortamos las bolsas de los huevos y los presentamos en un plato donde tendremos el tomate bien extendido. Rompemos ligeramente con la puntilla, la lleva de un huevo para que salga y acompañamos con unas rodajas de pan tierno.

Mi vida seguiría dentro de mí

Había llegado el momento, ya estaba todo terminado, era el día.
Todo recogido, las maletas hechas, las cajas con las cosas cerradas, las fotos, los cuadros embalados.
Abro la puerta y voy bajando los bultos al garaje, lleno el coche, creía que no entraría todo, que risas, y sobra espacio, bien colocado de sobra.
El viaje es largo. Son más de 500 kilómetros, subo y bajo, en dos viajes más todo listo.
Un vistazo rápido y me doy cuenta que todo esta limpio, como si
fuera el mismo día que llegué a esa casa, y habían pasado 6 meses.
Al cerrar la puerta sentí un escalofrío, una sensación de liberación, un
sentimiento de libertad, ya no pisaría mas esa casa, que nunca fue la mía, pero que sirvió como puente en mi vida.
Entregué las llaves a la dueña, subí al coche y arranque, conducir por las calles hasta la salida de la ciudad era como recorrer una carrera de velocidad, tenía
ganas, tenia prisa por iniciar el viaje.
Ya casi estaba en la autopista, faltaba menos de 500 metros, mi mente se paró de golpe algo no funcionaba, los recuerdos volaban a una velocidad mas rápida que las ganas por salir. Que había pasado en mi vida?, toda una vida para
esto?, para salir corriendo sin pensar en nada?
No podía ser, tenía que tener un minuto al menos para reflexionar sobre mí, sobre mi vida, toda una vida en un coche? Todo el esfuerzo en dos maletas y tres cajas?, todas las letras escritas entraban en una carpeta?.
Al mirar atrás del coche y ver lo que había en él, casi me asusto, era la
realidad de una vida, 5 bultos, era todo mi esfuerzo.
Un suspiro, una lágrima, o dos, corrieron por mis mejillas, y otro pensamiento llegó a mí. No, así no había sido mi vida, esa no era mi vida, esas cosas que
había en el coche no eran mías, me las encontré por el camino.
Mi vida era otra cosa, mi vida iba conmigo, dentro de mi, ese si era yo,  esos si eran mis esfuerzos, esos si eran mis valores, mis conocimientos,  todo lo importante estaba dentro de mi.  
Mire al infinito, que cada vez lo tenía más cerca, lo podía tocar con mis ojos.

Sabia lo que quería, como lo quería, y cuando lo que quería.

Aceleré y entre en la autopista, ya llegaría. No había prisa, mi vida seguiría dentro de mí

Lomo de cerdo en salsa de cava con patatas

Troceamos el lomo de cerdo en dados de unos 2 centímetros, salpimentamos y sofreímos hasta dorar, añadimos un vaso de cava, y reducimos, añadimos dos vasos de caldo de carne, y dejamos cocer por más de una hora. Freímos en dos temperaturas unos dados de patatas,  primero a una temperatura de unos 50 grados, las sacamos del aceite, lo calentamos al máximo y las añadimos de nuevo a la sartén hasta que se doren por fuera. Las añadimos a la cazuela de cocción. Reservamos unas pocas para su presentación con unos pimientos de piquillo.

Gracias

Me has enseñado lo que es el sol.
Lo que son las nubes.
Lo que es el mar como se siente el dolor.
Como es el cielo.
Como se siente las palabras.
Me has enseñado que hay más mundos.
La esperanza.
La paciencia.
La música.
La risa. 
Llorar sin miedos.
A reír con ganas.
A ver la vida.
Me has enseñado a mirar.
A ver.
A sentir

Tortilla de patatas y cebolla

En una sartén ponemos aceite de oliva virgen extra y cortamos en juliana una cebolla, que pocharemos a fuego muy flojo durante más de una hora.
Cortamos las patadas al estilo panadera, y freímos a fuego bajo, casi cociéndolas en su aceite, cuando estén en su punto las vamos rompiendo con la pala de madera, y las reunimos con la cebolla, reogamos.
En un bol separamos las claras de las yemas y las batimos casi a punto de nieve y las unimos a las yemas batiendo un poco mas, añadimos al bol la mezcla de patatas y cebolla, mientras en la sartén con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, calentamos fuertemente, añadimos el contenido del bol, cuajamos a nuestro gusto, que los hay, damos la vuelta a la tortilla, presentamos, en este caso con unas rodajas de chorizo que con el propio calor  suelta mas intenso sus sabores.

Fideuá negra

Preparamos un fume de pescado de roca, sepia y gambas, añadiendo la tinta de la sepia.
En una sartén sofreímos un poco de tomate una cucharada de café de pimentón dulce, un par de ajos, unas gambas troceadas y unos trozos de sepia, una vez dorados ligeramente añadimos la pasta removemos ligeramente para que la pasta tome el sabor de ese sofrito, y añadimos el fume reservado, cocemos a fuego lento durante diez minutos, Presentamos con Ajioli recién hecho.

Abrir la vida


Al recordar todo lo que había pasado, ya no sentía nada, ni siquiera sensación de vacío. Quizá la vida la había hecho mas dura, pero no, solo era la sensación de sentir que fuera así……………………….
El sabor de la alegría que hacia sentir esperanzada, la lucha era evidente, el querer y no poder,
Pero el esfuerzo no cejaba, seguía dando muestras de su poder, tenia que poder.
Salió a la ventana, miró al infinito y donde antes había noche ahora había vida,  estaba el sol.
Se arregló, se pintó, clavó sus tacones de aguja y se dispuso a enfrentarse a sus miedos, el resultado solo lo vería en las caras de los demás, sabría si esas fuerzas que tanto necesitan iban entrando en su cuerpo.
Abrió la puerta, bajo decidida las escaleras, cerró el portal y allí estaba en la acera.
Tomó aire y empezó su camino, sabía claramente donde llegaría, lo que no imaginaba era como lo haría.
Una voz  muy conocida escuchó y el corazón casi se le sale por la boca. Era el policía que le había tomado la denuncia. Ya lo hemos localizado, lo tenemos en comisaría, y he querido comunicárselo directamente. Estas cosas no se hacen de otra forma,
Venían tiempos revueltos, difíciles, distintos, pero sabía que podría superarlos, ya no estaba sola, tenía un horizonte, tenía la ilusión de verlo por fin.