Cosas de mi Cabeza

hasta en la cocina

Una de las cosas donde mas disfrutábamos era en la compra, sabíamos lo que nos gustaba y como lo haríamos,
Hacer la lista ya eran una fiesta, antes de escribir uno de los dos, ya sabia el otro lo que pondría, los gustos estaban muy claros, muy definidos, y aun así, seguíamos sorprendiendo de las cosas nuevas en las que coincidíamos.
Ir al mercado, buscar esa fruta, esa verdura, ese pescado, aquella carne. Era siempre una increíble fuerza de imaginación,
¿Como saldría al final la combinación de ganas de hacer cosas, con la imaginación de hacerlas?
Le poníamos tanta pasión, tanto cariño, que el esfuerzo no existía.
Los movimientos en la cocina parecía un baile ensayado, un vals perfecto, pero nada de eso, era el conocimiento del uno en el otro en saber lo que necesita.
Daba gusto, hasta las miradas eran cómplices, y las palabras parejas, y las risas casi borbotones de agua.
Se disfrutaba tanto en la cocina, que deseábamos terminar para fregar juntos. Hasta en eso se hacia con toda complicidad.
Vaya pareja más rara, o no.
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