Solo Madera

Dijo el árbol a la vida. ¿Sólo madera?.
Puedes hacer de mi una belleza o solo un leño para quemar. De ti depende mi existencia. Si nutres mis raíces y haces brillar el sol seré un gran árbol que dará sombra y bajo ella todos serán felices. Reirán, jugaran los niños.
De mis ramas colgarán columpios y pasaran grandes tardes con sus juegos. Las celebraciones bajo mi gran copa serán sonoras y bulliciosas. Grandes comidas y mejores conversaciones. Se podrá sacar de mi grandes bellezas creadas por las manos del artesano, calores en las noches llenas de frío. Ilusiones en las miradas de mis colores.  Todo estará bien.
Pero si eres dura conmigo, si no me riegas y me das sol, me quitarás la vida, y será la tristeza y la melancolía quien se adueñen de mí y a quien me rodee. Ceniza gris y fría. Moho mal oliente. Humedad en los huesos ancianos.
No hagas que solo sea leña para quemar. Que ni eso sabré hacer bien.

Solo físico

Solo ha sido un encuentro físico y pasional. Ni siquiera un recuerdo al pasado. Solo a satisfacer una pasión necesaria.
La esperanza a una continuación, a retomar algo que siempre estuvo, la ilusión por volver a empezar.
Nada. Solo nada. Y más. La crudeza de la realidad a entender justo al final que no había más. Que todo se quedaba en esas horas pasadas. Ni siquiera al final una explicación que tu necesitabas. Los pasos hace tiempo que nos los marcas tu. Te los marca siempre. Bien. Ahora lo tienes más claro. O eso crees. Toma tus decisiones para que el tiempo las haga fuertes y no te dejen retroceder al sitio de donde no te ha gustado estar.
La distancia y no solo física será quien te haga de nuevo fuerte. Convéncete ya que tu vida está en otro sitio y en otro corazón. Vamos.

La grandeza del perdón

La grandeza del perdón
Como dijo el filosofo, equivocarse y rectificar es cosa de sabios. Y todas las equivocaciones no siempre incluyen un error tal, que haya que pedir perdón.
Pero el perdón que difícil es pedirlo, y cuanto cuesta reconocer que te has equivocado en este caso, pero como decía el sabio, es un gran honor reconocer, rectificar, que te equivocas con esa persona, que no lo has hecho bien, que la molestaste, o la ofendiste. Y saber hacerlo te honra y mucho.
Pero todo perdón necesita de un reconocimiento una contraprestación, un saber que la persona ofendida se entera que estas arrepentido de tu acción, si no, no se entiende como tal el perdón. Se lo dices a la pared, y con eso sobra para tu conciencia, pero no para la persona ofendida.
La grandeza del perdón no está en pedirlo, que también, si no en la persona que lo acepta saber entender que le pides perdón, y saber aceptarlo y reconocerlo.
Volver a unir el vinculo roto por ese error, saber los dos que se pasan al momento justo anterior al hecho.
Solo así es posible pedir perdón y ser perdonado. Tan difícil es saber perder, como saber ganar.
Y sobre todo, como dijo el sabio filosofo, si te pasas la vida pidiendo perdón y rectificando, eso es que no vales nada como persona, algo y muy malo debes hacer para estar siempre así, ya no eres sabio eres malo.

El umbral del dolor

No podía cocinar. El solo recuerdo de una gota de aceite caliente le producía la mayor sensación de dolor posible. Algo que nunca superó. Pero ella pensaba que nadie podía sufrir tanto. La noticia se la dió el pediatra. Había que operar a su hijo del corazón. Una criatura de tan solo 4 años.
Que sensación de angustia y desesperación. Llegó el día y todo salió bien. La UVI, la UCI y a la habitación. Como era posible que ni un solo gesto en la cara de su hijo delatara por lo que estaba pasando? 
Esto le hizo pensar en el dolor real. Quien tiene más dolor? Se puede medir? Hay alguien que tenga más dolor que todos juntos? Quien es el primero de esa lista? Y quien es el último? O no hay ni primero ni último.
Quizá no sea una cadena o una lista donde se pueda medir el dolor. Si no, un circulo donde cada uno se refleja en otro para verlo. Soportar el dolor no es algo que se haga por instinto, es una de las cosas que se aguanta o no se puede.
Y el que lo consigue es capaz de aprender a soportarlo, a entenderlo y vivir con él. Pero hay personas incapaces de soportarlo de ningunas de las maneras.
Esas personas que nada les puede ayudar. Es más, estamos convencidos que el dolor solo es una muestra de que algo no funciona. Así que una vez descubierto es innecesario soportarlo más.
Solo hemos hablado del dolor físico. No el que nos destroza el alma

Tapa de ajos negros

Una rebanada de pan pequeña, con un par de cucharadas de la salsa que hemos obtenida del lomo frito con ajos negros, lomo con ajos negros extendemos en una tabla de madera dos ajos con la punta de un cuchillo, hasta dejarlos en una lamina fina, la volvemos a recoger con el cuchillo y la colocamos con cuidado sobre esa rebanada de pan. Adornamos con la piel del ajo.

Lomo en salsa al vino blanco con ajos negros

Cortamos en dados de 3 centímetros de lado la cantidad de 400 gramos para unas 4 personas. Salpimentamos.
En una sartén muy caliente ponemos 4 cucharas de aceite de oliva extra virgen, calentamos y añadimos el lomo, que sellamos seguidamente.
Bajamos la temperatura del fuego al mínimo, añadiendo en este momento dos vasos de vino blanco, y los ajos negros de una cabeza entera. Cocinamos el tiempo suficiente para que el lomo tome una textura suave y blanda por dentro.
Servimos decorando con unas patatas chips.

Cuatrilogía de los Sabores: Amargo

Como todas las mañana la llevaba en el coche hasta la misma puerta. Dos besos y no todos los días. A esa edad los besos y las manifestaciones de cariño se miden mucho y son efusivas solo cuando salen y con quien te salen.
Pero bueno. Todos hemos pasado por esos momentos y solo hay que tener la memoria y la prudencia de respetarlos. Volvía a la hora de la salida a recogerla. Los comentarios cada vez eran menos y sobre todos más cortos y secos.
Algo pasaba, pero el respeto a su intimidad era mayor que la insistencia a saber. 
Llegó ese día fatídico de la llamada de la policía con la peor de las noticias. Ahora los recuerdos se agolpaban y los reproches solo eran el mayor de los terremotos en mi cabeza. Porqué?  Porqué todo?. Porqué no más cosas?. Porqué no pregunté más?. Porqué no fui más?. Porqué?  Porqué?
El amargo sabor de la muerte me recorrió toda mi vida.

Cuatrilogía de los Sabores: Dulce


En algún momento de su vida debió ocurrir pero nunca se paro a pensarlo. Todo era una consecuencia de historias sin un principio claro.  Seria en su niñez, seguro. Algo vería en su abuela que le dejó marcado para siempre, pero no era consciente.
Casi sin darse cuenta se encontraba cada día en el mismo sitio, donde se pasaba mas de 12 horas al día. Su pasión por su trabajo era tal que nunca pensó que otra cosa podía ser. Siempre con esa predisposición a satisfacer a los demás. En llevarles a sentir lo que cada uno necesitaba. Había hecho de su profesión su forma de vida. Y los demás encantados de que así fuera.
Todos sin excepción esperaban de él su mejor actitud. Siempre dispuesto a seducirles con su obra y con sus hechos. Sus palabras y sus mimos que tanto apasionaban. Era y es la persona que mejor sabe compaginar la dulzura de su vida con su pasión por ser el mejor chocolatero del mundo.
Un dulce de persona

Cuatrilogía de los sabores: Agria


-Hola, que tal?  Como estas?  
-Pues anda que tú!!
Le espeto así sin más. De una manera particular se comportaba siempre. Su pasión, nada. Su vida corta. Su vocabulario corto, contundente y tajante hasta exasperante.
Los zapatos de tacón quizá eran demasiado altos para ella, pero no desistía de ponérselos, era lo único que le hacía sentirse casi igual a los demás. Algo de envidia debía tener. Pero no era su principal virtud. En la acera esperaba para cruzar cuando al dar el primer paso se le doblo el tobillo, tacón roto, y tropezón histórico, manos al suelo y porrazo de los que se ríe hasta el propio. Hola, que tal?  Como estas?  Pues anda que tú!!
Pero mujer que te acabas de dar el tortazo de tu vida y solo intento ayudarte a levantarte. Y por lo que veo soy contigo los únicos que no nos hemos reído. Se puso tan roja que no se sabía si era de odio, de rabia, de vergüenza o de la gran torpeza por comportarse de esa manera. Su acidez le había llevado a un comportamiento tan insoportable que ni ella se asumía. Pero le llego su hora. Su zapato de cristal de cenicienta. Su príncipe azul que la sacaba del mundo agrio donde había vivido. 
Sus miradas se cruzaron con intensidad mientras él la levantaba del suelo. Se había parado el mundo. Ni coches, ni camiones de reparto, ni paso de cebra. No había nadie en medio del cruce, solo las dos miradas. O dejaba de ser la maldita agria de su vida o se perdía la posibilidad de tener la carroza de su vida tirada por los mejores caballos blancos y el cochero mas apuesto del mundo.
El tiempo que se había detenido empezó a volar a la velocidad del huracán. Su cabeza era el rayo de luz que le movía y removía los sentimientos. Tenía que darse prisa. Esa mirada se escapaba como el agua entre los dedos. O tomaba la decisión de su vida o seria el limón mas agrio de la vida.
Ya no tuvo dudas, se dejo llevar por los brazos de él. Se agarro a su cuello y no se soltó nunca más de la dulzura de su mirada.

Tortilla de patatas fritas de bolsa, más claro no lo puedo decir.

En una sartén muy caliente añadimos una cucharada sopera de aceite, y calentamos al máximo, casi humeante.
En un bol, batimos las claras de 4 huevos, casi a punto de nieve, añadimos las yemas y batimos hasta mezclar, metemos una bolsa de 100 gramos de patatas fritas de bolsa de la mejor calidad en el bol, pero sin chafarlas ni espizcarlas, removemos con una cuchara para que se impregnen del batidos de huevos.
Añadimos el contenido del bol a la sartén, movemos ligeramente la sartén, y no esperamos más de 30 segundos, para que casi no se cuaje el huevo, y le damos la vuelta con un plato. Añadimos una nueva cucharada de aceite de oliva a la sartén y calentamos al máximo, introducimos por el lado que no se ha cocinado la tortilla, esperamos otros 30 segundos y sacamos a un plato de presentación.
El porqué de tan poco tiempo se para que el huevo solo se cuaje ligeramente, y las patatas tan crujientes no pierdan su textura y no se ablanden.
Obviamente no hemos hablado de sal, las patatas ya lo son suficientemente.
Y ahora una mención como no podía ser menos a dos personas, una a Ferrán Adrià, autor por extensión de esta receta. Y la otra, quizá más importante para nosotros por llevar muchos más años haciendo esta especial tortilla, a Pili, una buena amiga.