Cosas de mi Cabeza

Hasta el final

Cuando salí de la consulta del médico no podía creerme todavía lo que mis oídos habían escuchado. Como era posible que en una visita de rutina te dijeran con tanta rotundidad un diagnostico así? Y además el doctor con su mirada y el tono de sus palabras me hizo sentir que esa verdad era algo natural. Pero ahora, al cerrar la puerta de su despacho si llegaron a mi cabeza todas las imágenes de mi vida. Todas. De golpe. Empecé a llorar serenamente. Casi me había preparado para esto ahí dentro. No me creó impotencia. Solo amargura y realidad.
Me quedaban unos meses de vida. Las decisiones a tomar se mezclaban a borbotones con las caras de mi familia. La de mi hija llego antes que ninguna, y la decisión de verla feliz hasta el último momento. La de compartir mi realidad con mi marido fue la segunda que llego. Pero ya no pudieron llegar más decisiones pero si las caras de todos. Sus expresiones de miedo, de rabia, de impotencia. De estupor. De angustia.
Salí a la calle y en las miradas de todos los que me cruzaba intentaba descubrir mi verdad. Si veían en mis ojos la cruda realidad de mi vida. Que ironía vida. Muerte. Que palabra nueva y más real había llegado a mi cabeza.
Llegué a casa. Y al abrir la puerta todos estaban esperándome con lágrimas en los ojos. Algo había pasado. Lo sabían. Y empecé contándoles que yo les apoyaría en todo. Sería su bastón. No verían en mi nada de flaqueza. Todo sería casi normal. Casi, porque no dejaría ni un momento de ser feliz a su lado y a hacerlos felices hasta el final.
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