Cosas de mi Cabeza

Somos Nosotras

¿Qué hacéis aquí? Todas juntas y calladas. ¿Estáis solas? Yo acabo de llegar. Vine con él. Me ha dicho que tenía que estar quieta y callada. Y ahora que os veo, creo que él nos ha ido metiendo una a una y nos ha dicho lo mismo.
¿No habláis? No. Contestaron solo algunas y muy bajito. Nos dijo a todas lo mismo. Quietas y sin hacer ruido. Y la verdad. Esto es muy aburrido. No estamos aquí para no hacer nada y menos para estar calladas.
No sabían cuanto tiempo llevaban dentro y además a oscuras. Las tenían intrigadas. Pero sin esperar, algo entró por la tapa. Eran unas líneas rectas que se movían a la vez. Las iban rodeando a todas, y como si fueran un tren, se iban colocando cada una en su sitio. Unas arriba, otras abajo, otras al revés. Qué locura. Cambiaban de color. De forma. Les salían alas. A otras globos. Unas redondas a otras la cara se les volvía negra. Vaya un viajecito más curioso. Ya estaban todas colocadas en sus asientos.
Y de golpe la tapa se levanto entera y lo vieron. Era él. Guapo. Elegantemente vestido con esa camisa blanca de cuello doblado y la chaqueta abierta. Negra y con cola. Se sentó y empezó a rozar las nacarada teclas.
Y ahora sí. Empezamos a cantar y a saltar en una armonía perfecta que hacia llorar a todos los que nos escuchaban.

Ahora ya sabíamos quienes éramos. Y que hacíamos. Éramos los duendes del pianista que nos había puesto en su pentagrama creado. 

homenaje al regalo de una canción
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