Mariposas




Sus ojos solo veían la tierra, el fango, el cieno, el barro. Su cuerpo marcado por las arrugas de la oruga. Verde y fea. Llena de pinchos como dolores de su piel. Desesperada y sin casi vida. Solo con luz gris y negra era su existencia. No tenía futuro, o casi.
Un día encontró el sitio donde acurrucarse. Era el mejor, rodeado de frescura y sencillez. Había fuerza ahí. Y mucha. Se hizo un ovillo de seda. Se dejó hacer. La naturaleza obraría su poder y la ayuda llegaría.
Así fue. Del capullo de seda en el que se transformó la oruga, nació la más linda mariposa, llena de vida y color, de luz y esperanza. Ahora empezaba su nueva vida. A empezar de cero, tenía toda la fuerza que la naturaleza le entregó mientras sufría ese radical cambio.
Ahora tenía que aprovechar su lucha y esfuerzo. Y ver la vida hacia arriba, nunca más el suelo gris y feo. Ahora el sol y la luz los tenía de su parte.
Ahora eres Mariposa has vuelto a nacer. Eres distinta algo en ti ha cambiado. Distinta por dentro y por fuera. Has aprendido y sufrido mucho.
Ahora eres más fuerte. Ahora tienes que aprender a volar

A todas las personas que se van a curar del cáncer 

Vodka con Naranja



Ahora es fácil acercarse a la barra de un bar o en la terraza de moda y pedir un gintonic de premium con tónica perfumada. O un vodka tónica con frutos del bosque o un Dry Martini. O un mojito de ron negro.

Pero hace 40 años tuve la suerte de experimentar la mejor bebida alcohólica del mundo. El final de esta historia hay que remontarla en un mes anterior. Cuando Pepete me dice casi en secreto que había conseguidos dos entradas para la discoteca de moda. Bueno la única discoteca que había. Esos treinta días fueron el rosario mejor rezado del mundo. Cada misterio era la ropa, el peinado, la colonia. Juntar dinero, ni exámenes ni clases ni nada. Solo había discoteca. Presumir delante de las chicas que teníamos entradas y claro poner la oreja para enterarnos cuales irían.
Sería la primera vez que pasaría a una. No tenía ni idea de cómo eran, pero nadie se daría cuenta. Presumir que la conocía de sobra. Que había estado en muchas. Que tontos somos a esa edad. Pero esa ingenuidad y atrevimiento nos lleva a la experiencia y madurez.
Llegó el día. Por fin. Dos horas de cuarto de baño, y luego decimos que no entendemos a las mujeres, somos peores, pelo, ropa, colonia hasta en sitios insospechados, pero que escuece, por si acaso. Todo perfecto, claro desde nuestro punto de vista de la belleza juvenil.
A la calle, nos juntamos en la esquina de casa y nos dirigimos con mas entusiasmo que miedo, que por mi cuerdo era las sangre convertida en pánico la que recorría.
En la puerta Antonio, más serio que el guardia civil de mi pueblo, nos miró tres veces de arriba abajo, y eso que nos habíamos puesto el famoso abrigo estilo napoleón, hasta los tobillos, aparentando 5 años más, eso creíamos. Por fin nos corto la entrada y escaleras abajo.
Por favor, si eso era una discoteca, como serian las catacumbas, en ellas habría por los menos velas, en esta ni eso, tardamos más de 10 minutos a que nuestros ojos se acostumbraran a la no luz, por fin pudimos andar un poco a reconocer ese deseado castillo lleno de lugares escondidos, donde se ubicaban las famosas chicas que decía que bailaban.
Encontramos fácilmente un sitio nada más entrar a la derecha, un rincón perfecto con una mesa y asiento para dos personas. Me dijo que él iba a la barra a pedir dos consumiciones que iban incluidas en la entrada, me preguntó que quería. Nunca me las había visto mas difíciles, yo una copa y de alcohol?, pero si en mi vida había tomado una copa, ni de alcohol, en todo caso, un vasito de sangría en las fiestas del pueblo y nada más. Le dije que lo mismo que el tomara, que él si decía que había tomado.
Me quede sentado y esperando. Mientras me dediqué a intentar ver algo de cómo era esa famosa discoteca, pero lo único que me alcanzada a ver era una bola de cristalitos pequeños girando sin parar y lanzado destellos de rayos desde ella, y que de vez en cuando te daba en los ojos sin esperarlo, y encima de la escasísima luz te deslumbraba por completo los ojos, total ciego por el destello y ciego por qué no se veía nada, pues vaya discoteca, y para mas diversión empezaba a llenarse hasta cubrir por completo la poca visión que tenía hacia adelante, donde al fondo estaba la pista, o eso creía yo, porque verla, verla nada de nada.
Al rato largo apareció con dos vasos altos como palos de escoba, sin un color determinado, la luz no permitía ver nada más. Y me dijo así, cargado de razón, le he dicho al camarero que es amiguete que los cargara bien, que nos hacía falta. Pues vaya si los cargó, al probar aquel liquido casi me da el mareo de mi vida, lo único que entendí era un ligero olor a naranja y burbujas, pero sabia a aguarrás.
Me dijo que se llamaba un destornillador y ahora sí que me dejo helado, y a esto había venido a una discoteca?, a probar algo tan rico como un destornillador?, y que sabia a rayos? Mal empezaba la historia. Nos sentamos y empezamos a beber, uf, que momento de mi vida, había que ser hombre, pero si las ganas que yo tenía de ser hombre así,. La conversación varió a la música, el si entendía de música, y me iba contando los grupos que el disyóquey ponía. El local estaba tan abarrotado que las dos veces que intente ponerme de pie para ver qué pasaba era un imposible, ni me dejaba ver, ni mover, mi historia de vida discotequera, se iba a reducir a ver espaldas de tíos, y a tomar algo que ni me gustaba, y a salir con la cabeza como un bombo de semana santa el día de resurrección.
Y de mujeres para que hablar, ni una falda vi, aunque haberlas debía haberlas, sino no tenía sentido tanto hombre.
No sé el tiempo que pasó, pero mucho, y de golpe, la música cambio, a una especie de marcha alegre, las luces se encendieron de golpe, pero las blancas., las de ver de verdad, era la señal que se acaba todo, y me dijo que a recoger los abrigos que nos íbamos. Eso sí que no, ahora no me iba, ahora me quedaba hasta el final, quería ver con mis ojos todo, todo; a las mujeres, a las chicas que habían de verdad, a verles los ojos, y que me vieran a mí, era la prueba de que yo si había estado, de ver la pista de baile, de ver las caras de los tíos coloradas como narices de payaso. Y de ver por fin el color de aquel famoso en mi vida Vodka con naranja, el primero de mi vida, y que luego sí que marco jornadas históricas de aquella discoteca.

Mi tesoro

Ambicionamos riquezas, oros, diamantes, grandes joyas, los mejores tesoros. Esas son las cosas que muchos persiguen.

Las historia de piratas y bucaneros necesitan poco para hacerlas propias. Somos Pata de palo. Barbanegra. El capitán garfio. O cualquiera de los grandes piratas de nuestro siglo que ambicionan riquezas sin parar. Vemos al señor en su súper coche de lujo y se nos van los ojos detrás. A la señora que pesan más sus joyas que su cuerpo. Al magnate que llena de barcos sus puertos.
Qué tesoros buscamos todos!!. O no?
Quizá el que yo busque todos los días se llama tiempo. Ese que lo tengo en la mano pero que se escapa siempre cuando más lo necesito. 

Lomos de pescado en salsa de limón al cava

Dos lomos de pescado blanco, un vaso de fume de pescado, el zumo de un limón, dos cucharadas de miel de romero, una cucharada de harina, sal, pimienta, aceite de oliva extra virgen. Como acompañamiento, unas pasas sultanas hidratadas en vino blanco, una colas de gamba roja en tempura de tinta de sepia, una piel de limón.
En una sartén sellamos por ambos lados los trozos de pescado una vez salpimentados, en una cucharada de aceite de oliva virgen extra, reservamos.
En ese aceite con los jugos que ha dejado el pescados añadimos una cucharada de harina que cocinamos bien, añadiendo el vaso de cava, el zumo del limón, y el vaso de fume a poquitos para encontrar la textura deseada, cocinamos y rectificamos de sal en su caso, añadiendo la final las pasas sultanas, todo esto no se tarda más de 6 minutos.
En una bandeja de cristal de horno colocamos los trozos de pescado y añadimos toda la salsa, metemos en el horno a 190º 5 minutos. Y presentamos en un plato blanco, acompañando de las gambas fritas en tempura negra, ramita de perejil y una flor de limón con su piel.

Receta tempura negra: en dos cucharada de harina, añadimos medio vaso de cerveza, y la tinta de calamar de dos bolsas, batimos bien. Añadimos las colas de gamba roja salpimentadas, y en aceite de oliva extra virgen muy caliente las cocinamos un par de minutos, reservamos en un plato con papel absorbente.

Crucero



Estuvo ahorrando años. No sabía cuántos, perdió la cuenta cuando llevaba 10. Pero ahora ya había llegado el momento, embarcará en unos días. Había pagado religiosamente la cantidad que le exigieron. Y que cada año aumentaba más. Casi tanto como ella guardaba. Pero al fin llegaba. Ahora podría ver el mar de cerca, su ilusión de siempre. De ver esa tierra soñada y contada, por tantos en tantos años.

La travesía seria larga, no esperaba lujos, tampoco le contaron con claridad cómo sería. Solo soñaba con subir y llegar. Parecería extraño a cualquiera que estuviera en sus condiciones. Años de ahorrar, crucero a la vista, y tierra deseada de destino. Pero no era así.
El transatlántico era una patera, el camarote una tabla, y la piscina todo un océano donde poder morir. Pero era toda la “ilusión” necesidad poder dar de comer a los suyos. Llegar a esas vacaciones y quitarse el hambre.
Por fin llegó el día. La acomodaron en su preciado camarote, con vistas al mar y toda la brisa posible. Un lujo, comprobó. Otros no tenían esa suerte.
A los tres días de navegación el transatlántico Costa Concordia ni los vió. Solo su oleaje a su paso fue suficiente. Estaban a menos de dos millas de su destino deseado, la isla de Giglio.

La ola terminó por volcar su ajada patera. Nadie fué a recibirla, nadie supo de sus ilusiones, nadie fué a su entierro. No tuvo vacaciones. 

Diviertete



Estas más pendiente de la gente que divertirte.

Quizá sea porque, para que tú te diviertas, tiene que existir personas que creen tu diversión. Para que tu bailes, cantes, saltes o cualquier otra cosa, tiene que existir gente que cree la música, el cante o el baile para que te diviertas.
Solo así podrás decir que tú te diviertes porque yo estoy pendiente de saber lo que quiere y le gusta a la gente. No todos bailan pero si algunos componen música, escriben los libros o cuentan chistes para que tu bailes, te rías, o leas y aprendas.
Mira y piensa mejor que todos somos importantes. Todos tenemos una cosa que hacer. Yo creo y tu lo ves. Quizá no seas capaz de hacerlo al revés pero nunca te juzgaré por ello. Yo creo obras de arte. Una ópera para que tú la escuches y disfrutes. La mejor canción de baile para que tu cuerpo se rompa. Y sabiendo que a mí ni me gusta escuchar opera, ni bailar soy capaz de sentarme a tu lado a ver como disfrutas, tu y los demás de mi obra. De bailar contigo algo que yo he escrito sin tener ni sentido del ritmo.

Sigo viendo a los demás como algo que necesito para poder seguir siendo quien soy. Alguien que hace cosas para sentirse bien haciéndolas. Solo eso. Me divierto haciendo lo que hago.

Fin





Sí estás leyendo estas sílabas te darás cuenta al final, de lo que va a pasar.
Me he divertido mucho juntándolas. Ha sido una gran experiencia para mí. Y espero que a ti te habrá pasado lo mismo. Siempre he pensado como poder escribir algo que tú te sintieras protagonista total de la historia y espero haberlo conseguido.
A partir de ahora lo que siga saliendo de mi cabeza intentaré publicarlo de otra forma y en otro medio.
Quiero agradecerte las horas y tu tiempo que has dedicado a leerlas. Algo que me ha llenado de ánimo diario a seguir pensando en cómo crear una nueva historia. Has sido fuente de mi inspiración todos los días.
Esta es la última historia de este blog. Ya no tendrá más.

Gracias de todo corazón

Migrar


El frío intenso llegó de golpe. Aquella mañana al clarear el día se dió cuenta que ese era el momento.  Lo habían comentado entre todas. Y todas sabían lo que pasaría. Menos élla. Sería su primer viaje. Tenía ilusión a la vez que miedo a lo desconocido. Sabía que sería muy largo. Pero tampoco se hacía la idea de lo que significaba largo. No tenía una forma de relacionar esa palabra. Ni mucho tiempo. Ni otras tantas que por primera vez oía o experimentaba. Pero si sabía que tenía que prepararse para cosas que nunca había visto. Y que merecía la pena vivirlas. Todas hablaban maravillas de ese viaje. Y algunas las más, ya llevaban muchos. Y de los sitios a los que iban. Tan bonitos y magníficos de ver.

El tiempo que llevaba en este mundo se había entrenando para hacerlo. Todos los días habían sido su educación, su comida, su ropaje se había acomodado para iniciar hoy este deseado viaje. La llamó su madre y le avisó para que estuviera lista en media hora. Su madre! , que amor y delicadeza, que pasión tiene una madre. Eso si lo comprendía de sobra. Desde que nació no había parado de transmitirle todo su amor y experiencia, y aunque no llegara a entender muy bienvenida todo, si que sentía que era lo mejor para ella.

Que nervios. Solo un ratito y a despegar. Ya tenía ganas de iniciar ese vuelo tan largo. Del que tanto se preparó. Y que tan duras habían sido las pruebas a las que se sometió. Por fin emigraron a esas tierras desconocidas para ella, y que tanto le comentaron. Ya añoraba con llegar a Doñana. 

Nube

No necesitas llave para entrar en esta casa. Solo soplas un poco y la puerta se abre. Al entrar ya te das cuenta que no es normal esta casa.
Las ventanas no son cuadradas. Son bellos agujeros desiguales por los que pasa solo la luz y la brisa. Las paredes no les hace falta pintura, ni están siempre en el mismo sitio. Cambian de forma y de sitio según su capricho. También si tú necesitas más sitio.
Y el techo es lo mejor. Una veces hay y otras desaparece. Y siempre según la luna. Si sale a verte, el techo desaparece. Y si el sol te da mucha luz, se vuelve ligero como un toldo para que no te quemes.
Los muebles son lo mejor. No hay. No hacen falta. Toda la casa es un mueble según lo necesitas, una cama? De la pared sale, una mesa,? Sube el suelo con sus sillones. Como no voy a querer estar siempre aquí?
Ah!!, una cosa. No hemos hablado de sus colores. Cambian sin parar según tu estado de ánimo. Si estás enfadado y tenso toda la casa se vuelve gris y negra. Y eso te sienta tan mal que enseguida te hacer cambiar. Y entonces cambia a blancos y azules. Haciendo juego con el cielo. Vaya con mi casa.
No cambio mi nube por nada. Aquí podemos estar todos, se hace tan grande como amigos lleguen. Venid siempre. Y sin avisar.

Ella está deseando conoceros

La vaquilla

Cómo todas las mañanas de feria recorría temprano los lugares por donde unas pocas horas antes habían estado abarrotadas de gente.
Redondeles. La cuerda, el paseo, los jardinillos. La plaza de toros. Que a esas horas estaban ya las vaquillas. El único acontecimiento multitudinario de esas horas.
Saliendo por la puerta nueva de los jardinillos que daban a la puerta grande de la plaza observé que estaba abierta. Y que unos cuantos amigos están hablando en ella. Me acerco a saludarlos. Pero antes de llegar un revuelo, unos gritos y de frente a mí, la vaquilla. Se había escapado. Y salía de la plaza más asustada que los que estábamos viéndola.
Para mi sorpresa, no me esperaba esa reacción mía por mucho que siempre me han gustado los toros, salí detrás de élla. Mas por saber si hacia algo malo. Que por el placer de estar cerca.
Callejeando llegó a Villacerrada. Subió a la plaza por la rampa de Don Gil. Allí si que no tenía mucha escapatoria. Buena explanada, soportales, y poco o ningún sitio por donde huir. Nosotros, a la carrera, detrás y con miedo de que ocurriera alguna desgracia.

Pues a torearla y hacer quites. Hasta que llegó la policía y se acabó mi gran faena taurina.