• Cabeza de mis Cosas

    Necesito Tiempo

    Necesito encontrar tiempo para desnudarme despacio
    Necesito tiempo para mirar escaparates de ropa de hombres.
    Necesito tiempo para contar las mujeres que me miran.
    Necesito tiempo para saber si los perfumes que huelo me gustan. Y decírselo a ellos.
    Necesito tiempo para saber si mi tanga debe ser más pequeño.
    Necesito tiempo para tomar el sol desnuda
    Necesito tiempo para comer una fresa en el ombligo de él.
    Necesito tiempo para bailar en su oreja la canción de su niñez.
    Necesito tiempo para que nunca me baje de sus brazos.
    Necesito tiempo para que me cuentes tu vida.
    Necesito tiempo para bebernos la copa de vino más grande.
    Necesito tiempo para que tus besos duren siglos.
    Para escuchar tus risas.
    Para oír tus lágrimas cuando resbalan por tus mejillas.
    Lo necesito para que oigas como te quiero.
    Para tener que contarte mis sueños.
    Para decirte cada segundo de tu vida que te amo.
    Que te quiero.
    Que te deseo.
    Necesito tiempo para morir con él.

    Necesito tiempo. Y mucho. Dármelo 
  • Cabeza de mis Cosas

    Primero y Ünico

    EL ser primero en la vida solo significa una cosa. Que hay en esa competición otro que queda segundo. Y nada más. Y el ser segundo significa que hay una competición y que no eres el mejor. De hecho son de los únicos de quienes siempre se habla.
    Cuando en la vida competitiva se habla de un tercero es en casos muy contados. Casi nadie se acuerda del tercero, solo se habla del primero.

    En esa competición si solo hay un primero y la palabra segundo no existe. Significa que eres único. Y la grandeza de poder mejorar no será posible. Todo lo que hagas será nuevo. Y no compararás con nada. Nada ni nadie podrá ayudar a ser mejor. Tenlo en cuenta siempre. 

    El ser primero significa mejorar. El ser único significa diferencia. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Déjame Darte Placer

    Después de su última relación paso una temporada lamiéndose las heridas abiertas. También era verdad que por su experiencia de vida tenía ya mucho callo en su corazón. Unos meses de paz interior y recuperar su estado. Solía demostrar en muy pocas ocasiones sus sentimientos reales. Los guardaba en su intimidad. Quizá era su coraza en la vida. Vivir sus penas en su intimidad. Y dar la imagen de persona dura y segura. Eso siempre le venía bien.
    Llegó su momento de nuevo de abrir su corazón al mundo. Y lo hizo por la parte que aún no había experimentado. La posibilidad de utilizar páginas de contactos era algo novedoso en ese momento. Y lo hizo. Busco las mejores y más serias. Algo donde de verdad se encontrar parejas afines. Donde el esfuerzo por buscar lo tuviera reducido en el tiempo.
    La verdad que sentía curiosidad si esto de verdad funcionaba. Nada perdía con probar. Los perfiles que enseguida empezaron a llegar eran casi todos hechos a su medida. Y si eso era así esperaba que su perfil fuera lo mismo para las personas que lo recibieran. Había que empezar por dejar que su gran intuición en las personas obrara el milagro de acertar rápidamente.
    Solo un golpe de vista a los ojos de las opositoras le llevó a decidir enseguida. Una chica morena. De ojos verdes, con gustos y aficiones muy parecidas. Un chat para comprobar que realmente existía Isabel. Una contestación rápida y empezó algo por lo que había empezado por curiosidad y estaba tomando camino de ser una amistad.
    Abogada, liberal, nunca se había casado, quizá por falta de tiempo o por exceso de pasión por su trabajo. Y que ahora a sus casi 40 años se veía sin ganas de buscar en la calle algo que podía probar en Internet. Y así tras chat y chat. Un par de Skype y ver esos ojos verdes que confirmaban su certeza en su intuición, aceptó la invitación de ir a su casa de Ibiza donde ella iba a pasar sus vacaciones.
    Todo era como si se conocieran de siempre. Fluía la conversación, era una belleza Isabel, ahora más todavía que la tenia sentada enfrente y sentía la complicidad en su piel. Algo había que desconcertaba, como una mujer como aquella no había tenido una relación? Cualquier joven y no tan joven que pasara por su lado no podía dejar de mirarla, atraía a los hombres con su magnetismo. Y alguna mirada de alguna chica también descubrió.
    La cena una delicia para ser la primera. Una perfecta mujer. Insinuante pero precisa. Cogidos por el brazo anduvieron los 400 metros que separaban de aquella preciosa casa junto al mar. Un beso de despedida y cada uno a su habitación.  Le empezaba a gustar Isabel. Pero sabía que en algún momento tendría que contárselo.
    Dos días más disfrutando de aquella playa maravillosa. Isabel tenía un pequeño velero de 6 metros. Otra sorpresa para ambos. Era algo común. Amantes del mar. Y los dos con título de patrón de barco. Navegaron a una cala apartada. Y disfrutaron de la jornada más maravillosa que habían pasado en su vida. Isabel nunca había estado con un hombre a solas en esa situación.
    Cocinar a medias. Era un placer mutuo. Unas copas de vino blanco frio animaban la sobremesa. Los baños en esas aguas turquesas eran una delicia. Ella se fijó en la espectacular cicatriz que dibujaba su pecho una costura importante, pero no percibió más que la curiosidad del tamaño y no del porqué.
    Los juegos y los abrazos no dejaban de sucederse. El la besó en el cuello y ella le devolvió el beso en la boca. Se sentía cohibido de golpe. Pero ella ya notaba que algo pasaba. Algo había en él que dejaba un misterio por descubrir. Y quiso hablarlo esa misma tarde sentados en la cubierta del velero. A la caída de la tarde, y después de una buena ducha de agua fresca y dulce y con una copa de cava en la mano lo miró a los ojos y se atrevió a decirle que algo notaba en su actitud pero que ella no quería aparentar ser una lanzada. Y que tuviera la tranquilidad que estaba muy a gusto. Y que nada iba a cambiar si él lo veía así.
    Esa conversación es la que en algún momento ya debería tener y contar su verdadero problema, si es que lo era. Con un toque en su copa de cava empezó diciendo que hacía un año había sufrido una importante operación y que en su cuerpo estaban las marcas y que algo no había funcionado todo lo bien que debía y que su actividad sexual cambió radicalmente.
    Entendió de sobra lo que pasaba. Sin importar más que lo suficiente no dudó en sujetar su mano y atraerlo hacía ella. Un beso de pasión reprimida durante esos días su unió al de él. Y encima de la mesa olvidaron hasta quienes eran. Sentía que a pesar de cualquier cosa era un excelente amante, delicado, cariñoso y muy apasionado. Y ella estaba deseando ser la reina en ese momento y se dejó hacer. La cubrió de besos por todo el cuerpo. El quería satisfacerla y ella se daba cuenta como utilizaba con maestría su lengua haciendo que su sexo creciera a tamaños que ni con su mano había conocido. Orgasmo tras orgasmo disfrutaba con ese perfecto amante.

    Por su cabeza cruzó la imagen de un hombre enamorado pero con una gran necesidad. Y se lo dijo. Pero la forma de sentirse abrazada y amada y el comentario de: tendrás toda tu vida para darme placer, ahora déjame sentir que te necesito,  le confirmó que nunca dejaría escapar a su amor.  
  • Cabeza de mis Cosas

    Nuevas Emociones

    La vuelta de las vacaciones siempre era dura. Nunca tenía la sensación de haber descansado suficiente. Y esa ansiedad le producía tristeza. Pero no había más remedio que volver a la normalidad. Todos los años igual. Pero este si tenía algo de especial. Su marido se quedaba una semana más. No las pudieron tomar a la vez. La primera semana estuvo sola, bueno sola no. Sin él. Porque un padre muy mayor y tres hijos, no se puede decir eso de sola. Y la pequeña de meses. En el coche acomodó a su padre en el asiento delantero. Bien sujeto con los cinturones. Y a su pequeña en su silla homologada y los arneses en su sitio.
    La despedida fue triste. Los más beneficiados sus dos hijos mayores. Ellos tendrían 5 semanas de vacaciones. Su padre cuidaría de ellos tan bien como ella. Era el mejor padre y aún mejor marido. Pero el trabajo no entendía de familias desunidas. Así que carretera y vuelta a la civilización. Y ellos a descansar y tomar fuerzas una semana más.
    Tomó la segunda salida a la autovía, era la mejor en esos días. Menos tráfico. Pasaba por debajo del puente que la cruzaba y que era el camino que tomaban a la playa cuando iban andando. Se acercaba ya al puente e instintivamente cerró los ojos. Solo una décima de segundo para ver la figura de dos niños soltando algo que parecía una piedra.
    El impacto brutal destrozo el cristal delantero entrando aquella barbaridad y destrozando su cabeza. Ya no sintió nada más.
    En un sueño muy lejano solo entendía que estaba muerta y que por su falta de reflejos también estarían muertos su niña del alma y su padre.
    Lo normal es que ese sentimiento fuera muy negativo. Tristeza, pena, rabia, impotencia, odio, todos esos dolores del alma que son los sentimientos. Las emociones. Solo una cosa no entendía. Había una variable que no debería estar en ese momento. Y era la del tiempo. Si estaba muerta no debería tener la sensación que pasaban las horas. Eso le hizo reflexionar que su percepción de muerte y la vida estaban equivocadas. Estaba viva. Viva. Todo cambió a partir de ese momento. Su gran fuerza mental. Su positividad ante la vida siempre ahora la llevaría a extremos nunca pensados por élla. Haría todo y más. Por sacar todo lo bueno de aquella desgracia según los puntos de vista. Su naturaleza fuerte le confirmó que su estado era de coma, por lo que entendía que debía salir de ahí, pronto y como fuera. A luchar.
    Despertó al cuarto día. Y sus únicas preguntas fueron por la vida de su hija y su padre. Estaban vivos y sanos. La única víctima ella. Ese concepto de única víctima no lo asumió. Víctima también era el chaval que arrojó la piedra. Ya estaba culpabilizado por el mundo. La justicia, la sociedad. Y hasta su propia familia.
    Las heridas eran tremendas. Costillas, columna, la cara desfigurada, lesiones cerebrales, parálisis en piernas. Vamos una verdadera obra de arte.
    Pues se resistió a pensar en el odio. En culpar a todo y a todos de su desgracia. Buscó en su interior todo lo bueno que podía sacar. Más tiempo con sus hijos. Más tiempo con su amado. Mimar a su padre hasta cuando ya no estuviera. Y mira que unos de los sentimientos fugaces que tuvo en aquel coma es ¿porqué ella y no su padre?. Por ley de vida debería ser. Ahora todo eran buenas cosas. Su precioso trabajo lo podía seguir desarrollando. Solo necesitaba su cabeza. Una directora de la editorial más importante de su país no necesitaba más. Ni mujer ni hombre. Ella podía. Solo unos ligeros cambios en su día a día. Le pusieron una silla de ruedas motorizada. Y ya estaba todo arreglado.
    El día del juicio se acercaba, tenía ganas de volver a ver a los dos chavales. Se acercaron a su habitación el día siguiente de su salida del coma. No pudo conversar con ellos. Pero ese detalle aun influyó más en ella.
    Cuando el juez le pidió que dijera en la sala de vista que es lo que había pasado. Ella solo pudo decir que nunca hubiera culpado a los chavales por su acto. Si ellos supieran de verdad esas consecuencias confiaba que no lo hubieran hecho. Solo quería como castigo que durante el tiempo que el juez considerará, la ayudarán a ella en su trabajo diario. Que fueran sus pies y manos. Que le ayudarán a leer tantos libros como le llegaban. Que vivieran todo lo positivo de la vida dejando atrás los odios y venganzas.

    Las emociones de su alma solo eran esas. 
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    Belleza

    Hemos visto anuncios de belleza con personas gruesas. Hemos visto publicidad provocadora con imágenes de enfermedades crueles. Hemos oído y visto ofensas directas a la religión, sea cual sea, y por su naturaleza de sexo también. Llevamos años intentando la integración de toda la humanidad en la misma humanidad. Igualdad para todo y para todos.
    Y ayer caí en una cuestión de clases. No hay feos en la televisión. Ningún presentador, ninguna presentadora. No hay nada que nos irrite la mirada. No hay feas en las facultades? No hay feos en la universidad? Están vetados en la imagen?  O es que la crueldad de las leyes de la imagen, los cánones no consienten que una periodista fea, pero fea por definición, no como insulto, pueda presentar cualquiera de las innumerables tertulias que pueblan las diferentes cadenas de televisión? O cualquiera de los diversos informativos sean de la opinión que sean sus editoriales?
    Hacemos grandes concursos de belleza y nunca sabemos quienes quedan últimos. Porque no los hay. Todos son los ganadores o como mínimo segundos. No existen las terceras. No juzgo, lo doy por hecho, que todas, todos son y tienen las mejores aptitudes para sus puestos.

    Pero está claro que en algunas carreras abstenerse los que no cumplan con la ley de la belleza.   
  • Cabeza de mis Cosas

    Baño turco



    -Aun me queda cerrar el contrato de programación del trimestre de contenidos. No creo que se retrase más de dos días. En cuanto lo firme tomo el primer vuelo y reiniciamos las vacaciones.
    Al colgar el móvil no sabía si lo que acaba de escuchar de mi mujer era algo que se lo había dicho a mi contestador o era realmente lo que yo había escuchado.
    Su pasión por el trabajo rayaba en lo neurótico. Cinco años de matrimonio y aun no había conseguido tener una semana completa de vacaciones.
    Me quedé frio y perplejo. Solo, en un hotel a 5000 kilómetros de élla. Y en nuestras vacaciones. La vida sigue. Y yo la seguiría a mis anchas, solo y hacer lo que me apeteciera. Llamé a recepción para que me informarán donde podía tomar unos buenos baños tan especiales en esta ciudad. Me los reservaron para dentro de una hora.
    Estaban muy cerca. A menos de 15 minutos. Al llegar descubrí esos baños descritos tantas veces en las mejores literaturas y películas. Cargados de toda simbología ancestral. Y además mixtos. Concesión a la modernidad. Tumbado en aquel recinto cargado de calor y altísima humedad. Vaciando sobre mi cantidades de agua fría que mus poros agradecía con más sudor. Mi mente llegó a relajarse por completo. Tanto que dormité en algún momento.
    Levanté la cabeza y descubrí unos ojos grises en una cara perlada por el sudor que clamaban ayuda. Comenté en inglés, que no debía utilizar más el agua caliente sobre élla. Que utilizara la fría. Si no quería ahogarse en el calor o perder el conocimiento. Nos reímos mucho por su gran equivocación. Me dijo que se llamaba Helen, inglesa.  Y que me recompensaba con una exfoliación por mi espalda con aquel guante de crines. Agradecí el detalle. Nuestras miradas eran insinuantes pero nada más que eso. Un beso en su mejilla y un rubor en mi cara.
    Terminamos y nos cambiamos, despidiéndonos a la entrada de los vestuarios.
    Salía cuando desde un coche aparcado en la puerta, baja la ventanilla trasera y esos ojos grises me dicen que si quería que su chófer me acercara al hotel. Por mi cabeza pasaron las imágenes de su mano paseando por mi cuerpo, pero le dije que no hacía falta. Mi hotel estaba muy cerca, el Four Seasons, la risa saltó en la cara de Helen. También era el suyo.
    Por supuesto que accedí al trayecto. Recogimos nuestras llaves. Y en el ascensor no pudimos resistir nuestras ganas. El beso que no me dió en los baños ahora recorrió todo mi cuello. Y aquella mejilla dió paso a su boca. Nuestras lenguas se unieron en frenético juego hasta que el ascensor paró en su planta. La puerta se abrió pero no dió el paso para salir, de nuevo aquellos ojos grises bajaron su mirada hasta lo más alto de mis piernas y mi mano pulso los botones de 3 plantas más arriba.
    Media hora después estábamos descubriendo todos los botones de nuestros cuerpos. Cada vez más duros y excitados. Una y otra vez nos fundimos en lo más hondo de nuestros cuerpos. Una y otra vez con más pasión.  Casi al amanecer el sueño nos venció y en los brazos de élla me quedé dormido.
    El sonido de un móvil me despertó. Miré y eran 3 llamadas de Carmen, mi esposa. Salté de la cama, escuché el último mensaje y me quedé helado. Llegaba en una hora al aeropuerto. Fui al cuarto de baño y comprobé que Helen se había marchado.
    En el espejo había una frase escrita con carmín. Olvida lo que ha pasado, eres feliz con tu pareja. No lo estropees.

    Me duché y salí en un taxi al aeropuerto. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Realiza tu sueño



    Solo si realmente te estudias cada acto que intentas realizar en tu vida, te darás cuenta del gran valor que tiene esa decisión. Un si o un no, puede cambiar toda tu existencia, tu realidad.

    Cuando tomas una decisión, si observas con detenimiento, te darás cuenta que el universo está de tu parte, ni más ni menos. Tu seguridad en élla dará paso a una nueva realidad. No afrontas un sueño para realizarlo, sino estás seguro de que sea interesante para ti.

    Piensa lo que hablas y siente lo que piensas. Te dará la oportunidad de decir lo que realmente quieres decir. A veces el corazón y otras tu cabeza. Pero el que te escucha entenderá lo que realmente tú sientes 
  • Cabeza de mis Cosas

    Errores



    Conforme vamos creciendo descubrimos que hemos llegado a defender nuestras propias mentiras cómo verdades, por las que tú mismo te has engañado.

    Viviste de mayor con cosas de niños. Tonterías que hiciste cruzadas de tu vida.  Y sufriste por defenderlas cuando la guerra ya no era la tuya. Te hacías mayor con vidas de niño. Y te asustaba serlo. Los compromisos te los dejabas atrás. Sin ver que tu presente ya no era tu pasado.
    Tu camino era nuevo cada día. Y los pasos no volvían, todos eran nuevos y la duda de ponerlos te hacían dudar. Pero si dudabas de todo!! Así es la vida. Compromiso con ella. Siente empatía contigo. Y asume tus errores.
    Los decisos son valientes. No se culpan por sus errores. Los asumen dentro de su batalla diaria. No se duermen en su niñez. Velan el día siguiente como un nuevo reto. Dejan atrás sus errores. Y no consienten que ellos marquen el nuevo día. No consienten que se repitan. Aprenden de ellos. Y avanzan por su camino pensando que sus pasos sean cada vez más firmes y que el error de hoy es una victoria de mañana. 
    La duda de ayer no es otra cosa que un camino que hoy no anduviste. Solo eso.  La costumbre del día a día no deja arriesgar a lo nuevo y nos estanca en una vida que no avanza.

    A veces hay que arriesgar en ver lo nuevo por si puede llegar a gustarnos. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Amanecer



    En tu mirada esta el albor del día y en tus ojos la luz del amanecer.

    Nada espero más que verlo junto a ti cogido de tu mano.
    Ver como desaparece la penumbra de la noche para que aparezca toda la luz de tus ojos y que ilumine el día.
    Encontrarlo es la única esperanza que sostiene nuestro amor.
    Hay una cosa comparable con lo que te acabo de decir.
    Pero esa tenemos que encontrarla.
    Ser el Ícaro que vuela directo al naranja del sol y no dejar ese color solo hasta que cambie a negro.
    Esa puesta de largo de la noche vistiéndose tan despacio cómo merece su belleza, adornados de todos los tonos de amarillos y azules.
    Del rosa al aguamarina.
    Dejando su calor en nuestras caras lentamente hasta hacernos sentir el verdadero calor de nuestro amor.

    Un Ícaro que se acerque tanto como desee y que nunca queme sus alas. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Llega el final



    Después de una vida tremendamente agitada. Y como dirían algunos, bien vivida. Tomó la decisión más difícil y dura de su vida. Terminarla con la persona que aún sin amarla, sabía que cuidaría de él hasta el final de sus días. Que al mirarse al espejo notaba cada batalla ganada y perdida en sus cicatrices. Hasta alguna guerra ganó también. Pero muchas arrugas marcaban su vida. Había vivido.

    Era algo más que un chaval y ya con sus manos empezaba a ganarse la vida. Listo cómo él solo. Fue aprendiendo a fuerza de equivocaciones. Nunca tuvo al padrino, al mayor, al amigo de siempre donde mirarse o donde recibir un consejo. Se hizo a sí mismo. Su osadía por la vida nunca tuvo límites. Las cruzaba todas. Y las bofetadas gordas. Pero cada vez menos, hasta llegó el momento que no le daban, es más, el era quien empezaba a liderar actitudes. Porque apto lo era para todo. Para lo bueno y lo malo. Para las fiestas y más para el trabajo.
    Lobo solitario casi siempre. Reservado hasta en lo más sencillo. Nunca revelaba más de lo que quería. Y eso marcaba su vida.
    Los años pasaron. Y los días marcaron. La juventud desapareció. Y el trabajo se acabó. Los días de gloria se olvidaron y las conquistas conquistadas, las conquistaron otros. Los amores de verdad desaparecieron y la cruda realidad golpeó en su cabeza.
    Tonto no era. Lo sabía de siempre. Y el guerrero se convirtió en paciente servidor y asumió que su final era compartir y ceder que aún sin amor viviría con cariño.
    Poco o nada le quedaba de su larga trayectoria. Su cabeza llena y el alma vacía. Ahora cambiaba horas y meses de su cabeza por un gramo de ternura en su alma.

    Buscó y encontró el cariño y el mal juicio lo volvió en un buen acuerdo. Vivirían tranquilos. Verían llegar el fin en paz 
  • Cabeza de mis Cosas

    Silla



    Un día apareció. Así, sin más. Ni siquiera era su sitio. No era de ese lugar. Distorsionaba el momento y el lugar. Pero no le hice más caso. Como todo en la vida siempre hay algo que no cuadra pero da igual. Es y está. Sin más.

    Cada día que volvía aquel lugar, la veía. Ahí, en su sitio, inmóvil. Solitaria. Sin nada ni nadie que la acompañará. Algunas veces no estaba donde el día anterior. Se cambiaba de sitio como buscando nuevos emplazamientos donde disfrutar de lo que ella tenía en todo momento. La visión más bonita, cambiante y siempre distinta de las olas del mar. Los colores de un día lleno de riquezas de sensaciones. Todo podía ocurrir en cada día. Sol abrasador que curtía su madera. Tormenta furiosa que rebajaba cada capa de su barniz. Mar de aceite que acaricia su cuerpo. O las olas endurecidas que la despiertan de su letargo. Pasaba de la noche al día esperando mi visita cotidiana.
    Con mi ansia diaria de ver como estaría, las sorpresas de sus cambios siempre me provocaban la necesidad de saber más de ella. Qué, cómo, porqué. Nunca tuve la respuesta.
    Un día desapareció. Sin despedirse. Sin darme una explicación a todas mis preguntas. Yo la tenía por un ser vivo que me transmitía todo. Pero dejó de estar. Sin más.

    Pasaron meses. Casi dos estaciones completas de frío y templanza. Y un día, sin esperarlo, apareció su familia. El sofá de tres plazas. Los dos grandes butacas. Pero ella no estaba. Quizá la silla se transformó en esa butaca grande y hermosa como oruga en mariposa. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Luna

    Anoche buscando una lágrima de fuego descubrí al fondo a la derecha un trocito de luna. Deje de mirar a esas lágrimas que traían solo paciencia y me dediqué a recordar las veces que la luna me había hecho rey de la noche. 
    Aquella noche en las almenas del castillo, con mi amada, que hacia realidad nuestros sueños de futuro o el día que la música distorsionaba mis ideas y volvía más loca mi vida.  La vez que confundimos esa belleza con un ovni, el miedo que daba con los aullidos del lobo. Tumbado en el campamento del mes de julio sobre la pinocha, contando las estrellas del firmamento, para ver si el sueño llegaba. Cuando los párpados se caen solos por más que tu responsabilidad no les dejes.
    Misterio de luna, que cuento sus lunares hasta donde me deja su cara y misterio a esa cara oculta que deja a la imaginación descubrir una nueva luna. Y cuando las buscas sin parar en las veladas de mar, murmurando en tu oreja frases de amor, y no la ves.
    Luna grande, luna ciega, que no miras y te miramos, que nos ves y no te vemos. Todos los meses vuelves y todos los días te vas, sin dejar a tu marido el Sol, que te toque ni un segundo. 
    Tu siempre estas
  • Cabeza de mis Cosas

    Miserias Egoistas



    Que los demás tengan otros criterios no significa que el tuyo sea incorrecto o desafortunado. Las miserias humanas se demuestran en los momentos de mayor egoísmo. Así que lo mejor es distanciarse de éllos para que se consuman en sus propias agonías. La grandeza debería estar en exponer los tuyos con la mayor claridad posible, y con el menor apasionamiento para que los demás vean una postura equilibrada.

    Solo el tiempo pone esas decisiones en el lugar correcto. Y no todas las partes saben o aprecian, lo que se quiere decir, aun creyendo que son personas a las que estimas y admiras.
    Y aun sabiendo que las determinaciones van a implicar a terceras personas.
    En los repartos de herencias, en las divisiones patrimoniales, en los intereses de negocios, en los sentimientos que implican a terceros. Hay por desgracia, miles de experiencias así.

  • Cabeza de mis Cosas

    Semillas



    El que por simiente utiliza besos no puede recoger desprecios. Su mies siempre será rica y dulce. Llenará los graneros de abrazos y alegrías. Pondrá en las manos del panadero la mejor masa de su vida. Y los mimbres de sus pajas formarán los mejores muebles de su casa.

    Si esparce esa simiente por doquier no habrá hiervas malas que la cubran y la quemen. Su fuerza vital es tan poderosa que aun con la lluvias de las lágrimas tristes brotaran con más fuerza si cabe. Cambiando por luz todas las tinieblas. 
    Probablemente quien esparce odio coseche desprecio o aun peor indiferencia y olvido. El que siembra pinchos recibirá miles de espinos. Y aun sembrando ladrillos no cosechará otra cosa que los mismos ladrillos, pero más viejos.
    Busca tu mejor simiente dentro de ti, seguro que la encuentras pensando con el corazón, y no con el odio.
    A Brenda

  • Cabeza de mis Cosas

    Solo


    Escuché una frase que hoy ha tomado carta de total actualidad: con 5.000 kilómetros de costa que tenemos en España y has venido a ponerte a mi lado para pescar. Anda y tira a 20 kilómetros. Que tendrás peces también.

    Hoy me ha pasado eso. Entraba a tomar un café en la barra de un bar, que también tiene terraza. Y veo que está vacía, más de 20 taburetes solos, abandonados, tristes y aburridos. Decido darle alegría a uno de ellos para que se sientan importantes. Le contaré que a la vez que me tomo un café, escribiré algo sobre ellos. Y así lo hago. Observó desde mi sitio, que la terraza está abarrotada.
    Me alegra. Así en mi soledad podré escribir más tranquilo. No llevo ni tres palabras escritas alegrando a mis taburetes cuando un señor con su señora, me preguntan si están libres los taburetes. Mi asombro total. Hasta los taburetes sonríen. Pues claro que están libres, todos. Y mi sorpresa es que el señor corre el que estaba a mi lado, pero no para separarse más de mi, si no para que su mujer pudiera estar más separada de él. No te digo, buscando tranquilidad y me coloca su muslo junto al mío, calorcito y del bueno.
    A mi taburete le cuento la frase del pescador y empieza a reírse. A mí no me hace ninguna gracia, la verdad. Total que se lo cuenta a los demás taburetes la jugada del señor. Y las risas se oyen en todo el bar.
    No sé como sucedió, pero sin darme cuenta todos los taburetes se desplazaron al fondo de la barra, dejando a sus dos amigos en la esquina, parecían que iban a sacar un córner. 
    Lo único que querían era que yo estuviera solo, que escribiera sobre los taburetes y los pusiera contentos.

    Y así lo hice. A reírnos tocaba.
  • Cabeza de mis Cosas

    Combustible



    Decía Fernán Gómez que en las travesías difíciles hacía falta un buen combustible. Cuan llena esta la historia de travesías duras y difíciles que aun se han hecho más duras por no tener el combustible adecuado para el momento.

    Ese que está cargado de octanos especiales. De grados de alcohol en barricas de roble envejecido por el selecto tiempo.
    Ya lo dicen los mejores expertos y no son los químicos sino los autores de las frases lapidarias: Un buen vaso de vino bueno cura más que aquello que inventó Fleming. Un buen bourbon mejora los motores del viaje. Quien hubiera podido escribir obras como las de Kafka o Hemingwaysino hubiera sido por el combustible. No hubiera pintado ningún cuadro Toulouse-Lautrec sin la botella cerca.
    El recorrido tortuoso desde el despacho a la cocina sin la esperanza de poder abrir esa botella del caldo de la uva cabernet. No se hubiera descubierto ningún continente sin la barrica de ron. No habría travesía posible sin el bendito vodka polaco. Ni la mejor ginebra Monbasa sin los viajes a Kenya del ejercito para crear el primer Club de la Ginebra. Un combustible refinado en los mejores lagares. En las mejores cuevas. En las mejores bodegas de la santa tierra.

    El agua, la tierra, el fuego, y el aire que mejora el combustible de las travesías. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Desamor?



    Por mucho que me esfuerce no consigo colocarme al borde de nada donde sepa que está el vacío. Es superior a mí. Yo creo que si alguien de mi sangre se acerca al vacío y se que se va a caer, mi decisión por salvarla seria de difícil solución. Probablemente iríamos los dos en caída libre. Por salvarla, caeríamos seguro. No siempre somos capaces de hacer lo que debemos hacer.

    Todos los días de su vida se la hice cómo la Reina que era para mí. Se había desvelado para que yo fuera su princesa toda mi vida. Y ahora que ya no podía valerse por ella, era yo quien la mimaba hasta donde mi amor llegaba. Era mi ángel. Era mi amor, era mi vida, ella me lo había dado todo. Y en el final de su vida y con la falta de su capacidad mental, es ahora cuando más necesita de todo mi amor, de todo mi cariño, de todas mis atenciones, fueran las que fueran.
    Y son muchas, son todas las que necesitan, han cambiado sus memorias, sus recuerdos, van cambiado de vidas, somos otras personas desconocidas para ellas, son ellas otras personas desconocidas a veces para mostros, sus recuerdos son tan frágiles y tan seguros otras, que ni saben ni sabemos quiénes son,
    Su carencia, tanto físicas como mentales, no las detienen en su vida cotidiana, que si va mermando a veces, y en otras se estancan en la cotidianeidad mas absurda, y ni suben ni mejoran, solo están.
    Les hace falta de todo, de sus cuidaos afectivos son los mejores, aunque no sepan quienes tienen a su alrededor, si te transmiten ese amor que siempre te han dado, aunque ahora no te consideren su hija, pero para ella, si sabe que la quieres y te lo demuestra.
    De higiene personal es lo que no llevo, ni siquiera un poco, es que no puedo, estoy en el vacio con la angustia vital que por el hecho que sea superior a mí, que no lo entiende mi cuerpo, que soy incapaz de superarlo. Y eso me lleva al desanimo, al creer que no soy merecedora de su cariño, que no me comporto como debería hacerlo.
    Lucho conmigo misma, tengo que vencer este rechazo, este asco, este momento, pero no puedo, y me digo que si es que no la quiero suficiente. Que si la culpa es mía.
    Y no, ya te digo que no hay culpa de nadie, es algo que se vence o no se vence, y por eso, no dejas de querer a tu ser querido, al contrario esa lucha te lleva siempre a la misma frase, «pero si la quiero más que a mi vida». Y así empecé este relato, con una situación tan extrema como casi imposible.

    Deja de luchar por eso, y dedícate a demostrarle tu amor aunque ella piense que te acaba de conocer.
  • Cabeza de mis Cosas

    Fuera Ladrillos



    Una vez escribí que cada día vamos colocando ladrillos en nuestra vida. Y aquel día lo vi bien. Hasta bonita la frase. Daba sentido a las cosas que vamos haciendo cada día.

    Pero hoy quisiera cambiar esa frase, quitar la palabra ladrillos. No quiero construir la vida con ladrillos. Ahora me suenan a muros, a paredes. A separación. No me suenan a cimientos, a raíces. Me creo que he construido una vida llena de muros que me separan de algo. No que soportan mi vida. No me dejan ver lo que hay al otro lado. Son una cárcel de lujo a mi alrededor.  Los amigos no disfrutan de ti. No ven tus ojos. No ríen contigo. Ni lloran al verte triste.
    La vida debería construirse con experiencias. Con sabiduría. Con las ganas de vivir. De ilusiones. De fracasos. De tristezas y alegrías. De subidas y bajadas. De ganas de hacer algo nuevo cada día. De romper la monotonía. De salir de la casa para ver las de los demás. De dejar tu puerta y ventanas abiertas para que entre y salga todo. Que no se quede dentro nada de lo que tú no quieras.
    Y si no, que los demás que te ayuden a sacarlas. Y tu mirar en casa de tu amigo por si necesita que le empujes. O llamarlo para que te empuje.

    Esos cimientos si me gustan para mi vida, son mejores que los ladrillos
  • Cabeza de mis Cosas

    Parir



    No hay nada más vital que el hecho de parir. No hay nada en el mundo más íntimo y personal que parir a un hijo. Y desde todos los tiempos ese hecho ha pasado por todos los estados de intimidad.

    Desde el parto en la más absoluta intimidad de hacerlo sola y separada de la tribu, con todos los riesgos que podían conllevar. A parir en el Hospital universitario donde un estudiante de medicina te suelta: abre bien las piernas que te voy a meter el puño para saber cuánto dilatas.
    Que dignidad más extrema desde un punto al otro. Donde queda la mujer en cada caso? Antes tenía que salir detrás de su hijo para verificar que no se lo cambiaban. O estar en una escena pública de noblezas por rango a la espera de ver salir de su cuerpo al hijo del rey.
    No siento ningún reparo en contradecir a cualquiera que no mire con desprecio a quienes no dignifican a la mujer en todo su sentidos de intimidad y respeto por el hecho de parir. Y no convertirla en algo tan simple, como que solo es una función: dar a luz. No sólo es la mujer la que debe tener esa intimidad, sino todas las personas que de una forma u otra puedan intervenir en ello. Tienen dolor, pero no son inválidas.

    Respetarlas. Son ellas las que paren. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Estas Viva



    No sé si te gusta el mar,  si te gusta la montaña o si eres un apasionado de los rincones que dan paz; de una roca donde sentarte a la orilla de una cala solitaria, oyendo el batir de las olas, unas veces, bravas, otras muy serenas. De ese sitio en la cumbre de tu montaña, en la soledad del aire, que te empuja a mirar donde quisieras estar. De la soledad más absoluta del desierto, cuando ni quieres mirarte dentro para no ver tus estados de ansiedad, o del frio más intenso del paraje helado en aquel rincón al que,  de pequeño, te llevó tu abuelo…. 

    Solo esos sitios son capaces de hacer que tu sientas lo que nunca has sentido rodeado de gente, son sitios  que te hacen, quieras o no, estar solo y acompañado a la vez,  sitios  que te harán llorar y reír, sin que tú te des cuenta,  sitios  que te demuestran que eres tu quien está vivo. Son los que te dicen que has nacido y en los que tu alma puede estar feliz o triste.

    No dejes de buscar ese sitio, sea el que sea, si todavía no sabes cuál es el tuyo.  Allí sentirás que está vivo y que así tienes que seguir, disfruta como sea ese momento, negro o luminoso. Vibra con los sonidos, olores y colores del lugar que elijas. La vida te mostrará una nueva dimensión: la de la plenitud. 

    Tú, solo tú y el universo a tus pies.
  • espárragos trigueros,  gambas,  huevos,  Recetas

    Revuelto de espárragos trigueros y gamba roja

    Para dos personas, 4 huevos de gallina, un manojo de espárragos, unos 20, 20 colas de gambas roja, sal, aceite de oliva virgen extra, una copita de brandy, pimienta y una ramita de perejil.
    En una cacerola con una pizca de sal, ponemos a calentar agua hasta hervir. El manojo de espárragos, los lavaremos bien, y con los dedos vamos cortando desde la punta hasta el tallo trozos hasta que nos cueste partirlos, en ese momento no cortaremos mas, los pondremos en el agua hasta que den un hervor, y los retiraremos del fuego escurriéndolos y metiéndolos en agua helada, y volvemos a escurrir y reservamos.
    En una sartén pequeña, muy caliente, ponemos una cuchara de aceite, y añadimos las colas de gambas salpimentadas, y la copita de brandy, flambearemos, y reservamos. Si no has dejado algo de sus jugos los aprovecharemos en los huevos.
    En una sartén ya caliente con 6 cucharadas de aceite, añadiremos en su caso, los jugos de las gambas, los espárragos cocidos, y salteamos ligeramente, rompemos los cuatro huevos encima, y removemos con una cucharada de madera hasta dejar la textura de revuelto a nuestro gusto. Los hay casi infinitos, muy pasados, muy poco hechos,

    Presentamos en un palto, en este caso negro con un molde redondo, y colocando las gambas encima, adornamos con una ramita de perejil.
  • Cabeza de mis Cosas

    Soledad sola



    Creía que la soledad me gustaba. Y más cuando la asumí hace tiempo. Me encuentro bien. Decido lo que quiero. Y estoy a gusto así.

    Pero un día me miré al espejo pensando que me gustaría de nuevo dejarme algo de barba. Y vi en mis ojos la falta de alegría que antes tenía. Casi me asustó. Nunca había visto esa mirada mis ojos. No había nada dentro. Recapacité y antes de seguir afeitándome, tomé mi tiempo en calcular si eso era de ese día o era de más tiempo.
    Los pasos fueron sencillos, dos días antes estuve ayudando a una chica que me preguntó cómo llegar a la catedral. Yo tenía que ir hacia allí y le pedí acompañarla sino le molestaba, al contrario, me dijo. Nos dirigimos y mientras andábamos, tuvimos una conversación sencilla pero contándonos cosas sin conocernos de nada, hablábamos de nuestras vidas. Bueno más yo que ella, que sí escuchaba con atención. Y con interés. Que yo le contara cosas íntimas de mu vida, de mis hijos, de cuanto tiempo llevaba sin verlos, cuanto hacia que no tenía una conversación con una mujer.
    Llegamos a la catedral. Ella quería verla. Y a mí me encanta, como edificio y con iglesia. Siempre tuvo un encanto muy especial. De pequeño era por lo único que iba a misa. Por ver todo por dentro. Y casi adivinar cómo y quiénes había hecho esas columnas tan grandes y esa pinturas tan fuertes del juicio final. Hice un poco de anfitrión y cicerone. Ella, muy atenta a todas mis explicaciones, no dudaba en preguntar cosas y que si yo las sabia, disfrutábamos escuchándolas.
    Llegó su tiempo. Tenía que irse. Le pedí tomar un café rápido para darle las gracias por escuchar a un viejo contar sus historias. Creo que ella estaba encantada por oírlas. Pago los cafés. Y se despidió.
    Ahora es cuando me di cuenta de mi soledad. Al recordar todo lo acontecido, vi la tristeza de mi cara. Que mi soledad no era asumida y libre. Era impuesta por los silencios de mi vida. Por el alejamiento paulatino del mundo que me rodeaba. Dejar de estar con los demás.
    Dos lágrimas salieron de aquellos ojos sin vida. Y en el espejo miré para que no sólo fueran dos, tenían que ser todas las lágrimas que hubieran dentro. Que salieran todas para llevarse la tristeza y la pegaran en el lavabo. Quería que el sitio que ocupaban se llenará de conversaciones. De chistes. De besos y abrazos. De tertulias. De café frente de la catedral. De llamadas de teléfono a mis seres queridos. Que la soledad se llenará de compañía y alegría..

    Ya no me gustaba la soledad. No es buena la soledad, creo que es la mentira del poco valiente.