Cabeza de mis Cosas

Combustible



Decía Fernán Gómez que en las travesías difíciles hacía falta un buen combustible. Cuan llena esta la historia de travesías duras y difíciles que aun se han hecho más duras por no tener el combustible adecuado para el momento.

Ese que está cargado de octanos especiales. De grados de alcohol en barricas de roble envejecido por el selecto tiempo.
Ya lo dicen los mejores expertos y no son los químicos sino los autores de las frases lapidarias: Un buen vaso de vino bueno cura más que aquello que inventó Fleming. Un buen bourbon mejora los motores del viaje. Quien hubiera podido escribir obras como las de Kafka o Hemingwaysino hubiera sido por el combustible. No hubiera pintado ningún cuadro Toulouse-Lautrec sin la botella cerca.
El recorrido tortuoso desde el despacho a la cocina sin la esperanza de poder abrir esa botella del caldo de la uva cabernet. No se hubiera descubierto ningún continente sin la barrica de ron. No habría travesía posible sin el bendito vodka polaco. Ni la mejor ginebra Monbasa sin los viajes a Kenya del ejercito para crear el primer Club de la Ginebra. Un combustible refinado en los mejores lagares. En las mejores cuevas. En las mejores bodegas de la santa tierra.

El agua, la tierra, el fuego, y el aire que mejora el combustible de las travesías. 
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