Ensaladilla Marinera (Murcia)

Para cuatro personas he utilizado 3 patatas sobre el medio kilo, 2 zanahorias, 2 cucharadas soperas de guisantes ya cocidos de bote, en conserva, 8 anchoas en aceite salmuera, 20 aceitunas rellanas de anchoa, 3 huevos, 4 latas de atún en aceite de oliva de unos 50 gramos cada una en escurrido, sal y una mahonesa casera.
Ponemos a cocer las patatas limpias y con piel junto a las zanahorias, sobre los 20 minutos, no añadimos un poco de vinagre a la cocción, no importa que se rompan.
Junto a estas patatas y zanahorias estamos cociendo dentro los 3 huevos.
Una vez cocido todo y bien escurrido de agua, troceamos en cuadrados la patata, las zanahorias y la parte blanca del huevo cocido, la clara, y reservamos para que se templen y mejor que se enfríen.
Añadimos los guisantes ahora, junto al atún bien escurrido de aceite, la clara del huevo picada a un bol, junto a las patatas y zanahorias, removemos con una lengua y vamos añadiendo la mayonesa hasta mezclar bien todo.

Presentamos en una fuente con las yemas de huevo rayadas, unas aceitunas cortadas a la mitad y las anchoas. Algo muy típico de la región Murciana, con otra variación de los boquerones en vinagre por las anchoas en salmuera. A gustos…

Patatas asadas con ajioli

Es una tapa muy típica en muchos sitios, esos cascos de patata, esa media patata, con su sal y pimienta…en fin hay muchas variedades, pero yo he preparado ésta.
Vamos a elegir una patata nueva, mediana tirando a pequeña, que casi nos entre en la boca de un solo bocado. Las lavamos muy bien por fuera para eliminar todo rastro de tierra o suciedad. La cortamos a lo largo por la mitad longitudinal, por la parte más alargada, con una puntilla, cuchillo pequeño afilado, damos unos cortes paralelos en ambos sentidos, sin llegar a traspasar la piel por debajo. Queremos mantener la piel en todo momento, la comeremos sin problemas.
Una vez dados esos cortes, salamos, y añadimos unas gotas de aceite de oliva virgen extra entre esos cortes, colocamos en una llanda de horno, una fuente de cristal para horno, y las mantendremos en el horno precalentado a 180º durante 40 minutos más o menos hasta que las veamos por encima doradas, tostadas, pero no quemadas.
Por otro lado vamos a preparar un ajioli a mortero, hecho a mano. Receta
Coceremos una patata del mismo tamaño que las que hemos utilizado para asar, pelada y troceada, con una pizca de sal. En un mortero, picaremos un ajo, limpio de la simiente central con una pizca de sal, esto es para que no se resbale el ajo al machacarlo y para que luego tenga su punto de sal el ajioli, una vez bien picado vamos añadiendo los trozos de patatas y seguimos con el mazo triturando bien hasta tener toda la patata hecha un puré fino, en ese momento añadimos una yema de huevo, ojo, la yema sin la clara, y seguimos con el mazo mezclando muy bien todos los ingredientes, a partir de ahora viene lo más laborioso, añadir el aceite removiendo con el mazo lentamente y con ritmo para conseguir ligar bien el conjunto, puede cortarse el ajioli, paciencia y tesón en seguir moviendo el mazo en sentido circular mezclando bien todo. Y añadiendo a poquitos el aceite. Cuanto?, pues para una patata podemos añadir como dos tazas de café, parece mucho pero lo admite de sobra, ya veremos cómo se nos va quedando una crema amarilla y brillante por el aceite. Cuando está terminado?, pues el truco que yo tengo es que cuando el mazo clavado en el centro de esa masa no se cae si le damos la vuelta al mortero poniéndolo boca abajo un momento será su punto.
Presentamos adornado las patatas con una cucharada en todo lo alto, o en los lados y una ramita de perejil.

Los sabores son muy al gusto de quien lo tome, mas fuertes de ajo, mas saladas, y hasta con pimienta.

El Último Viaje

Unas de sus costumbres había sido la de leer los periódicos todos los días. Y no uno, sino varios. Era una buena forma de mantenerse informado y crear una opinión más objetiva de la realidad que le rodeaba. Últimamente ya lo hacía en casa, salía menos a la calle, y lo hacía con parsimonia, con tiempo, con pasión. No dejaba nada sin leer. Creíamos que era capaz de leer se hasta los anuncios. Repasaba una y otra vez los artículos de opinión. Las editoriales, las noticias políticas. Y hasta las te cuadraba con su bolígrafo. El tiempo, los deportes. Era un apasionado del fútbol, del Barça, claro. Era de siempre. Nunca cambió de equipo. Los toros, la cultura, hasta los horarios de los cines.
Hacía ya unos años que los periódicos los empezaba por el final, era algo curioso. Nos fijábamos en ese detalle pero no le decíamos nada. Solo observábamos como lo hacía, pero no le dábamos más importancia.
Aquel día le dijo al tío de su mujer, un personaje ya nonagenario, que vivía con ellos en la casa:
-aun no estás en la lista.
Una frase casi enigmática para todos menos para ellos. Era algo tácito entre los dos. Sabían de sobra a que se referían. 
Con los meses fui observando más detenidamente esa forma de leer los periódicos. Y pronto me dí cuenta que su interés por empezarlos por detrás no eran por las noticias. O los deportes, ni las editoriales. Eran las notas necrológicas y las listas de fallecidos con sus edad. 
Todo aclarado. Bueno todo menos las frases que seguían cruzándose entre ambos. Era casi macabra la idea de ver el nombre de alguno de los dos en esas listas. Y era casi espeluznante saberlo.
Pero desde su punto de vista. Mejor dicho, desde su estatus de edad, de madurez y de esa edad donde ya tienes tu vida hecha, tus cuentas terminadas y esperas que tu final llegue con esa paz. El ver las notas necrológicas de tus amigos, de tus conocidos o de personas que sin ser nada tuyas, tienen más o menos tu edad, te da hasta ánimos de que tú aun puedes seguir leyendo esas notas. Señales inequívocas de que estas vivo. Y las bromas entre ambos ni son macabras ni dan repelús. Son pura y llanamente bromas de vida.
Los amigos cada vez son menos, las llamadas son cada vez más espaciadas y las visitas cada vez son más raras. La soledad viene rápida abrazándose a tu cuerpo.
Y solo una vida llena de vida es capaz de soportar la llegada de la muerte con la tranquilidad de haber hecho algo en la vida que ha merecido la pena.
Una partida de cartas, recoger el pan, los nietos, algún recado. Y hablar, eso sí era de su gusto. Hablaba de su vida. De experiencias, de batallitas diríamos los jóvenes, ya las contaremos nosotros. Ya nos llegará la edad para contarlas. A quien estuviera cerca y pudiera hablarle, ya estaba con sus historias. Sentaba cátedra desde su altura de vida. Creyendo que se le haría caso a pies juntillas. Nunca se dan cuenta que en la vida hay cosas nuevas que han cambiado las antiguas. Pero estoy convencido que esto no es de ahora. Seguro que a sus padres y antes a sus abuelos les pasaría igual. Creerían que solo lo suyo es la verdad, lo bueno, lo que hay que hacer. Y ni creemos que a nosotros nos pasará lo mismo cuando estemos cargados de meses y años para no entender más que lo nuestro.
Vuelve otro día a comprar sus periódicos, a recoger el pan, cuatro fotocopias de unas fotos que vió en una revista y quiere mandar a un amigo. Pocos hobbys le quedan. Su vida se ralentiza. No hay prisa para nada, ni hay que madrugar. Ni para leer, ni para ir a ver al amigo enfermo, murió el mes pasado. Las recetas del médico, las pastillas en la farmacia. Ya está en la cima de la pirámide. Y desde hace mucho tiempo. Por ley no enterrará a nadie. Siempre debe ser así, a él le enterraran los de abajo. Y ese sentimiento le tranquiliza. Ve con tanta vida a los que le rodean que el solo sentimiento de irse después de alguien no lo podría soportar.
Los días pasan y su cabeza le deja tiempo para él y sus cosas.

No hay prisa para nada. Ya queda menos para ver el nombre en esa lista.

Tortilla de Canónigos con piñones y pasas

Para 2 personas he puesto unos 200 gramos de Canónigos frescos en una sartén con una cucharada de aceite de oliva virgen extra, los he cocinado durante 1 minuto a fuego intenso y he reservado.
He tostado ligeramente unos piñones crudos y he hidratado unas pasas de Corinto, de las que no llevan pepitas, en una cucharada de brandy en el microondas.
En un bol he batido las claras de 4 huevos casi a punto de nieve con una pizca de sal. Añadiendo en ese momento las yemas y he vuelto a batir ligeramente, hasta romper las yemas en las claras.
Añadimos al bol los canónigos, las pasas y los piñones, removemos.
En la sartén muy caliente y dos cucharadas de aceite casi humeante, vertemos el contenido del bol, bajamos el fuego a medio, cocinamos la tortilla a nuestro gusto. Damos la vuelta y la doramos.
Presentamos con unas hojas de canónigos y unos piñones.

Es una verdura muy rica en vitamina A y C, y esta ración es casi suficiente para el aporte diario de estas vitaminas. Su sabor cuando es fresca, da un toque a dulce y ligero toque a nuez, picante al fondo.

Los Pájaros

Esta mañana volviendo a casa, casi saliendo el sol, me fijé en el cielo como sus colores cambiaban del negro al azul maravilloso de esta tierra. No sólo vi el cambio de colores. Vi una bandada de pájaros volando. Algo muy natural y lógico. Los pájaros vuelan. Pero estos tenían algo de especial. Volaban en vértice. Uno delante y el resto en perfecta desfile de vuelo. Eso lo hemos copiado de ellos, cuando nuestro aviones vuelan en formación. En ese momento me di cuenta que esos pájaros tenían una lógica de volar. No volaban de un lado a otro porque si. Necesitaban volar así porque su destino era el necesario. Es más, pensé que muchos de ellos ni siquiera sabrían cual y como era su destino. Era su primer viaje. Y para mejor entenderlo saqué mi teléfono. Tiene una aplicación de brújula. Y me indicó claramente su destino por la dirección que marcaba. Doñana. Era la migración de más cantidad de pájaros que jamás había visto yo. No sé cuantos, pero seguro que miles. Eran los Malvasía Cabeciblanca.
Tardaron más de diez minutos en cruzar el vuelo al que yo miraba.
Me hizo reflexionar mucho. La vida. Los cambios de estación. El cambio de casa. La comida. Los amigos de viaje. Una casa nueva, amigos por descubrir. Cosas que ver, más curiosidades de la vida. Un amor más. Cuantas cosas me hizo reflexionar la simple mirada a una bandada de pájaros.
Su vuelo continuó hasta que mi vista no alcanzaba a ver la mancha en el horizonte. Una paz me quedó dentro sabiendo que aun siendo nómada se puede ser feliz en cualquier sitio donde tú hagas tu hogar. No importa el sitio, el clima o los que te redondeen en ese momento.
Tu harás de tu vuelo tu vida.

Tapa de jamón y Setas de cardo

De un buen filete de jamón crudo, cortamos unas tiras de unos dos centímetros de ancho, troceamos irregularmente, y les damos un golpe en el horno, Grill, hasta que se doren. En una sartén salteamos con unas gotas de aceite de oliva virgen extra unas setas de cardo, unas judías verdes previamente cocidas al dente, y enfriadas en agua helada. Sazonamos.
Presentamos

Lomo a La sal con dos salsas, Piquillo y Ajioli

Para CUATRO raciones de este lomo prepararemos unos 1 kilogramo de un buen lomo de cerdo, limpio de nervios y de exceso de grasa, algo de ella siempre nos dará clamosidad. Necesitaremos pimenta recién molida, sal gorda.
En una llanda de horno, o en una fuente de cristal que soporte el fuego, colocamos una hoja de papel aluminio en la parte inferior, solo para limpieza posterior, sobre ella una fina capa de sal gorda de medio centímetro de grosor, y sobre esta el lomo de una pieza ya pimentado. Cubrimos por completo del resto de la sal gorda hasta que no se vea ningún resquicio de carne. Lo pondremos en el horno ya precalentado a una temperatura de 200º no menos de 45 minutos por kilo de lomo que pusiéramos, en este caso, lo tendremos esos 45 minutos, es el tiempo mínimo.


Para las salsas: de Piquillo
Preparamos la crema de pimientos en un cazo, sofreímos 2 ajos laminamos  en dos cucharadas de aceite de oliva de virgen extra, una vez dorados, añadimos 6 pimientos de piquillo de lata, reservando dos para la presentación, salpimentamos, cocinamos durante 15 minutos a fuego flojo, añadimos en ese momento 4 cucharadas soperas de azúcar, y el caldo de la lata de los pimientos. Removemos un par de minutos y aparatamos del fuego. RECETA
En un vaso de batidora introducimos todo, y añadimos dos cucharadas de aceite virgen extra, batimos y vamos añadiendo leche entera hasta dejar la textura deseada. Una crema ligeramente espesa.

Para las salsas: de Ajioli que hemos hecho con medio ajo picado, un pellizco de sal, unas gotas de limón o vinagre y un huevo, añadimos aceite de oliva virgen extra y batimos si mover la batidora, hasta que espese el Ajioli, movemos ligeramente añadiendo mas aceite hasta dejar la textura deseada. RECETA



Rutina

El despertador ya lleva dos días sonando y no es lo mismo que la semana pasada, cuesta levantarse, los niños ni siquiera se despiertan. Que cambio con dos días solo. Saltaron de sus camas sin esperar que el despertador sonara. Hoy hasta las sabanas pesan más. La manta ni quiere moverse. Y la cara del espejo solo refleja enfado. Vuelve la rutina, vuelve la monotonía. Llevarlos al cole, correr al trabajo, ir a la oficina de Inem. Hablar con la compañera del próximo puente. Que ni se sabe en qué trimestre lo habrá.
El frío de hoy es el doble que el de ayer y los rojos y luces de las calles dejan paso a unas ramas de árboles secas y desnudas. Este fin de semana hay que vestir de nuevo al frigorífico. Y las rebajas ya andan en los escaparates. Vuelve la rutina y la monotonía.
A oír a Carlos herrera decirnos camastrones. Hay que levantar el país. Hay que pagar las pensiones. Los abuelos a recoger a los nietos y los camiones de basura a trabajar menos después de tanta caja y papel de regalo. Vuelve la tranquilidad y el frío del invierno. Y dentro de dos días la cuesta. Sí, la de enero. Esa de todos los años. La que siempre está y siempre se llega. Le podían quitar el nombre. Y dejarla en desierto de cartera. Suena más real.

Bueno. Todo pasará y volverá en cuatro días la primavera. A esperar. 

Lenguado en salsa de cava

Un lenguado de aproximadamente 300 gramos, una taza de caldo de pescado, una copa de cava, una cucharada de harina, tres naranjas, 3 cucharadas de azúcar, sal, pimienta, pasas de Corinto, una cucharada de aceite de oliva extra virgen-
En una sartén, con una cucharada de aceite de oliva extra virgen, colocamos el lenguado ya salpimentado, y sellamos a fuego fuerte por las dos caras, un par de minutos por cada una, reservamos en un plato. En ese aceite con los jugos de la cocción, añadimos una cucharada de harina, y cocinamos bien para que el sabor de la harina no se note mas tarde. Añadimos el caldo de pescado a poquitos para obtener una salsa espesa, ya la iremos haciendo líquida más tarde, seguimos cocinando sin dejar de remover, añadimos el jugo de las tres naranjas, y rectificamos ahora de sal, añadimos en este momento el azúcar, las tres cucharas y seguimos cocinando, cuando empiece a aligerarse la salsa, añadimos la copa de cava y dejamos cocinar durante un par de minutos más. El tono del sabor debe ser un ligero dulzor y amargo, nunca ácido y salado.
Cuando la tengamos en el punto de textura deseada, metemos el lenguado y las pasas previamente hidratadas en un poco de agua, mi toque personal es ponerla en un dedo de whisky en el microondas durante un minuto a máxima potencia, retirando el exceso de whisky. Cocinamos un par de minutos nada más para que los sabores entre en el pescado.
Presentamos adornado con unas decoraciones de la piel de naranja, en este caso las he frito en unas cucharadas de aceite y tres cucharadas de azúcar, dejando un crujiente de corteza, muy rico en la boca, dando unas texturas y sabores especiales.

Migas Ruleras Manchegas con algo de fusión de Comunidades

Estas Migas seguro que no son las mejores del mundo, y seguro que cada uno tiene su receta, que hay más de 1000 recetas de estas migas, pero os aseguro que estas están tan ricas como las mejores. Hemos intentado unir dos culturas en este caso, dos clases de migas muy conocidas la manchega albaceteña y la comunidad murciana, con un arraigo milenario en este plato.
Para hacerlas hemos empleado un buen tocino, unas salchichas blancas, unas longanizas, unas uvas moscatel, sobrantes de la Nochevieja, aceite, 6 ajos, agua y el famoso pan de pueblo. Algo imprescindible para hacerlas con categoría. Y además de unos días ya cocido, vamos casi duro.
Para su elaboración espizcaremos el pan en un bol, y lo empaparemos completamente de agua, suficiente para que esté casi con textura de masa sin llegar a que el agua se note, es mejor ir añadiendo a poquitos para llegar a esa consistencia. No nos preocupe que parezca excesivo, se evaporara en la cocción.
En una sartén con tres cucharadas de aceite freiremos el tocino, en lonchas finas, con el aceite medio para que la corteza del mismo al final se quede crujiente subiendo la temperatura del aceite. Retiraremos el tocino y en ese aceite freímos 6 ajos, retiramos también, y seguimos cocinando en ese mismo aceite las salchichas blancas murcianas, y posteriormente las longanizas.
Una vez frito todo y reservado, con el aceite más bien flojo, colocamos esa masa de pan, y ahora viene el gran trabajo de las migas, la paciencia y el tesón. Tardaremos casi una hora en poder hacerlas, vamos removiendo, cocinando con esmero y amor esa masa, hasta que vayamos viendo como deja esa textura y empieza a soltarse en bolitas más pequeñas, en trocitos de pan frito, evaporando por completo el agua y saliendo ese rico y sabroso aceite. La textura final es a gusto de cada cocinero, a mi me gustan más tostaditas, y a otros le gustan más tiernas.
Presentamos rodeadas de todas esas salchichas, los ajos fritos, el tocino y unas uvas. Esta es la fusión de la que hablábamos, las uvas con las salchichas blancas murcianas, el tocino con las longanizas,

Variedades, muchas, estas migas están ricas hasta con una taza de chocolate, o con huevos fritos, con sardinas saladas, con ajos tiernos, con morcillas, buscar la imaginación y veréis el resultado.