Siempre Juntas

Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida…
Sus lágrimas son serenas, abundantes. Están saliendo de más allá de sus ojos, vienen del centro de su vida, de sus primeros y últimos recuerdos. El día gris y suave envuelve tiernamente su espíritu que le afloja las coronas de espinas que tantos años han dañado su alma. 
Recuerdos de dos almas vividas juntas y separadas con violencia, sin permisos de la naturaleza. Desgarrada odisea de pesquisa infructuosa de una hacia la otra. Lágrimas de esperanza siempre, fuerza en la convicción de que un día se reencontrarían. Búsqueda desesperada a veces, ilusionada otras. Pero siempre búsqueda de la una a la otra. 
Nacieron juntas. Y ya antes, en ese espacio donde se crean las ilusiones de la vida, forjaron la férrea unión entre ellas. Las caricias, las miradas, los suspiros, las ganas de estar siempre unidas y que nada y nadie rompiera esa vínculo. Poco tiempo que no tiene tanta fuerza. Solo hizo falta oler el aire, oír el ruido, sentir el dolor, ver el negro y tocar la maldad para que esa fuerza que tanto las unía se rompiera en añicos. Cada una por un sitio, cada una en un lugar. Cada una en un mundo, cada una con gente distinta. 

Pero su trabazón era superior aun en la distancia. Se oían. Se sentían. Sabían que vivían. 

Llega la maldita primavera




Y llegó la primavera, sus flores, sus olores, sus colores, sus plantas, sus sangres calientes.
Un cambio de vida, dejamos los colores oscuros y negros del invierno para enfundarnos de los rosas y azules de la primavera. Dejamos los sayos pesados para vestirnos de sedas vaporosas. Dejamos al aire nuestros cuerpos después de tanto frío pasado. Los olores a «sagato» y a estufas dan paso a perfumes y colonias.
Los edredones y mantas vuelan como alfombras de Aladino a tintorerías y armarios dejando paso a sabanas de hilo que acarician nuestros cuerpos.
Ventanas y puertas cerradas se abren de par en par para que entre la primavera.
Puñetera primavera que deja entrar a los bordes de los mosquitos que aterrizan de madrugada sobre los pabellones de nuestras orejas. De los tábanos asesinos que matan nuestras pieles creando tumbas de sangre como montículos de ampollas. Moscas cojoneras que se comen nuestra comida.
Animales del demonio que alteran nuestras vidas y nuestros sueños.
Las flores, el heno, el trigo, el olivo, el polen, los ácaros. La madre que los parió. Llantos y más ahogos. Desesperación total. No hay segundo que una lágrima o estornudo se oiga 

Mal vamos con la primavera, mal vamos 

Emparedado de jamón serrano. «Chenchocadillos»

Típico emparedado con miles de recetas, pero nosotros para ésta hemos empleado pan de molde sin corteza, 6 rebanadas, seis lonchas de jamón curado del que viene ya cortado, dos huevos, medio litro de leche y 10 cucharas de aceite de oliva virgen extra.
Vamos a colocar en cada una de las rebanadas dos lonchas de jamón pero ya cortadas en cachitos pequeños. Formaremos 3 emparedados. A cada uno de ellos los cortaremos a su vez en cuatro trozos, dando unos cortes por los centros. Solo para que queden casi de bocado y sea más una tapa que un emparedado grande, por eso colocar el jamón ya cortado y que no se queden trozos más grandes y luego sean incómodos para comerlos.
Una vez los tengamos cortados, en este caso tendremos 12, los pasaremos por leche entera, sin dejarlos demasiado tiempo ya que se deshará el pan. Seguidamente los pasaremos por el huevo batido. Yo como un pequeño truco bato antes las claras y luego añado las yemas, para darle más volumen a este pequeño rebozado.
Freímos en aceite de oliva virgen extra a una temperatura viva pero sin que este humeante el aceite, doramos por ambos lados, unos tres minutos por cada lado.
Reservamos en un plato con papel absorbente para evitar el exceso de aceite.

Se puede comer templados, caliente, fríos, y de un día para otro. Una verdadera delicia.

Lo saben antes

Un mala noche. Una cena excesiva. Una vigilia de difícil conciliación del sueño. Y en esa espera oyes cosas que ayer no se oían. La chicharra calienta sus alas y los trinos de los pájaros hacen que aun te cueste más descansar.
En un momento de esa madrugada recobras el sentido del tiempo. Tardas en darte cuenta de los cambios. Pero cambios que llegan todos los años y que un día, sin saber porqué se producen. Resuenan en tu cabeza de nuevo los trinos de los pájaros. Esos trinos que son cantos al buen tiempo, al amor, al apareamiento, distintos a los de ayer. Sonaban nuevos en mi cabeza. Despertaba mi sangre, abría más mi corazón. Avivaba mis ganas de cambio. El frío desaparecía. Volvía el sol. Volvía la luz.
Recuerdas el paseo de la mañana llegando a casa y la mirada al paseo de naranjos que lo jalonan, recuerdas las puntas de las ramas y el cambio de color de esas tres hojas de un color verde más tierno, más nuevo, de nueva vida.
Mi espera al reposo ya no era desesperante. Yacía en la paz del deseo de una nueva primavera que en tantos años podía decir que había descubierto justo el momento de su llegada, sin esperar a un calendario ni a un equinoccio marcado por el tiempo.

Los animales saben antes que los astrónomos cuando deben trinar a sus parejas. Y decirles que ya llega la primavera. 

Aquella mujer

Se revelaba contra su padre y se escondía de él. Usaba cualquier excusa para abrir los libros y leer.
Su padre, hombre alto, enjuto y además serio, ferroviario de tradición, honrado a carta cabal, pero hecho a sí mismo en la dificultades de la vida. De costumbres fijas y metódicas, forjadas por su profesión. Su mujer abnegada en todo, dedicada en cuerpo y alma a su marido y a sus hijos. Comida, ropa y poco más había en esa vida. La novela de la radio por la tarde mientras bordada o tejía cualquier nueva colcha para los ajuares de sus hijas. Un ambiente familiar que poco auguraba cualquier novedad a lo largo de los años. Ya dictó sentencia: tu hijo mío, serás factor y vosotras dos casareis con alguien de posición y seréis dignas de vuestros maridos.
Pero…
Absolutamente todo lo que tuviera alguna sílaba junto a otra, tenía que pasar por sus ojos. Devoraba las hojas.  Más tarde ya no era lo que pasara sino que buscaba lo que necesitaba. Empezaba a tener gustos por determinadas cosas. Pero cuanto riesgo. Si su padre se enterara que ella, una mujer, estaba leyendo. Y más leyendo cultura. Qué barbaridad.
Al lado de su casa estaba la librería de Garrido. un amigo de su padre. Curioso personaje , pero que sabiendo que él era el antídoto, su cura o la mejor forma de conseguir sus ilusiones. Le gustaba escribir. Leer, buscar en los libros, era lo que ella necesitaba. Esa persona que le comprendiera y que le ayudara. Empezó pidiéndole un cuaderno de hojas blancas y la pregunta esta fácil.
-y porque de hojas blancas?
– es que quiero escribir mis cosas.
-tu? A tu edad? Quieres escribir?. Bueno toma esta libreta es apaisada, te será más fácil. 
Y así comenzó una relación de complicidad. Ella fue a la semana a comprar una nueva libreta y ante la extrañeza que pidiera otra en tan poco tiempo, una nueva pregunta llegó:
– Otra? 
-si ya terminé  la anterior.
– Algo bonito tienes que poner para que le pongas tantas ganas. Me gusta. me dejaras leerlo?   Esperando un gran NO por respuesta….
– sí, me gustará que lo leas. Así me dirás que hago mal, que será todo.
– vale. En la próxima libreta tráete la primera y la leo y ya te diré cosas.
Pasaron los días más lentos que nunca. Que ganas tenia de verla. Estaba intrigado.
Y lo que vió le pareció lo más bonito que había leído en alguien de su corta edad. Que capacidad de recrear momentos, situaciones y estados de ánimo de cualquier cosa.
Con el tiempo, ya pedía los libros que ella quería, y no cualquiera servía. Empezó a escribir, juntaba sílabas, emborronaba cuartillas, rompía muchas, pero poco a poco tenía sentido lo que salía de aquel lápiz de carboncillo, salían los sentimientos guardados con cadenas, describía las situaciones que nunca había vivido como si de reales se trataran. Aventuras llenas de ilusiones e imaginación. ¿Como iba a salir de aquel barrio?. Pero sus libros si la llevaban a lugares donde describía los colores y las angustias, los amores y desamores. Las guerras y las pasiones.
De pequeños cuadernillos, a relatos cortos, vivencias diarias y cuentos imaginativos. De la prosa o la poesía. Cualquier género le venía bien según lo que quisiera expresar en ese momento.
Garrido le fue dejando diccionarios, sinónimos y cualquiera de las herramientas que pudiera ampliar el conocimiento del lenguaje y la escritura. Perfeccionaba tanto leyendo como escuchando a Garrido. Era una jovencita con ese espíritu de escritora nata que tan pocas veces se da.
Y lo consiguió, triunfó cómo persona. Antes que como mujer. No le importó nunca el sexo ni las diferencias con el hombre. Ella fue lo que quiso ser. Escritora.
Si su padre la viera ahora. Una escritora de existo y reconocida.

Sándwich variado de campo y mar

Vamos a utilizar un pan de molde sin corteza al que tostaremos ligeramente. Una lata de atún, unas hojas de lechuga cortada en juliana, una mahonesa muy ligera, un tomate pelado y cortado en rodajas finas, 4 filetes de bacón al que doraremos en una sartén hasta dejarlo muy crujiente y un huevo duro.
Como habréis visto por los ingredientes no va  a ser el típico aperitivo, o tentempié Ingles, sino un plato contundente y muy variado.
Prepararemos en el primer piso, bajo una rebanada de pan, los crujientes de bacón con las rodajas de tomate, colocaremos otra rebanada a la que pondremos esa mahonesa bien extendida para que no sea excesiva, y sobre ella la lechuga en juliana y sobre ella el atún desmigado.
Sobre todo esto colocaremos la tercera rebanada de pan, a la que habremos hecho con el borde de un vaso pequeño, un agujero del tamaño suficiente para que coloquemos la mitad de ese huevo duro, adornado el final con la otra mitad y ese pan que nos ha sobrado del propio agujero. Hay una variante con huevo frito en vez de duro, a gusto del cocinero o del comensal lo dejamos.
Adornamos con unas patatas fritas.

Consejo, mejor dar un corte en diagonal al Sándwich, con un cuchillo de sierra, nos facilitará su degustación.

Tajadas de Tocino

Estas tajadas de tocino, tiene varios secretos para que estén deliciosas y aquí vamos a descubrirlos casi todos, quizá alguno se quede y es porque cada uno tiene su secretillo, pero os aseguramos que no guardaremos ninguno.
Vamos a partir de un buen tocino de cerdo ya salado, cortaremos en lonchas de un centímetro de ancho, y según sea esta cinto de tocino así nos saldrán de largas.
Primero e importante, en el corte que vayamos haciendo iremos dejando pegadas estas lonchas, es decir, llevan el corte pero parecerá que no lo hemos hecho, mantendremos la cinta de tocino original.
Segundo, en una sartén de buen tamaño, tanto como sea de grande esa cinta de tocino, o bien, más pequeña pero la cinta la partiremos por la mitad, para poder hacer todas las tajadas juntas. Añadiremos muy poco aceite de oliva extra virgen, ya que el propio tocino irá soltando su grasa, o podemos añadir un poco más para poder guardar posteriormente las tajadas terminadas en cualquier orza de barro y poder cubrirlas en su totalidad con esa grasa.
Tercero, la temperatura, debe ser media baja, y colocamos la cinta ya cortada pero sin separar con la corteza tocando la sartén, para que sea la corteza la que se vaya haciendo lentamente para que quede crujiente.
Cuarto, una vez que veamos que la corteza empieza a dorar es cuando vamos separando las tajadas una a una y dejándolas planas en la sartén, para que se vaya haciendo ahora el tocino, subimos el fuego ligeramente, y en un par de minutos por cada cara y retiramos a un plato escurriendo bien esa grasa en la sartén
Y quinto, una vez terminadas las dejamos enfriar en ese plato, sin nada de grasa que habrá quedado en la sartén. Ese aceite, grasa en este caso, mezcla de  vegetal y animal, lo podremos utilizar para guardas estas tajadas en cualquier orza, cubriendo en su totalidad las tajadas. Al enfriarse se volverá por completo blanco.
Y a disfrutar de unos de los manjares del cerdo más prohibido y colocado en todas las lista negra de la dietética y nutrición


Hospital

Dicen que por la ley de protección de datos no pueden decirte el número de habitación de tu padre en un hospital. La salvaguarda de la confidencialidad es total y absoluta, los expedientes médicos de cada paciente custodiados a buen recaudo. La información médica solo se da a personas autorizadas.
Hemos vivido una situación médica estos días. Pero que no es importante ni exclusiva. Y este caso tampoco es algo extraordinario porque esta todos los días, en todos los hospitales, en todas las ciudades están ocurriendo casos parecidos y hablar de médicos siempre es hablar de algo que no funciona correctamente y que nos impide una normalidad en nuestras vidas. Todos hemos pasado alguna vez en nuestras vidas situaciones así. Unas veces de paciente. Otras de familiar o amigo.
Y volviendo a esa gran intimidad de la ley de protección de datos. De tantos ejemplos, de expedientes tirados a la basura por negligencias de unos buenos otros, de las grandes sanciones impuestas. Pues ahora cuento como nuestra intimidad más preciada es vilipendiada hasta extremos inconcebibles. 
Nunca nos habíamos parado a pensar como el trasiego de camas, camillas, sillas de ruedas, por pasillos, corredores, salas de urgencias, son una y otra vez puestas de manifiesto dando la publicidad más absoluta a tu apreciada intimidad de tu salud.
Queda expuesta a caras desconocidas, a conversaciones indiscretas hasta el máximo. Ni puedes traspasar la puerta de una consulta pero si pueden pasearte con una cama por todos los pasillos de un hospital. La entrada, las consultas. Los ascensores atestados de visitantes que observan como un celador te mete en el ascensor y avisa que entra una cama con enfermo, y permanecen un tanto impasibles dentro, leyendo claramente tu historial médico que lo tienes encima de tus piernas con las muestras de sangre y orina, que hace un rato tenían que llevar a los laboratorios. Viva la intimidad, viva la protección de datos de la sanidad. Viva la curiosidad de la gente leyendo que rara enfermedad tiene el enfermo de la cama mientras suben juntos los cuatro pisos. Curiosidad, morbo, indiscreción. Todo. Y qué más da que seas el famoso de turno que la persona más discreta del universo. Todo es público a partir de ese momento. Ser el cotilleo de todos y estar en boca de cualquiera.

Bendita ley de protección de datos. Bendita