Torrada de Escalibada

Algo típico de Cataluña es la escalivada, palabra de origen catalán que significa asar al rescoldo, de verduras como la cebolla, la berenjena, el pimiento y en algún caso el tomate.
Las asaremos en el horno de casa, lo mejor sería en un buen horno de leña. En una llanda colocaremos las tres verduras, la berenjena partida por la mitad y a lo largo, la cebolla entera y el pimiento también entero, para unas 4 raciones, dos berenjenas, dos cebollas grandes y tres pimientos verdes, a 160º durante 1 hora, bien limpias y con unas gotas de aceite por encima. A la media hora daremos la vuelta a las verduras, añadiendo unas gotas de aceite de oliva extra virgen, y continuaremos hasta terminar de asar.
Retiraremos la carne de la berenjena con una cuchara, y reservamos, la cebolla la pelaremos de la capa exterior y la cortaremos casi con los dedos en rodajas, y el pimiento lo limpiaremos de pepita y de piel y lo cortaremos a tiras con los dedos, nada de cuchillo, se debe notar lo artesanal de esta comida.
Lo presentaremos en una rebanada de pan de pueblo, payés, de campo, al que habremos tostado ligeramente con la fuerza final del horno.
Colocaremos en forma separada las tres verduras. Adornaremos con unas anchoas para darle el toque salado a estas verduras.

Como curiosidad este plato es alto en fibra y bajo en calorías. Y una variedad es con bacalao por encima, pero ésta será una nueva torrada

Operación Bikini

Mes de mayo y la operación bikini ya está aquí. Y la operación bañador también. Que los hombres son tan coquetos como las mujeres pero lo callan por vergüenza.
Dos meses infernales de clínicas y gimnasios. De centro de estética y escaparates. De probadores y miradas asesinas del espejo cuando no, de esa maldita báscula.
Dietas estrictas de todos los calibres, de la alcachofa, de la berenjena, del plátano. De aquella que dicen que le fué bien a la amiga de la vecina del conserje del colegio de la amiga de mi hija. La que me impone mi marido, comer poco y mucho ejercicio.
Que días, que meses!!. Recorriendo escaparates, probando bañadores, bikinis imposibles. Ni con el pareo se tapan esas cosas que sobresalen de los cuerpos.
¿Y todo para qué? Para que llegue ese día deseado que nos enfundemos nuestro bikini del año pasado, porque en el nuevo nos da miedo todavía. Bajemos al jurado malvado de todas las amigas de playa y nos catalogamos de lo mismo.
Estamos todas igual. Igual que el año pasado y que el anterior y el otro. Ni un kilo más ni uno menos. Todos los años nos pasa lo mismo. La operación bikini es un fracaso pero nos engaña lo suficiente para hacer el esfuerzo de intentarlo. Y eso ya es bastante.
Pasan los meses y no renunciamos a nada. El bikini nuevo tan ricamente puesto, las cervecitas, las tapitas. Las copitas de la noche. Anda que nos privamos de algo. Total, ya no ha visto y calificado el mundo entero y hemos cortados trajes a las más pintada.
Y vuelta al otoño. Vuelven las faldas largas, los pantalones, los jerséis de cuello vuelto. Se olvidaron las minifaldas, los tirantes, los colores. Y volvemos a los negros, marrones y grises.
Así es el bikini, una ilusión necesaria de estos días.

Se acabó la Intimidad

Te paran por la calle, casi avasallándote, y te espetan: usted se llama fulano de tal. Y vive en esta calle con dos niños una hipoteca a nombre de su ex mujer y su trabajo es precario.
Te quedas sorprendido primero, asustado después. Intentas pedir explicaciones al sabio de turno  y aun te da miedo que siga exponiéndote más claramente tu vida.
Se acabó la intimidad. Se terminó el anonimato. Y eso que eres de lo más privado del mundo. Ni público, ni interesante, salvo para tus hijos o el director de tu banco.
En algo se tienen que entretener algunos, en husmear en la vida de los demás. Y a lo grande. Antes valía el cotilleo del visillo, de la puerta entreabierta, del comentario hurtado en la tienda. Ahora desembarazan tus miserias y las vapulean en el mercado, en la calle, en la espera de la consulta del médico, en los periódicos y hasta en el Google. 
Se finiquitó la intimidad
No tenemos derecho a no ser nada ni nadie, para el mundo. Dejamos de ser grises para ser blanco de todos los ojos y oídos del mundo. La curiosidad siempre está despierta. Es el ogro que todo lo fagocita, que impone su voluntad ante la nuestra. Y además damos paso nosotros mismos a que irrumpa en nuestras vidas. Por desconocimiento, por ignorancia, por candidez o por osadía. 
Todo el mundo puede saber todo de todos y ahora es casi imposible borrar el rastro público o privado de tu vida.

¿Dónde nos hemos metido?

Pulpo a la gallega sobre alcancil, alcachofa, cocida.

Para el pulpo lo mejor es congelarlo antes de cocinarlo porque de ese modo se rompen las fibras musculares que hacen que se quede más duro en el cocinado. Lo sacamos 24 horas antes a la nevera para que se descongele y lo echamos al agua hirviendo con una cebolla y unas hojas de laurel.
En el momento de echarlo al agua lo asustamos 3 veces, esto es, lo metemos y lo sacamos 3 veces, de esa forma veremos cómo se encoje (se asusta). Lo dejamos cocer ya dependiendo el tamaño. En el caso de un pulpo mediano unos 30 minutos serán suficientes.
Lo sacamos, dejamos enfriar y cortamos en rodajas las patas. Si son muy gordas en rodajas más finas que si son patas pequeñas. También cortamos la cabeza en trozos, limpiándola bien, eso si no la limpiamos antes de cocerla (que es lo preferible) dándole la vuelta.
Para los alcanciles, o alcachofas que es lo mismo, las limpiaremos de las hojas exteriores y la parte exterior del tallo, las vamos metiendo en agua con el zumo de un limón, o en su defecto con perejil, esto evitará que se ennegrezcan, aun así algo de ese color vivo se pierde y ennegrecen.
Las cocemos en abundante agua con una pizca de sal, y no más de 15 minutos según el tamaño, a más pequeñas sobre los 10 minutos. Ojo las metemos una vez que el agua este hirviendo. Pasado este tiempo las dejamos enfriar en su propia agua hasta el momento de servir. Otra forma de cocerlas es sin pelar, enteras. 
Las pelaremos una vez cocidas, así también evitamos la oxidación y que ennegrezcan.
Presentamos cortándolas en mitades, y sobre un aceite de canónigos que habremos preparado en un vaso mezclador con aceite de oliva virgen extra y unas hojas abundantes de canónigos, triturándolas con el robot.
Colocamos sobre las alcachofas los trozos largos de las patas del pulpo y rematamos con su jugo.

Una hojita de canónigo en una esquina y una pizca de pimentón dulce por encima.

Nosotros

Me desperté diciéndote te quiero. Te di dos besos en tu cuello. Susurré un amor mío en tu oreja. Te arrebujaste contra mí buscando el calor de mi pecho. No querías abrir los ojos, ni sentir el olor de la luz. Detener tu sueño en ese punto donde nosotros somos nosotros.
El segundo siguiente el nosotros desapareció. No estabas ya. El susurro se convirtió en grito, el calor en hielo y mi pecho en dolor. La soledad era la compañía y la espera desesperanza. ¿Volver?
¿Volver, regresar, reanudar lo dejado a medias? Solo esos segundos siguientes lo saben. Si se cuentan y llegan todo volverá a ser nosotros. Si se cuentan y nunca llegan, al final el nosotros solo se convertirá en solo yo.
Que malo es el tiempo que no ayuda a tenernos, mientras solo soy yo. Y qué bueno es el tiempo cuando llega a ser nosotros.
Cuento los segundos hasta la cifra final en el que nosotros nos digamos te quiero de nuevo.  

Huevos de codorniz sobre Pisto Manchego

Preparamos un típico pisto manchego con Tomate, Pimiento rojo y cebolla. Ingredientes y cantidades, pues sobre un kilo de tomate, yo utilizo el tomate pelado entero de bote, sin el jugo que lleva el bote, 3 pimientos rojos, que primero aso al horno a 180º sobre los 40 minutos, pelándolos y quitándoles la simiente, cortándolos con los dedos a tiras y 2 cebollas cortadas en juliana y pochadas sobre la media hora.
Cocinamos el tomate a fuego muy flojo, añadiendo sal al gusto y unas 3 cucharadas soperas de azúcar para evitar la acidez. Una vez todo terminado por separado, lo juntamos en una sartén para que se mezclen los sabores, y cocinamos sobre la media hora a fuego lo más flojo posible.

Para los huevos escalfados ya los hemos preparado otras veces, Receta Huevos Escalfados pero en este caso serán un par de huevos de codorniz por cada bolsa a los que hemos añadido un aceite de trufa.


Presentamos con un perejil picado por encima.

Nuestro Primer Amor

Suena la campana, la clase acaba, salgo la primera y ahí está, esperándome como todos los días. Mi amor, mi chica. Nos besamos recatadamente, dos chicas no pueden besarse en los pasillos del colegio. Corremos al parque, vamos rápidas a nuestro sitio. Ahí, detrás del gran árbol, con nuestros nombres grabados. Nos cogemos de las mejillas, nos miramos a los ojos, ¡qué deseo más íntimo de poder estar juntas para toda la vida! Nos besamos con pasión. Nos abrazamos, nos tocamos con el arrojo de la inocencia y la falta de experiencia. Necesitamos sentirnos. Piel con piel. Sus manos recorren mis pechos y mi lengua su cuello. La sujeto del culo contra mi sexo. ¡Cómo sentimos el calor dentro...!
Suena el despertador. Las ocho. Me toco los muslos, están muy mojados. Otra vez al colegio. Otra vez el mismo sueño.
Hoy le digo que estoy enamorada de ella. 

Me Resisto

Todo el esfuerzo de una vida reducido a un ladrillo y a una cédula. Reconocer una deuda que no debo. Trabajo de veinte años en levantar tu casa para que ahora un banco, una ley de costas, un ayuntamiento cambiante de politiqueo, destroce tu hogar.
¿Con que humor voy a rellenar un inventario de enseres para que mañana nadie me devuelva lo mio?
Los abogados pleitean con pasión, desmedida a veces, parar conseguir dilatar en el tiempo algo que sin remedio arruinará, no solo materialmente a mi familia, sino moralmente a mi, para que no tenga fuerzas de continuar.

Me niego, me resisto a que la justicia sea cambiante en función de la política. 

La felicidad de mi hijo

Eran las nueve de la mañana y había que entrar en esa entrevista con el forense psiquiatra. El baremo para saber el estado mental de mi cabeza, para obtener la custodia y la patria potestad de mi hijo, era lo más importante. Dentro de mi bolso llevaba todos los documentos acumulados en esos dos años de pelea con el padre, ciudadano indeseable y que pasaría dentro de un par de horas más por el mismo proceso y con el mismo forense. ¿Qué le hubiera costado a mi abogado solicitar por ese proceso telemático toda la información personal y profesional de ese personaje despreciable? La consulta seria más rápida.

Era para mí lo más importante de mi vida, mantener dentro de mi corazón la felicidad de mi hijo, ese indeseable no era una buena persona y menos padre. Necesitaba toda la fuerza de mi abogado

Torrada de tres colores, atún, pimiento de piquillo, anchoa y aceituna.

Algo tan sencillo y tan clásico con una rebanada de pan tostada con unos ingredientes encima que nos entre por los ojos, se abre el apetito solo de verlas.
De unos panes de leña, de esos de antes, cortamos unas rebanas a lo largo y las tostado en el grill del horno.

Preparamos en un bol, el atún de un par de latas, del que más nos guste, en aceite de oliva, vegetal, y no solo atún, puede ser bonito, o migas de bonito. Ya digo que el que más nos guste, que colocaremos sobre la rebanada de pan, y encina unas tiras de pimiento de piquillo de ese ahumado que nos lleva directamente al campo, y sobre este unas anchoas sabrosas de Santoña, o L’Escala, ojo valen de cualquier clase. Adornamos con unas aceitunas verdes sin hueso y unas patatas chips.


Modalidad de estas torradas, tantas como tu imaginación pueda conseguir. Yo te dejo algunas: berenjena, cebolla, y bacalao asados. Una de fiambres variados, tipo fuet y queso curado. De huevos fritos y champiñones, etc.