Embarazo

Hay épocas de mi vida que solo veo barrigas embarazadas, solo veo coches de bebes, miro a las mujeres y las únicas que andan son con barrigas enormes, miras las tiendas y no encuentras ropa normal, únicamente de embarazadas y de bebes. En la tele solo hay anuncios de comida para ellos, y las revistas del corazón solo sacan a las que están preñadas o acaban de parir enseñando a su niño.
Los anuncios de coches salen los que tienen adaptadas las sillitas de niños, y los colegios nada de universidades, solo los de preescolar. Los libros de ayuda al parto, las amigas dando consejos y los papas buscando gimnasios de ayuda al nacimiento común.
Los relojes biológicos maternales no solo son de las mamás, los hombres también los tenemos, o por lo menos a mi me pasa de vez en cuando. Me distorsiona la realidad de mi vida cotidiana, veo cosas que antes no veía, dejan de aparecer cuerpos esculturales para disfrutar de embarazadas preciosas.
Será nuestro lado femenino que periódicamente nos golpea para que no perdamos la pura realidad de nuestro sexo. Hombre-mujer continuamente.
Y eso me gusta, lo disfruto, me llena, me compensa. Y aunque parezca una contradicción me siento más hombre que comprende mucho mejor al resto de los sexos. Si sexos. No sólo hombre, mujer. Que hay más. Muchos más de los que a veces imaginamos. Somos ostras en el sexo. Tenemos varios a la vez.
Y en esta situación me encuentro ahora, viendo mamás embarazadas, niños en coches recién nacidos, tiendas llenas de ropa para ellos e inmerso, más veces de las que imagino, en conversaciones de ginecólogos, tocólogos y leches maternales.

Espero que no se me pase nunca. Es una muy bonita situación periódica a lo largo de mi vida. 

Espaguetis con frutos de nuestros ricos mares

Para dos personas, 200 gramos de espagueti blanco, si lo encntrais negro, hechos a base de tinta de calamar mucho mejor, 100 gramos de gamba roja, 6 langostinos frescos, 150 gramos de mejillones, como una docena, 200 gramos de anillas de calamar a las que trocearemos después, caldo de pescado donde coceremos la pasta, aceite de oliva virgen extra, sal, pimienta, medio vaso de vino blanco y albahaca fresca.
En una sartén grande, ya que será donde terminemos el plato, ponemos 6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, y doramos los langostinos por ambos lados, un par de minutos nada, mas. Reservamos. En ese mismo aceite, hacemos lo mismo con la gamba roja, reservamos. Seguimos con los mejillones. Sobre los 5 minutos hasta que se abran. Dejaran su caldo, y retiramos los que no se hayan abierto, reservamos y por último las anillas de calamar troceadas, que estas sí, las salpimentaremos, y les podremos cuatro cucharadas de salsa de tomate, y medio vasito de un vino blanco, en este caso utilicé una Barbadillo de 2013. Cocinamos sobre los dos minutos y añadimos la albahaca fresca troceada por encima, reservado un poco para decorar al final.
En una cazuela  estamos cociendo la pasta según las indicaciones del fabricante, pero una media de 8 minutos una vez que empiece a hervir el caldo de pescado. Una vez pasado ese tiempo escurrimos la pasta reservando la cantidad de medio vaso de caldo, pero si enfriar, no interesa que la cocción de la misma se corte. Ahora veremos el porqué.
En la sartén donde estamos terminado las anillas de calamar, metemos el marisco reservado, los langostinos, las gambas rojas y los mejillones, cocinamos un minuto y añadimos la pasta escurrida caliente. Cocinamos removiendo todo para unificar los sabores, y servimos.

Decoramos con los mariscos al gusto, y adornamos con un poco de albahaca fresca picada por encima

Dolor Muerte

Y ahora va y se muere. Nos dejo la nostalgia dentro del cuerpo. Ni si quiera esperó un momento a ver la muerte como es de verdad.
Dura. Muy dura, pero real. Dejó su oscura tristeza. La ausencia de su ser.
La muerte siempre es para los vivos. Los muertos no tienen sensación. De nada. Están muertos. Siempre se habla de ella con los demás vivos.  Sin saber realmente lo que es.
Es toda imaginación. Especulación en muchos casos. Y en realidad creamos una muerte especial, en cada caso, que nos convenga y nos convenza de lo que hay después. Nada podrá decirnos lo que es. Ni nadie nos dirá lo que hay.
Solo los que tienen miedo en su vida temen a la muerte. Aunque generalizar siempre es equivocarse. Las excepciones vendrán por defecto o por exceso. Pero la muerte es tan real como la vida.
Yo pienso en la vida. Nunca pensé en la muerte como algo negativo. Es mas. La conozco. La disfruto. La vivo con la mayor pasión posible. Y en muchos casos, muy egoístamente. Para lo que dura. Muchas veces son los demás quienes te la arruinan, te la cambian, hacen de tu vida la suya. No te dejan vivirla. Por eso me vuelvo egoísta. No quiero otra vida que la que elijo, me marco, diseño y vivo. Quiero en cada momento lo mejor que voy a sacar de élla. Siempre encuentras algo o alguien que te la fastidia. Solo quiero vivirla intensamente.
Se lo que hay después. Ya viví en el otro lado. Ya lo conté. Y me gusta. Me gustó. No hay nada malo, nada con lo que no se pueda seguir “viviendo”.

Pero más me gusta la vida. La mía, la nuestra, la vuestra, la de todos. 

Poco a Poco

Poco a poco, día a día fue entrando en mi.
No hay amores iguales, solo hay amores distintos.
De mariposas, de flechas, de pasiones ardientes.
Serenos, y tranquilos,
Los que van deprisa.
Los que van despacio.
Los que vuelan, los que pasean.
Los que crecen con agua, los que suben con sol.
Los que besan, los que muerden.
Los que nacen y los que mueren.
Los de niños, los de ancianos.
Los de jóvenes, de los maduros,
Los de madres, los de novios,
Los de parejas, los de casados.
Los que no quieren que pase el tiempo.
Los que el tiempo les vuela
Los que corren cómo años.
Y los que aburren en segundos.
Todos son amores.
Y todos tienen su vida.

Solo hay que tener una vida para vivirlos

Un Sueño extraño

Un sueño extraño de superación y autoestima tuvo aquella noche. Alguien que era el último mono de la clase después de 16 años. El títere al que todos tiraban bolas cómo centro del mayor desprecio y sobre todo Carlos. Era el canalla mayor, ser despreciable hasta el extremo de haber mirado el suicidio en más de una ocasión. De palizas tanto físicas como psicológicas estaban llenas las más de 500 semanas de su vida paralela a la de Carlos. 
Aquella mañana de vacaciones sufriría de nuevo el acoso de Carlos en sus marchas a lo largo de los acantilados. Le gustaba a primera hora de la mañana, sin testigos que le molestara en sus largas caminatas. Pero ese Carlos le buscaba casi siempre para mofarse de él. 
Venía a su encuentro corriendo, era un gran deportista.
Pero a la segunda palabra de insulto, tropezó con una piedra y cayó por el acantilado.
Nunca más bajó su autoestima.

Lomos de Merluza con salsa de Limón.

Para dos personas 4 lomos de merluza, unos 400 gramos en total, un caldo de pescado, 6 langostinos, 100 gramos de judías verdes, una patata grande, el jugo de un limón, azúcar moreno, miel de azahar, aceite virgen extra, sal y pimienta.
En una sartén sellaremos los lomos de merluza salpimentados en un par de cucharadas de aceite virgen extra, un par de minutos por cada lado a temperatura media, y reservamos.
En ese aceite con sus jugos freiremos una par de minutos los langostinos pelados solo de las colas, sin quitar la cabeza ni el final de la cola, reservamos.
En un cazo coceremos las judías verdes ya limpias y cortadas junto con la patata troceada a cuadrados, más o menos, en un caldo de pescado que antes habremos preparados con unas espinas de algún pescado, dos puerros, y unas zanahorias.
Para la salsa, en la sartén donde hemos sellado los lomos y frito los langostinos, sofreímos media cucharada de harina y cocinamos para que pierda su sabor, añadimos el caldo de cocer las verduras y patatas, añadiendo el jugo del limón, cocinamos hasta dejar una salsa ligera, rectificamos de sabor añadiendo el azúcar moreno, sobre una cucharada sopera y otra de miel. Probamos al gusto hasta quitar la acidez del limón, pero sin pasarnos de dulzor., reservamos.
En una fuente de cristal de horno, colocamos los lomos de merluza, añadimos la salsa, y los langostinos, y metemos al horno, ya precalentado a 150º durante diez minutos.

Presentamos en una plato al gusto, los lomos, los langostinos a un lado, y las verduras y patatas a otro, adornamos con la piel de un limón en un adorno.

Miedo a…

No tener miedo a que te muevan, no tener miedo a perder a los tuyos, no tener miedo a lo desconocido, no tener miedo a empezar una y otra vez cosas nuevas, no tener miedo a experimentar, no tener miedo a fracasar, no tener miedo a tu propia vida, no tener miedo a intentarlo, no tener miedo a fallar. No tener miedo a la noche, no tener miedo a la oscuridad, no tener miedo……
¿no  será que tenemos miedo a nosotros mismos? Y solo es una excusa a no enfrentarnos con la realidad de la vida.
Somos jóvenes, somos muy mayores, somos inexpertos, tengo mala suerte, me da miedo el éxito, no estoy a la altura, no se dirigir, no me gusta que me manden, todo son disculpas, pretextos para no hacer lo que realmente debemos. 
No tener miedo, eso es lo que en la vida da seguridad y estabilidad emocional. No es nada fácil tener la autoestima por las nubes, no es fácil enfrentarse a la vida por derecho, no es cómodo ser como eres en realidad.
Todos esos miedos son en realidad no ver que los demás son igual que tú y que todos podemos llegar a ser lo que cada uno queremos. Nos agobian los miedos, nos abruman. ¿No sería mejor enfrentarse a cada uno de ellos según van surgiendo?, no nos de pereza a ello, cuanto antes mejor, son más pequeños y fáciles de solucionar. Arreglemos el más urgente, la situación mas cercana e importante, eso nos dará confianza, vuelca en ese momento toda tu energía en conseguir tu triunfo, y gústate resolviendo lo que tu quería conseguir.
No te excuses, no te de pereza, frena ese primer miedo de la mañana, volverá tu seguridad y tu estima.

Solo tenía 20 años

Tumbado en la camilla de un hospital, en la sección de boxes, vaya nombre para designar a un espacio lleno de camillas y sillones llenos de enfermos doloridos en espera de un resultado, de cariño y afecto, de atención y de intimidad, descubrí la cara de sufrimiento real en una criatura de menos de la veintena. Más de veinte personas estábamos allí. Desde un simple dolor de lumbago, hasta la extinción de la vida de una anciana casi centenaria, de un brazo roto a una posible apendicitis, de un ataque de alergia agudo a una borrachera del 15. Todas eran unas caras claras de su estado. Allí no es fácil estar sin estar realmente donde se debe estar. Los que se hacen y no son, no están.
Esa cara no era la normal del resto. Esa cara no era a de una enfermedad de boxes. Esa cría ni se quejaba, su expresión corporal no era la normal y lógica de ese sitio.
Mira que la fauna era atípica. Pero no era una la habitual. No era pareja dentro de ese sitio. Desentonaba. Destacaba para un observador cómo yo. Del borracho con media camisa y pantalones por debajo del culo, más sucios que si los hubiera sacado del basurero, ya chistoso sin gracia. A la chica de pantalón short con una apendicitis agarrándose la tripa y mueca de ningún amigo. Al señor agarrado a los brazos del sillón cómo si fueran sus bastones de vida intentando que el oxígeno entrará más rápido que el huracán más fuerte. A esa cara de tez amarillenta que la sábana le cubría hasta la barbilla, boca abierta esperando el último soplo de su existencia. Con la caricia de su hija viendo en sus ojos como se escapaba lo más querido sin poder hacer nada. Toda una fauna de enfermedades, unas comunes otras de muerte y donde todos más o menos sabíamos de los otros.
A voces gritaban tu nombre para saber donde estaba tu sitio y llevarte a un quirófano, a una radiografía. A un box donde el médico te diría que el alta te la daba ya o que tu familiar venía a traerte una botella de agua para un análisis de orina.
En 3 horas da para mucho. De estar casi solo a no poder meter una camilla más. Hay fotos fijas que pueden ser equivocas en cualquier situación. 
Pero aquella chica de veinte años seguía y seguía allí. Sentada en un sillón. Gotero en su vía y vida que se iba. La única que no pronunció palabra, ni queja, ni quejío. La única que se mantuvo sin mirada, sin ver. Sin estar. La única que nunca salió del hospital con vida.

Solo tenía veinte años. 

El que Ama


Cuando se terminó de amar pocas palabras quedan por salir, muchas lágrimas, algunas a borbotones otras ahogadas en nudos imposibles de deshacer. En caricias truncadas, en deseos de besos apasionados, en miradas ciegas con ojos vivos. Vacío total lleno de desesperanza. Esclavo de tu corazón. En espera de palabras llenas de malditos silencios. Carmines en los recuerdos de labios llenos, rojos y rosas, tierras y cálidos. Lágrimas saladas que inundan océanos. Sueños de pasiones de cuerpos inexpertos erizando los anhelos perseguidos. Orgullo henchido de errores convencidos. Colocarte en lugares que nunca tuviste sitio. Promesas dichas y nunca cumplidas.

El que ama, siente. Y el que siente vive. Y el que vive sufre.

Arroz de Verduras de la huerta Murciana

Vamos a necesitar para dos personas 4 alcachofas, 2 puerros, unas 20 judías verdes, 2 zanahorias, 2 ajos, medio pimiento verde, o uno pequeño, y lo mismo de rojo. Una par de cucharadas soperas de tomate frito, si es casero mejor todavía. Una cucharada de café de pimentón dulce, a quien le guste el picante ya sabe. Unas hebras de azafrán, 200 gramos de arroz, 6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, sal, agua y mucho amor, como en todo en la vida
En una cacerola vamos a cocer las verduras por este orden, las 2 zanahorias enteras y limpias, los 2 puerros, enteros y limpios de tierra y las judías verdes, cortadas a un tamaño para comer de bocado. A los 10 minutos de cocción añadiremos las 4 alcachofas, limpias de hojas duras y paridas por la mitad. A esa cocción le añadiremos una pizca de sal, como una cucharada de postre. ¿El porqué de los tiempos de cocción de las verduras?, pues sencillamente porque el puerro y la zanahoria tardaran más en cocer que las alcachofas y además no las vamos a utilizar en el arroz. Las alcachofas las queremos muy al dente. Terminaran su cocción con el arroz en su momento.
En una sartén con 8 cucharadas de aceite vamos a freír los dos pimientos cortados en trozos no muy grandes, junto con los dos ajos. Una vez rehogados añadiremos las dos cucharadas de tomate y el pimentón. Cocinamos un momento par que el pimentón no se queme y añadimos el arroz, que sofreiremos hasta que absorba los sabores del sofrito.
Fuego muy fuerte y añadimos el caldo de la cocción de verduras un poco menos de la medida reglamentaria para que salga un arroz seco. Ya le añadiremos un poco más a media cocción. Añadimos en este momento las hebras de azafrán, colorante alimenticio también es válido. Lo mantenemos así durante 5 minutos, y bajamos el fuego al mínimo, ahora necesitamos una cocción lenta.
De la cazuela habremos sacado las judías verdes y las alcachofas, y es en este momento, sobre los 15 minutos de cocción del arroz cuando añadimos las verduras. Ya las tenemos casi cocidas y solo necesitamos terminarlas junto al arroz.
Nos faltara a los 15 minutos un poco de caldo, que añadiremos en la misma temperaturita que tenemos en el arroz.
A los 18 minutos tendremos terminado el plato. Mi truco: subir la temperatura al máximo durante ese par de minutos, tostaremos el arroz ligeramente por abajo y a mí me encanta así.
Variantes, las que queráis, más verduras como guisantes, habas secas, las mismas zanahorias, los puerros, etc.

La presentación a vuestro gusto