• Arroz,  garbanzo,  jamón,  Recetas

    Arroz con garbanzos y jamón. «Empedrao»

    Este arroz es una receta de mi abuela Josefa, madre de mi mamá. Y es un homenaje a ella, por supuesto.
    Los ingredientes para 4 personas son: 350 gr de arroz, 150 gr de garbanzos, 100 gramos de una punta de jamón, 2 tomates, pimentón dulce, agua, sal, aceite de oliva, perejil
    Elaboración de la receta. Ponemos los garbanzos a remojo el día anterior. Los cocemos en agua, sal y perejil. En una cazuela plana sofreímos el tomate, el pimentón y la punta de jamón que habremos troceado, con un poco de aceite. Añadimos este sofrito a la cazuela donde están cocinándose los garbanzos. Cuando le falten unos 15 minutos para estar en su punto, añadimos el arroz, y seguimos cocinando a fuego muy lento hasta dejar un arroz meloso que se terminará de hacer con el propio calor, dejar reposar 5 minutos y servir.

    Mi amadísima abuela Josefa le llamaba un buen «Empedrao», seguro que era un recurso de unos garbanzos que le habían sobrado de algún cocido. Peo esa es otra historia.
  • bechamel,  croquetas,  espinacas,  Pasas,  Recetas

    Croquetas de espinacas

    Una croqueta más de las muchas que se pueden hacer o inventar.
    Ingredientes (2 personas): 150 gr. de espinacas frescas, 50 gramos de pasas sultanas, 30 gramos de piñones, 1/2 l. de leche, una buena cucharada de harina, una nuez de mantequilla, aceite de oliva (AOVE), sal, nuez moscada, pimienta recién molida. Para el rebozado: huevo y pan rallado.
    Elaboración: En una cazuela con agua, vamos a escaldar las espinacas con un solo hervor, y las retiramos enfriándolas con agua helada. En una sartén con una cucharada de aceite, salteamos las espinacas añadiendo las pasas hidratadas y los piñones. Reservamos.
    Preparamos una bechamel, la hemos explicado muchas veces, aquí tenéis la receta.
    Cuando la tengamos lista de sal, pimienta, y nuez moscada, añadimos el salteado de espinacas a las que antes habremos picado a cuchillo para trocearlas bien.
    Cocinamos todo junto unos 5 minutos. Colocamos esa masa en una fuente y dejamos enfriar, yo le pongo, tanto a la fuente en vacio como luego a la masa, una ligera capa de aceite para que no se peguen ni haga costra.  Y para terminarlas le damos a la masa la forma que más nos guste. Las pasamos por pan rallado, huevo y de nuevo por pan rallado. Fríelas en abundante aceite muy caliente. Sirve las croquetas y adorna el plato con perejil picado.

    Aprenderemos una nueva croqueta y un sabor delicioso. Las pasas y los piñones son opcionales.
  • chorizo,  judion,  Recetas

    Judiones con chorizo casero

    Para cuatro personas 300 gr. de judión blanco, 100 gr. de chorizo casero, 2 dientes de ajo, 1/2 cebolla, 1 patata, 1 tomate, agua, aceite de oliva (AOVE), sal, 1 cucharadita de pimentón dulce, 2 hojas de laurel. 
    Pelamos los ajos, el tomate, pica la cebolla y rehogamos en una cazuela grande con un chorrito de aceite. Añadimos el pimentón y los chorizos troceados, rehogamos.
    En una cazuela colocamos los judiones y cubrimos con agua, dejamos hervir suavemente durante 45 minutos. Añadimos las patatas troceadas, cascadas, Cocinamos por espacio de unos 30 minutos hora a fuego muy suave. Añadimos las hojas de laurel.
    Todo el sofrito que hicimos con la cebolla y el chorizo lo incorporamos al final de la cocción, cocinando por tiempo de 10 minutos, rectificamos de sal en su caso
    Servimos los judiones blancos con chorizo en plato hondo.

    Una delicia
  • Cabeza de mis Cosas

    La hucha amarilla

    Esa mañana fue muy especial. Venía el padre Arnal a contarnos una historia de África. Allí había niños como nosotros que pasaban muchas necesidades. Era la historia que a mi corta edad estaba deseando escuchar. Cinco años atrás la contaban los mayores y piro fin llegó mi momento de ser el protagonista de oír de su voz la famosa historia y su consabida competición.
    Había que recaudar dinero en unas huchas amarillas con tapa azul y un candado. Yo las llevaba viendo años atrás y quería que ya me tocara a mí sacar dinero para los de África.
    Al terminar de contarnos la dichosa historia, la verdad es que me parecía tan extraña a mi edad, que más parecía un cuento que la realidad; nos pusieron por parejas y repartieron las famosas huchas. Primero hicieron una lista con los nombres de cada uno que formábamos las parejas en orden de como las iban dando, luego las repartieron y a mí que tengo el apellido del final del abecedario me tocó con mi compañero de pupitre pero esas huchas amarillas de tapa azul y candado se habían acabado y nos dieron un bote de Colacao pintado de amarillo y una tapa de hojalata con una raja en medio. Vaya gracia. Tantos años esperando la famosa hucha y ahora me tocaba la mirada de un bote.
    El caso es que durante la semana y hasta el lunes siguiente teníamos que recaudar dinero.
    Yo le dije a mi compañero Ricardo que se llevara la hucha, el bote, a su casa, que le fuera pidiendo a toda su familia, incluso a quien se encontrara por la calle, yo me quedaría la hucha el fin de semana.
    Pasaron los días. El martes, el miércoles, el jueves y Ricardo decía que nadie le echaba nada, solo su padre y su madre. Le dije que el viernes fuera a ver a sus abuelos. Esos siempre nos dan todo lo que pedimos y por la tarde me daría el famoso bote.
    Casi llorando me lo dió.
    -no te preocupes. El lunes ganaremos de sobra. Ya verás.
    Incrédulo por mis palabras, me la dió y nos despedimos.
    El lunes vería la gran sorpresa. La hucha a reventar. Y ganamos la competición de calle. La caja de los colores Alpino de veinticinco y el estuche de dibujo técnico con su caja de tiralíneas era nuestro.
    -¿pero cómo lo has hecho?
    – fácil. Lo llevo pensando cinco años. El domingo me recorrí todas las iglesias. Y a la misa de cada una. Y a la hora de las limosnas, me adelantaba yo con la hucha y me la llenaban hasta que el cura mandaba al sacristán a por mí. Pero a correr no me ganaba nadie.

    Esa caja de tiralíneas tenía que ser mía 

  • atascaburras,  bacalao,  huevos,  nueces,  patatas,  Recetas

    Atascaburras

    Para dos personas, 300 gramos de patatas, 200 de bacalao salado en migas, 3 huevos, 2 dl de AOVE, 5 nueces.
    Cocer las patatas con piel, lavadas, unos 30 minutos. Cocemos en la misma agua y a la vez los huevos, que retiraremos en su momento para no pasarlos de cocción. Reservamos el caldo de la cocción.
    El bacalao desalado, según los hábitos de las veinticuatro horas con dos cambios de agua, lo cocemos entre 5 y 10 minutos según sea de grande los trozos. Guardamos el caldo.
    En un Mortero grande, pero grande de verdad, picamos un ajo con una pizca de sal con el mazo, añadimos las patatas cocidas y peladas, vamos machacando hasta dejar un puré fino, añadimos la miga de pan a pocos, y seguimos con el mazo dándole.
    Añadimos el aceite a poquitos y seguimos con el mazo machacando. ¿Cuánto aceite? Nos lo irá pidiendo este puré, hasta que llegue el momento que veamos que no admite más.
    Para darle una textura fina, vamos añadiendo un poco del caldo del bacalao y, según la sal, añadimos el caldo de la cocción de las patatas, hasta que tengamos un puré a nuestro gusto.
    Añadimos el bacalao cocido y muy desmigado, lo mezclamos con ese puré.
    Añadimos ahora el huevo duro troceado y mezclamos.
    Decoramos por encima con trozos de huevo duro, un chorreón de aceite y una nueces al gusto.
  • calabaza.,  garbanzo,  judía verde,  olla,  Recetas

    Olla gitana murciana

    Vamos a preparar una Olla gitana murciana
    Ingredientes para cuatro persona: 250 g de garbanzos, 1/2 kg de patatas, 1/4 kg de judías verdes, 1/4 de calabaza, 1 Tomate maduro, 1 Cebolla pequeña, 1 l de caldo de carne, 1 cucharadita de pimentón, 1 ramillete de hierbabuena, Aceite de oliva, Sal
    La noche anterior tendremos los garbanzos en remojo. En una cazuela colocamos los garbanzos, añadimos las judías verdes y la calabaza troceadas y cascamos las patatas.
    Cocemos por espacio de tres cuartos de hora a una hora, según la dureza de los garbanzos.
    Por otro lado preparamos un sofrito con el tomate y la cebolla rallada, en dos cucharadas de AOVE, cuando este sofrito añadimos una cuchara de pimento dulce.
    Sin que llegue a quemarse el pimentón, añadimos este sofrito a la olla de cocción.
    Cocinamos por quince minutos más y servimos.
    Yo lo presente con unas hojas de hierbabuena fresca, en su defecto, seca.
    Plato muy arraigado en la región murciana y la Andalucía Oriental, con unas variantes que van desde ponerle Zanahoria a las peras.
  • Cabeza de mis Cosas

    Valiente

    Una ciudad pequeña, con calles blancas y de ligeras pendientes, bañadas por el clima excepcional levantino siendo una villa del interior, gente sencilla, muy humana, vive de lo que da la tierra, marca su carácter.
    Ella, una mujer de su casa, amante de su familia, de sus niños, se revelaba a una situación de encierro en esa urbe de barrotes de madera de olivos y almendros. Su horizonte estaba en la luna, aunque muchas veces adivinaba los rayos del sol. Hambrienta de todo, no había nacido en la ciudad donde podía satisfacer sus grandes anhelos de cultura. Formada en la simple escuela, todo lo que caía en sus manos lo devoraba hasta adivinar los entresijos de su funcionamiento. Sobre todos las hojas de los libros. Y digo las hojas porque muchos de ellos solo tenían hojas, ni tapas, ni fundas, ni prólogo, ni finales. Pero esas hojas le enseñaban un nuevo mundo mucho más amplio del que tenía en su cárcel de corto paseo. El desayuno en la plaza, los cotilleos, de la merienda, la salida a por el pan. Y los extraordinarios que le daba su marido con algún viaje por los alrededores a conocer que había detrás de esos almendros y naranjos.
    Llegó la herramienta, la llave, el instrumento de ampliar su vida, de llevarla donde le faltaba, esas estanterías vacías y yermas que habitaban en su cabeza. Ese ordenador le habría las posibilidades nunca previstas en su bella ciudad pero tan corta en más vidas. No se conformaba con el solo hecho de dejar pasar su vida sin traspasar sus fronteras sin pasaporte.
    Descubrió que había más vidas, más opiniones, más cultura, más mundos, más historias que vivir, mas cosas por aprender, más emociones que sentir. Más documentos por leer, más libros con tapas por sentir. Ambiciones que fuera cumpliendo con esfuerzo, se sentía, mínima, baja, por debajo de ese mundo que ahora le tendía la mano. Le agobiaba no estar a la altura.
    No sabía que ella tenía algo que muy pocas personas tenemos, un pundonor sin límites, un sentido del ridículo excepcional. Y unas ganas por aprender que no tenían límites. Y más ahora que los almendros, los naranjos y los olivos solo eran unos árboles de sombras y frutos, y no barrotes de cárcel.
    Preguntaba, si hacía falta, mil veces lo mismo, encontraba comprensión, aprendía, rectificaba, se ilusionaba, se movía poco a poco en otro mundo, su ambición creía al ritmo de su cultura. Nadie es más que nadie. Esa es era su meta. Tú sabrás de tu vida y yo aprenderé hasta donde mis librerías se llenen en mi cabeza.
    No tenia limites aquellas baldas, se iban llenando de libros, de hojas, te técnica, de tecnología, de conocimientos. De espontaneidad. De saber. De experiencias.

    Una luchadora, una superación de esfuerzo, una persona valiente.
    A ti Rosana