Lucas

Empezó muy pronto su escritura. Al filo de la una. Su andadura ha comenzado con paz y alegría, recibido con entusiasmo y pasión. Amor desmedido, en este caso comprendido.
Hoy es un gran día. Hoy es uno de mis grandes días.
Y será el mejor día de su vida.
Recibido con esperanza, con deseo contenido y espera nerviosa. Lo primero que nos presentó fue su cara recién bañada por el aire, nunca antes había sentido ese nuevo medio.  Ojos impresionantes, mirada despierta, gesto firme y labios de carácter. Solo asomaban sus pequeños dedos con uñas blancas y largas que ya habían dejado sus marcas en su delicada piel.
Marcará su vida su frente. Ancha y despejada. Nariz chata pero define su línea con decisión.
Llega rodeado de cariño, de amor y deseo. Vas a luchar por tus sueños, siempre llenos de metas por alcanzar. Se libre, no busques cadenas, mirada alta, lucha, arriesga, sé constante.

Vive, disfruta de tu vida. Bienvenido Lucas. 

Cotilla

Las redes sociales son nuevas formas de enterarse de las vidas ajenas. Un cotilleo total de vidas ajenas. Hay personas cotillas, chivatas, chismosas, correveidiles, y eso es lo que está pasando con estas redes. Está en la condición humana el fisgón y que además lo cuenta.
Sus vidas propias son simples. Tanto que están faltas de contenido y las rellenan con vidas ajenas haciéndolas propias. Se meten, opinan, critican, desbrozan, destrozan. Simplezas que solo en su corta existencia, y no de tiempo, dan grandeza de sabiduría.
Exponen, se exponen, cuentan, radian su propia vida al viento. Paso a paso. Minuto a minuto. Sin más importarles que los demás se lo digan y consientan.
Ese sentimiento de pobreza vital les reafirma para sentirse con la fuerza de hacer exactamente lo mismo con las vidas ajenas. Que ni cuentan ni se exponen. Simplemente trasladan hechos. Cuentan historias o demuestran sus habilidades. Pero nunca su vida privada se explica.
Ahora es cuando ven en las demás la que ellas no tienen. Vida propia. Vida privada. No existe vida fuera de las redes, no hay nada en la vida real. No hay amigos, no hay amigas. No se habla por teléfono, no se mandan cartas escritas, no hay libros, ni un café acompañado.
Que no tienen otra cosa que hacer en sus vidas que contar la de los demás en público y por privado. Contarle a uno lo del otro. La una la de la otra. Esa gran figura del cómico José Mota, la vieja del visillo, es claramente lo que está degenerando muchos casos de perfiles en las redes.
Las consecuencias inevitables de rupturas de amistades creadas en la falsedad de la red. Ansiedades enfermizas por la falta de respuestas deseadas. Agobios patológicos que degeneran en depresiones totales.

Estas son las consecuencias de una real realidad irreal. 

Reloj de Arena

Al reloj de arena no le dio la vuelta, simplemente le puso la mano encima y la arena empezó a subir.
No dejó el reloj hasta que el tiempo recorrió su amargo camino en dirección opuesta al ya recorrido.
El mundo por un momento se paralizó y lentamente su sentido de giro cambió de izquierda a derecha.
Los sucesos acaecidos se deshicieron a la misma velocidad con la que habían ocurrido.
La sangre volvía a su cuerpo, el cuchillo salía de su garganta, y los ojos se abrían de nuevo.
El canalla se retiraba lentamente, como había llegado.
Justo en ese momento levantó la mano del reloj, sacó su pistola reglamentaria y apuntó certeramente entre sus ojos.
Juzgado y condenado por el intento de asesinato de su ex mujer.
Solo el poder del reloj de arena había conseguido salvar una vida.

CORRESPONSAL

Cuando vas a la guerra corres el riesgo de que te supriman, de que te maten. En la paz corres el riesgo de que mueras o de que te aparten.
Y solo por esa gran diferencia es por la que unos valientes, amantes de su profesión, se juegan la vida, que los supriman, para que otros, en la paz, se enteren de que en las guerras hay muertes no deseadas. Muertes o asesinatos. Da igual, el que muere no quiere morir y el que mata, sí quiere matar. Una gran desavenencia en las formas de entender un conflicto.
Los que andan con armamento de películas fotográficas, con tarjetas micro SD, con réflex de última generación, no disparan fuego, pero si reflejan el fuego, el horror de una sinrazón. Plasman en los ojos de la paz los horrores de la otra tierra, esperando que los que están sentados en sus cómodas butacas salten por el ruido de las imágenes de cientos de almas rojas cubiertas de la insensatez de muchos.
Sus chalecos no terminan en puntas, ni son de colores de sedas, ni cubren el cuerpo entero; las balas, a veces, no entienden de trayectorias precisas y se alojan entre ojo y ojo; no rebotan en el Kevlar, entran en el bajo vientre y duelen hasta eliminar la posibilidad de que la réflex con Wifi transmita su propia muerte.
Son personajes de aventuras, o son idealistas de vocación. Son los que ellos quieren ser. Y quieren con una imagen retorcer a los que estamos llenos de avaricias y lujurias.

Pocos hacen mucho. Nos dan donde más nos duele, pero el problema es que cada vez el callo es más duro y está más lejano de nuestra alma.

Crujiente de morcilla sobre patata asada

Una tapa sencilla pero muy llamativa y espectacular.
Nos vamos a basar en las típicas patatas asadas al horno, la receta ya la tenemos en el blog “Patatas asadas con alioli” La reproducimos ahora: Vamos a elegir una patata nueva, mediana tirando a pequeña, que casi nos entre en la boca de un solo bocado. Las lavamos muy bien por fuera para eliminar todo rastro de tierra o suciedad. La cortamos a lo largo por la mitad longitudinal, por la parte más alargada, con una puntilla, cuchillo pequeño afilado, damos unos cortes paralelos en ambos sentidos, sin llegar a traspasar la piel por debajo. Queremos mantener la piel en todo momento, la comeremos sin problemas.
Una vez dados esos cortes, salpimentamos y añadimos unas gotas de aceite de oliva virgen extra entre esos cortes, colocamos en una llanda de horno, una fuente de cristal para horno, y las mantendremos en el horno precalentado a 180º durante 40 minutos más o menos hasta que las veamos por encima doradas, tostadas, pero no quemadas.
Para el crujiente de morcilla, vamos a tener seis morcillas de cebolla, la típica en media España, aunque puede valer cualquiera, incluso la de arroz de Burgos. Vamos a quitar la piel y la masa la vamos a extender en un papel de hornear, estirándola lo más que podamos sin romperla. Colocaremos un papel más por encima, pondremos todo en una llanda al horno a 50º durante una hora, tenemos que dejar la masa de la cebolla deshidratada y crujiente y para eso no es necesario altas temperaturas, sino tiempo.

La presentación, un par de cascos de patata y el crujiente por encima, adornamos el plato con un pimentón o unas hojas de perejil fresco. 

Naturalezas

En estos dieciocho meses que llevo en estos lares, he podido comprobar que la naturaleza es cambiante según las condiciones del lugar donde te encuentras. Algo lógico pero que muchas veces no damos más importancia que al hecho de sentirla, sin profundizar en el porqué del hecho mismo.
Me explico. Un ciudadano que vive en un sitio determinado, con unas condiciones de temperatura y altitud determinadas, y que nunca ha salido de ese lugar, no entiende como en otra parte del globo terráqueo hay otras condiciones. Solo que son distintas y, como casi siempre, además las envidia.
Este tiempo que llevo viviendo aquí, descubro que el clima no sólo está en función de la temperatura, sino también de las condiciones de latitud donde se ubica la ciudad. Con muy poca distancia, quizá debido a la propia orografía, se pueden tener cambios muy importantes en las condiciones habituales de vida. El subir un par de kilómetros en altura, desplazarse a través de una montaña una decena de kilómetros o estar protegido por el valle de turno, hacen que las condiciones sean muy particulares.
Todo esto nos lleva a que las personas que vivimos en esos sitios determinados, no son exactamente iguales, están influenciadas por ese hábitat particular. Donde las condiciones condicionan sus vidas. El calor, el frío, la altura, la distancia, la luz, el sol, la luna, el aire o el agua les lleva, nos lleva a una vida, a un carácter, a unos sentimientos tan distintos unos de otros.
El frío, la falta de luz, los días sombríos y mercurianos, nos hacen personas más tristes y con muchas carencias.
Los sitios de luz total, calor extremo, noches cortas, hacen de esas personas, más espontáneas, más bulliciosas, más alegres.

El caso es que siempre estamos envidiando lo que tienen otros, sin apreciar que lo nuestro siempre tiene sus valores. Queremos estar dónde no estamos y ser quienes no somos. No es cuestión de inconformismo, sino de envidia, a veces sana, otras visceral.

Cuando mi alma vuele

Cuando mi alma vuele y deje mi cuerpo, el día se convierta en noche y la eternidad sea alcanzada; la soledad desista en ser mi compañera de vida terrenal y se convierta en la paz del espíritu.
Los espacios se llenen únicamente de sentimientos, el verso se vuelva libre y aflore sin retraerse.
Solo entonces la felicidad será completa, la tristeza se convertirá en alegría, la envidia en pasión.

Y el amor en existencia 

Zarangollo de calabaza (Ciezano)

Plato muy típico de Cieza (Murcia), y más en las fiestas de primavera.
Vamos con la receta, que consta de cuatro ingredientes básicos, el huevo, Calabaza Cucurbita y particularmente en una calabaza de invierno, la calabaza butternut, la ñora (pimiento seco), la patata y la cebolla
 
El resto, aceite de oliva, AOVE, sal, y mucho cariño.
Cantidades, pues para dos personas, dos patatas medianas, 200 gramos de calabaza, una cebolla grande dulce, cuatro huevos de codorniz o dos de gallina, dos cucharadas de AOVE, y una pizca de sal y otra de azúcar.
Yo esta receta la preparo como si fuera para hacer una tortilla de patatas. Es decir, en una sartén cada una de los tres ingredientes que hay que cocinar.
Para ello, vamos con la calabaza, la limpiamos de la piel con un buen cuchillo afilado, la piel es muy dura. Troceamos lo mas pequeño que nos permita nuestra habilidad y cocinamos en una sartén con menos de una cucharada de AOVE, a fuego muy flojo, añadimos unas pizca de sal y otra de azúcar. La calabaza suelta menos agua que el calabacín, por lo que el tiempo será de una media hora.
Seguimos con la cebolla, a la que pocharemos en una sartén a parte, cortándola en juliana y al igual que la calabaza, a fuego muy flojo y la misma cantidad de AOVE, la terminaremos en media hora. En ese momento añadimos las ñoras limpia, troceadas y sin pepitas, rehogamos un par de minutos, reservamos unos trozos de ñora para decorar al final.
Y las patatas, peladas y cortadas en rodajas como para la tortilla de siempre, cocinamos como siempre, a fuego medio y con una pizca de sal.
Cuando tengamos las patatas cocinadas y las cebollas las juntamos en la misma sartén para que los sabores se unifiquen. Cocinamos por cinco minutos, rectificamos de sal.
Es el momento de los huevos, los freímos en una sartén, sin AOVE si son de cordorniz, si son de gallina, pues como siempre con el aceite muy caliente para que la clara se cuaje en puntilla y la yema quede líquida.
Presentamos en unas rebanadas de pan ligeramente tostado, y adornamos con unos bastones de calabaza, los trozos de ñora por encima y los
Plato que se puede comer frio, templado o recién hecho. Como tapa excepcional. Su sabor saldo y dulce a la vez contrasta con el tono de la ñora.
Una exquisitez.
A mi amiga Matilde