Números

Reconocido chef español entró a comer a un restaurante de cierta categoría y por deformación profesional iba mirando cada uno de los elementos de ese establecimiento, reconociendo en cada momento que estaba bien y que mal. Una cubertería especial, una vajilla de diseño, una mantelería de hilo de Escocia, en fin, su ojo crítico iba desgranando las peculiaridades del sitio.
Un fabricante muy considerado de cerámicas de suelo tenía el consabido problema de reconocer la calidad de todos los pavimentos que pisaba, su profesionalidad le llegaba a extremos de saber de qué materia prima estaban hechos y su lugar de procedencia.
Un director comercial de una afamada empresa de aluminio no dejaba de tocar ventanas y puertas por donde pasaba. Adivinando su procedencia, la competencia y la calidad.
Dicen que los números hablan, se recuerdan. Hay quien puede memorizar las matrículas de los coches, los números de teléfono. Algo realmente intrigante. Pero identificar números con caras. Unir una cifra a una persona, es algo que me asombra. Y más en estas fechas.
Hoy es el día de la Lotería por excelencia. Y eso que hay más de 100 sorteos al año. Pero el 22 de diciembre es la fecha de la suerte o de la salud. Hoy salen esos números mágicos que todos ambicionamos tener en nuestras manos y verlos salir de esos bombos y colocarse en esos alambres, cantados con un soniquete que todos reconocemos. Y a las dos horas las loterías se llenan de parroquianos a enterarse de su suerte o la suerte de los demás. Son los periodistas, junto con los banqueros, los más interesados en saber de los afortunados. Y el dueño, dueña, empleado, empleada, cuentan y recuentan los décimos vendidos, los números de su despacho de lotería. Y lo asombroso es que son capaces de recordar los números vendidos, el día que lo vendieron y más espectacular, a quién, cuándo y cuántos décimos. Alucinante esa deformación profesional. Es su trabajo, seguro que tienen muchos abonados, los mismos, durante años. Esos sí. Se recuerdan cómo el fabricante de cerámica o el chef viendo un alimento, pero esos números nuevos, esa serie única que nunca se tuvo, esos decimos sueltos vendidos llegados por casualidad a la lotería y esos dueños o empleadas, son capaces de unir la cara, al décimo, al día, a la hora.

Me asombrará siempre esa facultad profesional.

Morir de Amor (Romantic Ediciones) (Monika Hoff-Desirée Bogado)

Para ser su primera novela se nota la claridad en sus ideas. La forma de narrar es muy viva, interesante, con intriga y ese punto alto de romanticismo. Es una experiencia, por desgracia, muy real en la vida amorosa. Narrada con la realidad y crueldad que una relación rota conlleva. La recomiendo leer con las ganas de llegar al final. Todo un éxito.
Asensio Piqueras

Aquí os dejo el enlace ve compra:

El último siempre pierde (Fran J. Marber)

El último siempre pierde
Fran J. Marber
ECU Narrativa (2016)
Novela Negra
Conocí personalmente a Fran el día de la presentación en Murcia de esta novela. Ya tenía muchas referencias de su trabajo por las distintas obra que iban cayendo en mi poder:
Expediente
Fruta Amarga 
El Juego de la Oca 
El Llamador de Ángeles
La Página 64 
El Tercer Clavo 
Gusanos de Seda
El ÚLTIMO SIEMPRE PIERDE es una novela negra al más puro estilo de los clásicos, donde Fran ha bebido con seguridad, Raymond Chandler, Stieg Larsson y alguno más por lo que denota el alto nivel de complicidad en su narrativa.
Intriga incesante desde la primera página. Misterio de unos misteriosos suicidios y unas desapariciones marcados por un detalle curiosos una pluma blanca. No voy a desvelar ni una coma más de la novela, hay que leerla.
Hay un exhaustivo trabajo e documentación, la novela se desarrolla en Nueva York, pero no solo es una documentación que te mete de lleno en sus calles, es, también, un estudio psicológico de personajes extremos. Fran ha conseguido meterse en la piel de médicos, forenses, siquiatras, psicólogos y asesinos. Y así nos adentra, con una magistral prosa en los más retorcidos misterios.
Nos va dejando pistas subliminales, casi imperceptibles, que nos dejan un poso de misterios que sabemos de sobra que el autor resolverá con maestría al final. Pero que nos ayudan a mantener la atención comple4ta en su lectura, con una inigualable calidad literaria.
Veremos, y sí digo veremos, porque la novela es un película en nuestra cabeza, la habilidad que tienes en crear las atmosferas de cada una de las tramas. Puro cine en letras.
Hay reflexión, profundidad, misterios, tensión, la famosa pareja de policía el joven con ganas y el viejo que lo sabe todo.
Fran es un mago de los estudios psicológicos de sus personajes, no deja un pelo sin mirar, no deja un gesto por estudiar. Es un perfeccionista de sus personajes, un maestro de la dirección de sus actores.
Nos moraliza, nos da esperanza.
Hay que leerla.

Taller de Cocina con Sentido

Esta entrada de hoy en el blog es muy especial. Hemos preparado dos recetas. El típico Zarangollo murciano y además con una variante de Cieza con calabaza, la segunda receta es una tapa de pulpo con alcachofa.
Y estaréis pensando que estas recetas ya están en el blog. Y así es. Pero os voy a contar cómo y por qué las vuelvo a poner.
Hemos preparado estas recetas entre seis personas.
Vamos a ello. Para el Zarangollo, ha sido Patri quien ha traído los productos: tres calabacines muy hermosos. Seis huevos, dos manojos de cebolleta fresca, eran seis, y dos patatas medianas tirando a grandes. Aceite, AOVE, y sal ya había en el piso. Tranquilos, todo tiene su explicación, pero a su tiempo.
Yo he llevado una calabaza tipo cacahuete mediana, tres alcachofas pequeñas y un tentáculo, pata, de pulpo ya cocida y con su salsa, un par de limones.
Vamos con la elaboración.
Patri muy decidida dice que ella se encarga de los calabacines. Comenta que los lava antes de cortarlos en rodajas. Nos dice también que su costumbre es no quitarle la piel. Y como sabemos, no pasa nada por no quitarla, de hecho nos aportan vitaminas. Encarna le prepara una tabla de cortar mientras ella busca en los cajones un cuchillo de cocina mediano. Ella no lo ve, pero os digo que los hay de colores y eligió el azul.
Mientras, Pedro dice que él se atreve con las patatas. Se hace un hueco, busca otra tabla y un cuchillo pequeño y a pelar, pero dice que sería mejor un pelapatatas. Nos ponemos a mirar en los cajones mientras él toca en los cajones. Al final encuentra dos. Con uno es suficiente. Y se dedica a las patatas. Mientras es Carmen quien ataca a las cebolletas para cortarlas en juliana. Vaya nombre, se lo explico y una cosa más que aprendemos. Los fuegos se van a poner en marcha.
Suscita la primera controversia. Sartén o cacerola. Y les comento que es indiferente para pochar la verdura. Si solo se utiliza agua es válida cualquiera de las dos y, por seguridad y comodidad, Patricia decide que la cacerola le irá mejor. Los fuegos en esa cocina son mixtos, de gas y eléctricos. Patri busca un encendedor eléctrico en uno de los cajones y tarda en encontrarlo. Otro grupo lo había cambiado. En este piso tipo de la ONCE se dan varios talleres de cocina con distintos niveles. El aceite, AOVE, es lo primero que busca Patri para añadirlo en la cacerola, con su prudencia pregunta que cuánto le pone. Y yo le digo que a su gusto, que como lo haga siempre. Me fijo y pone, con mucha habilidad, como dos cucharadas de aceite. Es suficiente. El calabacín soltará su agua. Lo pone a fuego medio. El interruptor está preparado en números y al girarlo se nota como un clic en cada número.
Cómo notaréis, sigo asombrándome de lo que veo y siento. Ya tiene cortados los tres calabacines en rodajas. Y a la cacerola con una pizca de sal, la cantidad que le coge entre tres dedos. Esperanza, siempre al quite, busca una tapa para la cacerola y a esperar su tiempo. Mientras, Pedro terminando de pelar las patatas. Como las ha lavado antes en el agua, algún trozo de piel se queda en ellas. Carmen se lo dice. Comento que como ya están bien lavadas no importa. De hecho cuando las hacemos asadas en el horno nos la comemos con esa piel crujiente tan rica. Las trocea con habilidad como si fueran para una tortilla. Nunca la ha hecho. Salvo en el microondas. Será nuestro siguiente reto. Una tortilla española de toda la vida. Y Carmen, terminando su Juliana ya. La deja toda cortada en plato a la espera de hacerla protagonista en el fuego. Todo se andará. Pero es el turno de la sartén y las patatas. Pedro se busca sus mañas para encender el fuego eléctrico. Intenta recordar cuál y en qué orden estaban los interruptores. Esperanza le confirma lo que él ya intuía. El tercero por la izquierda. Los dos primeros son los del horno. Una sartén pequeña y el aceite. Es un pequeño problema con las cantidades a echar de una botella directa es difícil medir cantidades. Hay o debe haber dosificadores. Los buscaremos. Dos cucharadas aproximadamente. Las patatas a la sartén y a esperar 15 minutos moviéndolas.
Él tiene un reloj muy especial. Es para invidentes, se levanta el cristal, pero eso no lo hace tan especial sino que es un Seiko. De esos que la maquinaria es japonesa y no falsa. Está muy orgulloso y con razón. Lo programa para ese tiempo. Pero se oye la voz de Rocío que dice que ya ha puesto la alarma en el reloj del frigorífico con los 15 minutos. ¡Qué despierta es Rocío!, una niña con unos ojos para comérselos de bonitos y vivos que los tiene. Cuida de su hermano de meses mientras su mamá, Patri, está con los calabacines peleándose.
Es la hora de la calabaza. Les cuento un poco de la historia de esta modalidad. Y de la curiosidad de su forma de cacahuete grande. La tocan y se sorprenden de la forma, el peso y la piel. Patri dice que no la pela, que ya lo intentó una vez y que casi se corta. No me extraña, sabéis que esta calabaza tiene la piel muy dura, y si no se tiene algo de destreza es fácil que el cuchillo se nos vaya. Pero como es una valiente le digo que le enseño una técnica de coger el cuchillo cebollero: lo inclinamos para cortar hacia afuera y con la mano izquierda sujetamos muy bien la calabaza, los nudillos son los que medirán la distancia de corte exterior podrá pelarla con éxito. Y lo consigue, ¡Bravo por Patri!
Su niño llora, parece que tiene hambre, y con ese amor que solo una madre sabe le da el pecho.
Pedro se anima con la calabaza ahora y dice que él la corta en tiras para cocinarla. Pues nada, al tajo, con una maña bastante aceptable, se lanza a trocearla y eso que el asiento, (parte plana que toca la tabla para que no se mueva), que le da al partirla por la mitad no es el mejor. Hay que decir que la calabaza por dentro es parte hueca, por lo que al partirla por la mitad y ponerla boca abajo cuesta un poco pero sale airoso del trabajo.
La sartén con las patatas van terminándose, el tiempo marcado se acerca, le ha dado vueltas con mimo, colocando la rasera por encima para saber dónde y cuántas están en la sartén, algo que a mí me asombra, normal. Hay que dejar unas pocas fuera en un plato para después preparar la variante del zarangollo ciezano. Se cumplió el tiempo de las patatas, las va añadiendo a la cacerola que Patri ha tenido con mimo cocinando, deja en un plato el resto, algún trocito se salió de la sartén, pero al terminar repasa con la mano alrededor con cuidado del calor del fuego y comprueba el resultado, un trocito estaba fuera.
En ese fuego pone esa misma sartén a la que le añade dos cucharadas más de aceite, esa medida ya la tiene por la mano. Toca la cebolleta fresca que nos cortó Carmen, la pone, le añade esa pizca de sal como le puso a las patatas, y busca la tapa para cubrir la sartén de nuevo. Mide la intensidad del fuego para que se pochen lentamente.
Parecería ahora que estábamos parados. Los fuegos en marcha con los calabacines, con las patatas cocinándose, en el otro la cebolleta igual.
Toca otra sorpresa.
Las alcachofas para la famosa tapa de pulpo con alcancil, vamos la alcachofa que se llama así indistintamente. Un valiente y es Pedro quien de nuevo se anima. El dice que les corta el rabo y que después las pela con el cuchillo hasta que las hojas están blandas. Perfecto, es una forma más de cortarlas. Pero aquí si les propongo que las alcachofas las pingamos en un bol con agua y el zumo de un limón, para que no se pongan feas, se oxiden. Vale también un buen puñado de perejil, pero en este caso es el limón el que va al bol con el agua. Carmen dice que ella les deja el rabo a las alcachofas. Por supuesto que es válido también. “Pero cada maestrillo tiene su librillo” y en este caso fue Pedro quien inició la aventura. Las pela, las colca en ese bol, Esperanza busca una cacerola y a… hervir el agua. Las echa después de pasarlas con el agua de limón añadiendo un poco de esa agua a la cacerola. La pregunta de siempre que se cocina ¿Cuánto tiempo? La respuesta es fácil, sobre los 10 minutos desde que empiece a hervir el agua. Y según el tamaño de las mismas. Otra cosa que nos cuenta Pedro es el sonido. Sí, hay que prestar atención a los sonidos que hacen los alimentos en la sartén, cacerola o cualquier objeto que tengamos en el fuego, nos dice qué ocurre y cómo van cocinándose. Otra de las cosas que yo aprendo. Creo que al final voy a ser yo quien aprenda de ellos.
Repasamos rápidamente.
En la cacerola tenemos casi terminada las patatas y los calabacines a falta de ponerle la cebolla que ya la tenemos terminándose en la sartén.
En la otra cacerola cociéndose las alcachofas. La calabaza troceada a la espera de que la cebolleta deje libre esa sartén.
Una cosa nueva más. El pulpo para la tapa llevará un aceite de canónigos. Les cuento cómo lo vamos hacer, en un vaso de batir colocamos un puñado de canónigos, Es Patri quien se lleva la mano al Tupper y saca un puñado dejando la mitad para la presentación, los pone en ese vaso y añade como 3 dedos de aceite. Y vuelta con el problema de las mediciones, podemos hacerlo de otra forma. Llenamos un vaso pequeño de aceite y esa sería la medida para hacerlo. Pero en este caso sus ojos somos nosotros, le sugerimos que un poquito más de lo que ella ha puesto. La batidora en su sitio la consigue a la primera. Busca el enchufe con la batidora ya dentro del vaso. Toda precaución es poca. Sujeta el vaso con su mano izquierda y leña a la batidora. ¿Cuánto tiempo? ¡Pues eso digo yo! que el que crea que habrá hecho un puré muy liquido con el aceite y los canónigos. Sube y baja hasta que crea que está. Lo vamos a cola, solo queremos ese aceite con el sabor del canónigo, y perfecto en un vaso ha colocado el colador que encontró en el segundo cajón y con una cuchara sopera que le acerco presiona en el colador hasta que le ha sacado todo el jugo a ese mejunje batido.
Mientras Pedro pone en el microondas el Tupper con el pulpo que ya traje cocido. Esa será otra clase especial sobre el pulpo y sus formas de cocinarlo. Dos minutos a máxima potencia y listo, vuelta a medir el tiempo. En este caso el micro avisa.
Todos queremos probar el sabor especial de ese aceite con canónigos, hasta Rocío se atreve. Una cuchara a la que le pongo un poquitín de ese aceite y una pizca del jugo del pulpo. Me gustaría que hubierais visto la expresión de su cara. Aquí sí que no hay mentiras, les gusta y mucho.
Tenemos terminada la cebolleta, a la que Pedro le ha dado vueltas con cariño y paciencia, en la cocina no hay prisa y si mucho amor. A la cacerola con casi la totalidad de ella, el mismo proceso, tocándola con la parte plana de la rasera sabe dónde y cuánta hay en la sartén para reservar un poco. Ahora es cuando le añadimos la calabaza ya troceada, una cucharada más de aceite, AOVE, y a pochar de nuevo, la calabaza se hará enseguida, está cortada en trozos muy finos.
Ya casi tenemos los tres platos terminados, Zarangollo murciano al que Patri le va a poner los huevos que quiera, y decide que como somos 6 en total le pondrá 5 huevos. Pues muy bien, los casca con habilidad en un plato uno a uno para asegurarse que no tendrá cáscaras dentro de la cacerola y adentro. Solo le queda remover y romper esos huevos y con el calor que ya tiene la cacerola se terminarán de cuajar, Probamos de sal y acertamos no añadiendo más. Está en su punto.
Añadimos as patatas a la sartén donde teníamos la cebolleta y la calabaza y terminado ese plato con un huevo roto por encima removiendo un poco. La cantidad es pequeña pero suficiente para notar su sabor distinto. Se me ha olvidado llevar unas ñoras para colocarlas en la tapa del zarangollo ciezano, pero en ese momento Carmen, removiendo entero el frigo para reordenarlo, descubre una bolsa con dos ñoras. La alegría es completa. Probaremos la tapa completa. Patri toma una, la desmenuza en un plato para que no tenga pepitas, añade unos trocitos a la sartén donde se está terminado la tapa y se sumará ese sabor al que ya tenía.
Vamos a emplatar y presentar los tres platos.
 
De la cacerola con el Zarangollo, retiramos una buena cucharada que colocamos en un plato redondo. Al lado colocamos otra porción del zarangollo ciezano al que Rocío le pone un trocito de ñora como peineta encima, queda muy propia y bonita.
Y para la tapa del pulpo colocamos las alcachofas ya cocidas y cortadas por mitad en un plato redondo amplio. Ponemos un trocito de pulpo encima de cada alcachofa y salseamos con los jugos del pulpo y el aceite de canónigos Queda precioso.
Foto de familia, todos juntos con nuestras recetas emplatadas para confirmar que podemos hacer lo que nos dé la gana.
Cada uno se lleva en su Tupper lo que ha sobrado de las recetas y poder disfrutarlas con su familia.
Llega María Dolores a pasar revista en ese momento, si llega cinco minutos antes prueba las tapas. Nos hace una entrevista que graba en su móvil para pasarla a todo el grupo de Cocina Con Sentido y disfrutar todos de lo que hemos hecho hoy.

Taller de Cocina Con Sentido

Esta entrada de hoy en el blog es muy especial. Hemos preparado dos recetas. El típico Zarangollo murciano y además con una variante de Cieza con calabaza, la segunda receta es una tapa de pulpo con alcachofa.
Y estaréis pensando que estas recetas ya están en el blog. Y así es. Pero os voy a contar cómo y por qué las vuelvo a poner.
Hemos preparado estas recetas entre seis personas.
Vamos a ello. Para el Zarangollo, ha sido Patri quien ha traído los productos: tres calabacines muy hermosos. Seis huevos, dos manojos de cebolleta fresca, eran seis, y dos patatas medianas tirando a grandes. Aceite, AOVE, y sal ya había en el piso. Tranquilos, todo tiene su explicación, pero a su tiempo.
Yo he llevado una calabaza tipo cacahuete mediana, tres alcachofas pequeñas y un tentáculo, pata, de pulpo ya cocida y con su salsa, un par de limones.
Vamos con la elaboración.
Patri muy decidida dice que ella se encarga de los calabacines. Comenta que los lava antes de cortarlos en rodajas. Nos dice también que su costumbre es no quitarle la piel. Y como sabemos, no pasa nada por no quitarla, de hecho nos aportan vitaminas. Encarna le prepara una tabla de cortar mientras ella busca en los cajones un cuchillo de cocina mediano. Ella no lo ve, pero os digo que los hay de colores y eligió el azul.
Mientras, Pedro dice que él se atreve con las patatas. Se hace un hueco, busca otra tabla y un cuchillo pequeño y a pelar, pero dice que sería mejor un pelapatatas. Nos ponemos a mirar en los cajones mientras él toca en los cajones. Al final encuentra dos. Con uno es suficiente. Y se dedica a las patatas. Mientras es Carmen quien ataca a las cebolletas para cortarlas en juliana. Vaya nombre, se lo explico y una cosa más que aprendemos. Los fuegos se van a poner en marcha.
Suscita la primera controversia. Sartén o cacerola. Y les comento que es indiferente para pochar la verdura. Si solo se utiliza agua es válida cualquiera de las dos y, por seguridad y comodidad, Patricia decide que la cacerola le irá mejor. Los fuegos en esa cocina son mixtos, de gas y eléctricos. Patri busca un encendedor eléctrico en uno de los cajones y tarda en encontrarlo. Otro grupo lo había cambiado. En este piso tipo de la ONCE se dan varios talleres de cocina con distintos niveles. El aceite, AOVE, es lo primero que busca Patri para añadirlo en la cacerola, con su prudencia pregunta que cuánto le pone. Y yo le digo que a su gusto, que como lo haga siempre. Me fijo y pone, con mucha habilidad, como dos cucharadas de aceite. Es suficiente. El calabacín soltará su agua. Lo pone a fuego medio. El interruptor está preparado en números y al girarlo se nota como un clic en cada número.
Cómo notaréis, sigo asombrándome de lo que veo y siento. Ya tiene cortados los tres calabacines en rodajas. Y a la cacerola con una pizca de sal, la cantidad que le coge entre tres dedos. Esperanza, siempre al quite, busca una tapa para la cacerola y a esperar su tiempo. Mientras, Pedro terminando de pelar las patatas. Como las ha lavado antes en el agua, algún trozo de piel se queda en ellas. Carmen se lo dice. Comento que como ya están bien lavadas no importa. De hecho cuando las hacemos asadas en el horno nos la comemos con esa piel crujiente tan rica. Las trocea con habilidad como si fueran para una tortilla. Nunca la ha hecho. Salvo en el microondas. Será nuestro siguiente reto. Una tortilla española de toda la vida. Y Carmen, terminando su Juliana ya. La deja toda cortada en plato a la espera de hacerla protagonista en el fuego. Todo se andará. Pero es el turno de la sartén y las patatas. Pedro se busca sus mañas para encender el fuego eléctrico. Intenta recordar cuál y en qué orden estaban los interruptores. Esperanza le confirma lo que él ya intuía. El tercero por la izquierda. Los dos primeros son los del horno. Una sartén pequeña y el aceite. Es un pequeño problema con las cantidades a echar de una botella directa es difícil medir cantidades. Hay o debe haber dosificadores. Los buscaremos. Dos cucharadas aproximadamente. Las patatas a la sartén y a esperar 15 minutos moviéndolas.
Él tiene un reloj muy especial. Es para invidentes, se levanta el cristal, pero eso no lo hace tan especial sino que es un Seiko. De esos que la maquinaria es japonesa y no falsa. Está muy orgulloso y con razón. Lo programa para ese tiempo. Pero se oye la voz de Rocío que dice que ya ha puesto la alarma en el reloj del frigorífico con los 15 minutos. ¡Qué despierta es Rocío!, una niña con unos ojos para comérselos de bonitos y vivos que los tiene. Cuida de su hermano de meses mientras su mamá, Patri, está con los calabacines peleándose.
Es la hora de la calabaza. Les cuento un poco de la historia de esta modalidad. Y de la curiosidad de su forma de cacahuete grande. La tocan y se sorprenden de la forma, el peso y la piel. Patri dice que no la pela, que ya lo intentó una vez y que casi se corta. No me extraña, sabéis que esta calabaza tiene la piel muy dura, y si no se tiene algo de destreza es fácil que el cuchillo se nos vaya. Pero como es una valiente le digo que le enseño una técnica de coger el cuchillo cebollero: lo inclinamos para cortar hacia afuera y con la mano izquierda sujetamos muy bien la calabaza, los nudillos son los que medirán la distancia de corte exterior podrá pelarla con éxito. Y lo consigue, ¡Bravo por Patri!
Su niño llora, parece que tiene hambre, y con ese amor que solo una madre sabe le da el pecho.
Pedro se anima con la calabaza ahora y dice que él la corta en tiras para cocinarla. Pues nada, al tajo, con una maña bastante aceptable, se lanza a trocearla y eso que el asiento, (parte plana que toca la tabla para que no se mueva), que le da al partirla por la mitad no es el mejor. Hay que decir que la calabaza por dentro es parte hueca, por lo que al partirla por la mitad y ponerla boca abajo cuesta un poco pero sale airoso del trabajo.
La sartén con las patatas van terminándose, el tiempo marcado se acerca, le ha dado vueltas con mimo, colocando la rasera por encima para saber dónde y cuántas están en la sartén, algo que a mí me asombra, normal. Hay que dejar unas pocas fuera en un plato para después preparar la variante del zarangollo ciezano. Se cumplió el tiempo de las patatas, las va añadiendo a la cacerola que Patri ha tenido con mimo cocinando, deja en un plato el resto, algún trocito se salió de la sartén, pero al terminar repasa con la mano alrededor con cuidado del calor del fuego y comprueba el resultado, un trocito estaba fuera.
En ese fuego pone esa misma sartén a la que le añade dos cucharadas más de aceite, esa medida ya la tiene por la mano. Toca la cebolleta fresca que nos cortó Carmen, la pone, le añade esa pizca de sal como le puso a las patatas, y busca la tapa para cubrir la sartén de nuevo. Mide la intensidad del fuego para que se pochen lentamente.
Parecería ahora que estábamos parados. Los fuegos en marcha con los calabacines, con las patatas cocinándose, en el otro la cebolleta igual.
Toca otra sorpresa.
Las alcachofas para la famosa tapa de pulpo con alcancil, vamos la alcachofa que se llama así indistintamente. Un valiente y es Pedro quien de nuevo se anima. El dice que les corta el rabo y que después las pela con el cuchillo hasta que las hojas están blandas. Perfecto, es una forma más de cortarlas. Pero aquí si les propongo que las alcachofas las pingamos en un bol con agua y el zumo de un limón, para que no se pongan feas, se oxiden. Vale también un buen puñado de perejil, pero en este caso es el limón el que va al bol con el agua. Carmen dice que ella les deja el rabo a las alcachofas. Por supuesto que es válido también. “Pero cada maestrillo tiene su librillo” y en este caso fue Pedro quien inició la aventura. Las pela, las colca en ese bol, Esperanza busca una cacerola y a… hervir el agua. Las echa después de pasarlas con el agua de limón añadiendo un poco de esa agua a la cacerola. La pregunta de siempre que se cocina ¿Cuánto tiempo? La respuesta es fácil, sobre los 10 minutos desde que empiece a hervir el agua. Y según el tamaño de las mismas. Otra cosa que nos cuenta Pedro es el sonido. Sí, hay que prestar atención a los sonidos que hacen los alimentos en la sartén, cacerola o cualquier objeto que tengamos en el fuego, nos dice qué ocurre y cómo van cocinándose. Otra de las cosas que yo aprendo. Creo que al final voy a ser yo quien aprenda de ellos.
Repasamos rápidamente.
En la cacerola tenemos casi terminada las patatas y los calabacines a falta de ponerle la cebolla que ya la tenemos terminándose en la sartén.
En la otra cacerola cociéndose las alcachofas. La calabaza troceada a la espera de que la cebolleta deje libre esa sartén.
Una cosa nueva más. El pulpo para la tapa llevará un aceite de canónigos. Les cuento cómo lo vamos hacer, en un vaso de batir colocamos un puñado de canónigos, Es Patri quien se lleva la mano al Tupper y saca un puñado dejando la mitad para la presentación, los pone en ese vaso y añade como 3 dedos de aceite. Y vuelta con el problema de las mediciones, podemos hacerlo de otra forma. Llenamos un vaso pequeño de aceite y esa sería la medida para hacerlo. Pero en este caso sus ojos somos nosotros, le sugerimos que un poquito más de lo que ella ha puesto. La batidora en su sitio la consigue a la primera. Busca el enchufe con la batidora ya dentro del vaso. Toda precaución es poca. Sujeta el vaso con su mano izquierda y leña a la batidora. ¿Cuánto tiempo? ¡Pues eso digo yo! que el que crea que habrá hecho un puré muy liquido con el aceite y los canónigos. Sube y baja hasta que crea que está. Lo vamos a cola, solo queremos ese aceite con el sabor del canónigo, y perfecto en un vaso ha colocado el colador que encontró en el segundo cajón y con una cuchara sopera que le acerco presiona en el colador hasta que le ha sacado todo el jugo a ese mejunje batido.
Mientras Pedro pone en el microondas el Tupper con el pulpo que ya traje cocido. Esa será otra clase especial sobre el pulpo y sus formas de cocinarlo. Dos minutos a máxima potencia y listo, vuelta a medir el tiempo. En este caso el micro avisa.
Todos queremos probar el sabor especial de ese aceite con canónigos, hasta Rocío se atreve. Una cuchara a la que le pongo un poquitín de ese aceite y una pizca del jugo del pulpo. Me gustaría que hubierais visto la expresión de su cara. Aquí sí que no hay mentiras, les gusta y mucho.
Tenemos terminada la cebolleta, a la que Pedro le ha dado vueltas con cariño y paciencia, en la cocina no hay prisa y si mucho amor. A la cacerola con casi la totalidad de ella, el mismo proceso, tocándola con la parte plana de la rasera sabe dónde y cuánta hay en la sartén para reservar un poco. Ahora es cuando le añadimos la calabaza ya troceada, una cucharada más de aceite, AOVE, y a pochar de nuevo, la calabaza se hará enseguida, está cortada en trozos muy finos.
Ya casi tenemos los tres platos terminados, Zarangollo murciano al que Patri le va a poner los huevos que quiera, y decide que como somos 6 en total le pondrá 5 huevos. Pues muy bien, los casca con habilidad en un plato uno a uno para asegurarse que no tendrá cáscaras dentro de la cacerola y adentro. Solo le queda remover y romper esos huevos y con el calor que ya tiene la cacerola se terminarán de cuajar, Probamos de sal y acertamos no añadiendo más. Está en su punto.
Añadimos as patatas a la sartén donde teníamos la cebolleta y la calabaza y terminado ese plato con un huevo roto por encima removiendo un poco. La cantidad es pequeña pero suficiente para notar su sabor distinto. Se me ha olvidado llevar unas ñoras para colocarlas en la tapa del zarangollo ciezano, pero en ese momento Carmen, removiendo entero el frigo para reordenarlo, descubre una bolsa con dos ñoras. La alegría es completa. Probaremos la tapa completa. Patri toma una, la desmenuza en un plato para que no tenga pepitas, añade unos trocitos a la sartén donde se está terminado la tapa y se sumará ese sabor al que ya tenía.
Vamos a emplatar y presentar los tres platos.

De la cacerola con el Zarangollo, retiramos una buena cucharada que colocamos en un plato redondo. Al lado colocamos otra porción del zarangollo ciezano al que Rocío le pone un trocito de ñora como peineta encima, queda muy propia y bonita.
Y para la tapa del pulpo colocamos las alcachofas ya cocidas y cortadas por mitad en un plato redondo amplio. Ponemos un trocito de pulpo encima de cada alcachofa y salseamos con los jugos del pulpo y el aceite de canónigos Queda precioso.
Foto de familia, todos juntos con nuestras recetas emplatadas para confirmar que podemos hacer lo que nos dé la gana.
Cada uno se lleva en su Tupper lo que ha sobrado de las recetas y poder disfrutarlas con su familia.

Llega María Dolores a pasar revista en ese momento, si llega cinco minutos antes prueba las tapas. Nos hace una entrevista que graba en su móvil para pasarla a todo el grupo de Cocina Con Sentido y disfrutar todos de lo que hemos hecho hoy.

Revuelto de trigueros y fuet

Este famoso plato que consta de unos huevos revuelto con espárragos trigueros frescos, lo hemos transformado con un nuevo ingrediente, el fuet, típico embutido catalán.
Para su elaboración para dos personas hemos utilizado:
4 huevos de gallina
200 gramos de espárragos trigueros frescos
100 gramos de fuet de la mejor calidad.
4 cucharadas de AOVE
Para su elaboración hemos cortado con los dedos, hasta que nos cueste los espárragos, señal que esa parte ya es demasiado dura. Los hemos puesto en una cacerola con agua ya hirviendo y una pizca de sal. Tiempo hasta que de nuevo vuelva a hervir el agua. Momento en que los pasamos a enfriar rápidamente en agua helada. Retomarán su color verde brillante y cortará la cocción, nos interesa que queden al dente.
En una sartén con las 4 cucharadas de AOVE a fuego fuerte salteamos el fuet, que previamente lo hemos cortado a cuadraditos pequeños, como de 5 milímetros de gruesos. Salteamos ligeramente por dos minutos, no hace falta más tiempo. Añadimos en ese momento los espárragos escurridos de agua. Cocinamos por dos minutos más.
Añadimos los cuatro huevos y los vamos rompiendo, el fuego lo hemos bajado al mínimo. Revolvemos al gusto hasta dejar la textura deseada.
Hemos visto que la sal no aparece en la receta. El punto del fuet es suficiente para conseguir esos sabores tan contradictorios del huevo, esparrago y fuet.

A disfrutar.

Taller de cocina (Capitulo primero)

Una situación difícil aquella mañana al subir los primeros escalones del edificio. No sabía cómo iba a reaccionar, aunque su experiencia y aplomo, ante este tipo de situaciones nuevas, le darían la soltura suficiente para afrontarlas.
El edificio impresionante con un largo y ancho pasillo central, desencadenaba en un mostrador con dos personas. Una al teléfono enganchada, telefonista. La otra con imagen de calma le atendía sin levantar la mirada. Le indicó que en el ascensor del fondo subiera a la segunda planta, preguntara por María Dolores en el pequeño despacho de la derecha.
No eran nervios, tampoco inquietud, era la intuición que un nuevo mundo venía a su vida.
Ella, tocando las paredes se le acercó despacio, casi titubeando insegura. Pero no, no era inseguridad. Esos pasos los daba todos los días. Puso sus manos por delante, como abriendo la puerta para recibir el saludo. Dos besos muy lentos en las mejillas sobraron para descubrirlo casi por completo. Altura, fortaleza, olores y algo que no está en el físico, el carácter de su interlocutor. “Un buenos días y sígueme por estos pasillos hasta que podamos llegar al piso piloto que tenemos para hacer las pruebas y ejercicios de ayuda y seguridad” Fue todo el comentario que hizo ella.
Salón grande bien amueblado, y al fondo a la derecha toda una cocina para impartir los talleres para invidentes de la ONCE.
Una nueva “visión” de la vida llegaba a la suya.