LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN CON MI PADRE. (Víctor Mirete)

Reseña LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN CON MI PADRE. De Víctor Mirete
Este corto e intrigante relato no se desgrana en su trama. No se cuenta de qué va, ni siquiera si hay una historia que contar. Este relato se reseña con las frases lapidarias que lleva dentro y que, sacadas de su contexto, puestas una detrás de otra, son los principios básicos de una conversación de un padre a un hijo por la vida. Y aquí las dejo entrecomilladas:
“Un padre jamás debe relajarse en su paternidad, porque un hijo jamás se relaja de ser hijo”
“Estoy convencido de que el secreto de la vida no es vivir de ilusiones, sino vivir ilusionado”.
“Soñar, es el primer paso para entender la realidad y para saber elegir nuestros caminos”.
“estamos aquí para ser el recuerdo de nuestros hijos”.
“que los errores que no queremos cometer nos hacen humanos”.
“mi muerte era su calvario, pero no su penitencia”.
Después de leer este libro te quedan unas ganas impresionantes de abrazar a tus hijos y contarles todo lo que todavía no has dicho. Y ahí lo dejo.
Una prosa perfecta, como siempre en este autor. 
Y para comprarla, aquí os dejo el enlace:
http://cort.as/nani

Relatos ENCUENTROS FURTIVOS (Judy Macmar)

Conocí a Judit cuando unos relatos eróticos míos se unieron a los suyos en una antología. Descubrí a una escritora profunda, con una prosa culta, ágil, llena de sentimientos. Este libro de relatos podría calificarse de romántico, tiene todos los ingredientes para ello. Y cualquiera podría extenderse a una novela completa. Todos tienen una posible trama para cumplir ese trámite. He disfrutado con cada uno de ellos, ese tono de erotismo en alguno, te permite disfrutar en toda la plenitud. Todo un acierto. Mi enhorabuena Judy Macmar.

Asensio PIQUERAS.

Atún con pisto

INGREDIENTES para 2 personas.
2 rodajas de Atún (150-180 gramos por persona)
2 tomates maduros Podemos utilizar un Brick de tomate ya frito de 500 gramos
1 pimiento verde
1 pimiento rojo
Sal y AOVE
Azúcar
Pimienta negra
ELABORACIÓN:

Vamos hacer un pisto normal, en mi caso, ya lo sabéis, me gusta asar los pimientos antes, sin llegar a su cocción total. Una vez templados, los pelamos y los despepitamos, reservamos. Mientras, vamos a freír los tomates a los que les habremos quitado las pepitas y en una sartén con dos cucharadas de AOVE lo freímos a fuego medio, hasta que el agua se evapore, picándolo con la freidera, dejándolo casi un puré con textura, añadimos dos cucharadas soperas de azúcar, para quitarle la acidez que pueda tener. Y según qué tomates utilicemos, tendrá más o menos, así que lo iremos probando hasta conseguir el punto deseado, salpimentamos al gusto. Cuando tengamos casi terminado el tomate incorporamos los pimientos, una vez troceados en tiras con los dedos. En este caso el pisto, que suele llevar otras verduras como berenjena, calabacín o cebolla, no le he puesto para potenciar el sabor intenso del atún.

Marcamos el Atún en una sartén con unas gotas de aceite y a fuego muy fuerte.
En una cazuela de barro previamente caliente, incorporamos el pisto, y las rodajas de atún marcado, cocinamos a fuego fuerte 10 minutos dando la vuelta a las rodajas a los cinco minutos.
Presentamos en la misma cazuela.

A disfrutar

Ensalada templada de pulpo y gamba roja

Para dos personas:
50 gramos de rúcula fresca
50 gramos de canónigos frescos.
12 gambas rojas frescas
1 pata de pulpo cocido
1/2 aguacate
1/4 mango
Pimentón rojo picante
Sal, AOVE.
Preparación
Las gambas las haremos en una sartén, plancha a fuego fuerte con una capa de sal gorda debajo, dos minutos por cada lado, y reservamos.
El pulpo lo podemos comprar ya cocido, lo vende en los mercados o bien lo compramos crudo y lo cocemos nosotros en las condiciones ya habituales. Lo presentaremos templado al igual que las gambas.
El aguacate le quitamos la piel, lo troceamos en láminas no demasiado finas. El mando haremos lo mismo, lo fileteamos en porciones de ración.
Las gambas, una vez templadas, las pelamos. Haremos un aliño con aceite, el pimentón picante, ojo, muy poca cantidad, menos de una cucharilla e café, y una pizca de sal y emulsionamos.
Vamos con la presentación, en un plato colocamos la base con las verduras, añadimos el mango, el aguacate, el pulpo templado y las colas de las gambas. Aliñamos con el aceite de pimentón y listo.

A disfrutar

PUEDE O NO

Jueves, 20 de octubre de 2016
Hay una palabra en la RAE que nos da miedo de verdad, pánico diría yo. Es una palabra que, al oírla, ya que muchos, muchísimos de nosotros, somos incapaces de pronunciarla, la asociamos a desastre total, muerte.
Intentamos decirla, hacemos campañas de todo tipo para concienciarnos, redes sociales, boca a boca, con la familia, con los amigos. Pero nada. Fotos en blanco y negro, Lazos rosas. Turbantes rosas, mariposas por doquier, pero nada.
La conversación en la consulta de un médico:
-Mire usted, le hemos encontrado un tumor, una enfermedad, que va a ser dolorosa y de larga duración.
– Doctor, ¿me está diciendo que tengo Cáncer?
Ésta simple conversación nos hace ver las distintas formas de comunicar esta enfermedad. Y digo distintas porque si cambiamos los papeles veremos como el Doctor puede trasmitir este diagnóstico de otra forma, totalmente sencilla, directa, amable. La forma y el modo donde se dé la noticia es tan importante como la propia enfermedad.
En la consulta, en el ambiente adecuado, sin que nada ni nadie moleste el momento, mirando a la cara, a los ojos, con serenidad y firmeza. Manejando muy adecuadamente las emociones que va a producir esa frase definitiva.
El paciente puede o no ser receptivo, puede o no, querer saberla, puedo o no, oír la “maldita” palabra Cáncer.
No solo el doctor debe ser doctor en su especialidad, el mejor, que, seguro que lo será, debe ser el mejor en saber trasmitir este diagnóstico. No todos estamos preparados, en la vida, para soportar las vicisitudes que no llegan. No todo queremos escuchar lo que nunca sabremos pronunciar.
El Cáncer es una palabra maldita, está claro, pero es solo el nombre de una enfermedad que se cura, que tiene solución. Pero al igual que el dolor hay quien es capaz de soportarlo mejor, y otros nunca, hay que saber entender las dos opciones.
Hemos contribuido, y me meto yo, a aquella famosa campaña de “No lo llames una larga y penosa enfermedad, llámalo cáncer” para darle carácter de normalidad. Personajes muy famosos, de todos los ámbitos contribuyeron a ello.
Hay muchos, muchísimos pacientes que quieren saber de qué se trata, pero otros, quizá los menos, que no quieren saber nada de nada. Qué los curen y nada más.
Escuché una frase muy clara para este caso: “una rosa es una rosa, de colores, pero una rosa, por muchas espinas que tenga”.
El médico va a hacer su labor de curar, pero la verdadera curación, como dice mi buena amiga: “Está en la cabeza del enfermo y el entorno que tenga. El paciente de Cáncer debe ser consciente de lo que tiene, aunque no quiera saber más, debe contribuir a su curación”.
“El Cáncer de mama, que hoy es su día, se cura en el 85% de los casos, y en el 99% si es coge a tiempo, (Prevención)”.

Siete Trompetas (Juan Albarracín)

Siete Trompetas es el libro de Juan Albarracín que, por unas u otras cosas, no he tenido tiempo de hacerle la reseña. Y me alegro. Lo leí en su momento, allá por finales del 2.015. Y olvidado hasta hace unas semanas, lo retomé para volver a leerlo con la tranquilidad de la noche. Y me alegro de haberlo hecho de nuevo, hay matices que se aprecian en una segunda lectura. Y más sabiendo que vienen cosas bonitas muy pronto de Juan.
         A lo que voy. El protagonista de esta novela es James Sullivan, un joven agraciado con un viaje a Paris, que va a descubrir, en su incipiente madurez, la verdadera realidad de la vida, cayendo en trances, donde los sueños son la verdadera historia de la novela.
         En estos sueños llegan las amenazas indescifrables y que solo Sullivan será capaz de ir desenredando con la maestría de Albarracín, sin dejar cabo suelto ni personaje por lucir. Hasta los más insignificantes tienen su momento, necesarios siempre como hilo conductor de toda la trama.
         Final apoteósico acorde con la intriga desarrollada con una destreza digna del mejor autor, donde Juan nos va llevando de la mano al ritmo que él quiere y que la novela necesita, sin prisas, pero sin pausas, sin dejar ni un solo cabo suelto.
         Y después de todo esto, decir que Juan, cuando escribió esta inmejorable novela, contaba con la edad donde se juaga en la calle al futbol y no se piensa en otra cosa que, en divertirse, 16 años.
         Gran futuro literario que espero ser testigo de su triunfo.
De su página web
Los sueños nos convierten en esclavos de la realidad»
En el año 2009, un estudiante de Medicina llamado James Sullivan realiza un extraño viaje por el tenebroso Mundo Onírico, también conocido como Mundo de los Sueños. Allí, se le es transmitido un extraño mensaje, el cual está directamente relacionado con un sorteo que se va a llevar a cabo en la ciudad en los días siguientes. James pronto se dará cuenta de que algo terrible está a punto de suceder: las siete trompetas del Apocalipsis comenzarán a sonar dentro de muy poco, y será él, junto a una atractiva joven, dos altos cargos de la policía francesa y un sacerdote del Sacre Coeur, los que en París tratarán de alertar a la mayor parte de la población y salvarla antes de que el exterminio acabe con la raza humana para siempre.
Colección: Novela
ISBN: 978-84-9126-113-1
Formatos: Tapa blanda
Tamaños: 15x21cm
Páginas: 256
Precio: 12,00 €€

Efectos Personales (Lola Gutiérrez Sánchez)

Lola Gutiérrez nos muestra su vida en breves relatos llenos de vivencias. Con una prosa amena, natural, yo diría que cotidiana, va desgranando sus visicitudes del día a día.

Un cartero, un libro sin nombre, nunca jamás, son solo unos títulos de sus muchas historias. Creo que casi todos hubiéramos querido ser el autor; nos cuenta Lola nuestras anécdotas, nuestros miedos y alegrías, nuestro bolso vacío o nuestro amor de juventud.

Nada más que añadir a este precioso y ameno libro que recomiendo su lectura.

Una edición de MURCIALIBRO de 1455 páginas

Y creo que en la libraría RAMÓN JIMÉNEZ, Soportales de la Catedral de Murcia se pueden adquirir a un precio de 10 euros

BURKA NO

Domingo, 16 de octubre de 2016
Imaginamos una conversación de Santa Teresa de Jesús con Diego Velázquez. Uno frente al otro. Vamos a describirlos. Ella, toda rodeada de ese halo de santidad y seguridad. Su hábito impoluto, blanco pureza, capa teresiana, velo ajustadísimo, solo el entrecejo, nariz y boca, barbilla oculta, no hay frente que medir. Él con su hombría por lo alto. Su gola almidonada de un palmo de alta, calzas ajustadísimas que remarcan su humanidad. Capa sin el recorte del embozo, Esquilache tardó en nacer un siglo todavía. Sé que las fechas son imposibles, pero ustedes se avendrán conmigo que la imagen está relatada.

¿Cuál sería nuestra sensación en la actualidad? Respecto a la tradición, burla, indiferencia, fuera de lugar. ¿Opinaríamos que no hay derecho a qué una monja vaya vestida así? ¿Qué sería un machismo total? Y de él. ¿Su forma provocadora enardecería a las más recalcitrantes feministas?

Recordemos a Esquilache cien años después. No se podía ir embozado, no se veía la faz de la gente y podían ser causa de peligros insospechados. Recortó las capas y barrió el embozo. Ahora se veían los ojos.

El Burka, el Niqab, hijab, el velo, el pañuelo. Todo es una costumbre por una constante práctica. La túnica árabe, el pañuelo judío (El Talit), palestino (La kufiyya), el turbante bengalí (pagṛī o sāfā ). La babucha, o la falda escocesa.

¿Dónde hemos llegado? A prohibir lo que a nosotros no nos gusta. O a no estar de acuerdo con otras costumbres o a usanzas. Las imposiciones internas de hábitos, son las que hay que reformar, cambiar, actualizar.

Y me explico dando mi opinión. Yo no consiento ver a una mujer tapada por completo su cara, no solo por lo que representa de humillación y sometimiento de la mujer al hombre y a una religión que la convierte en un cero a la izquierda, sino también porque, en aras a la seguridad, no se puede permitir que una persona vaya tan tapada que no pueda ser identificada, en consecuencia, no se debería permitir su uso en lugares públicos.

Cada uno debe vestir y adornarse como le dé la gana. Si yo reivindico mi derecho a llevar una minifalda o un sombrero, ellas pueden hacerlo a llevar su velo sin ser señaladas por el dedo de los otros. Igual con la polémica del burkini de este verano, si yo defiendo que en la playa cada uno puede ir como quiera, desnudo o embutido en un traje de neopreno, ¿por qué hay que obligarlas a quitarse el burkini? Lo que quiero para mí también lo quiero para los que vienen de fuera.

Y como me dice mi buena amiga: “Además de todo esto, que no se nos olvide que en España rige el principio de libertad religiosa…”

Pero nunca voy a sentir aversión por tener a mi lado a un escoces con falda o a una musulmana con su hijab, si, ambos, son conscientes de que van a gusto con ellos mismos.
No puedo prohibir nada, no debo prohibir nada. Prohibido prohibir. Pero no estoy por la labor de ver una mujer a la que no le veo los ojos. Por ahí no paso. No es digno de nada. Y quien lo imponga menos.

Al igual que hay tradiciones en culturas en las que todo el mundo, menos ellos, claro, estamos en contra (2003): ablación de órganos sexuales, corte de pechos, pues en el mismo nivel pongo al burka.

En mi país entran todos, y todos debemos acostumbrarnos a lo que tenemos. Pero no me vale la imposición por la imposición. O todos o ninguno. Yo no voy a ir a una Mezquita y no respetar sus costumbres. Al igual que en España se respetan las de aquí.