Cosas de mi Cabeza

Paz

En mi XXIII ANIVERSARIO

Bip, bip, bip…. Y a partir de ese momento se paró. ¿Silencio total?  ¿Sensación de soledad?

Seguía oyendo todo, las carreras, casi los gritos. ¡Qué se para!, ¡qué se para!, ¡qué se ha parado! El carro rápido. Y ya no más. Ahora todo había pasado a otro mundo. Ya no estaba. Se había ido.

Pero seguía consciente. Se daba cuenta de todo. Es más, sabía lo que le estaba pasando. No había miedo, ni angustia, ni nada.

Bueno nada, no. Ahora estaba en otro sitio, al que solo se debe ir una vez y nunca más. Es más, se va y no se vuelve. Había que describir ese sitio alguna vez, pero no hay palabras, no se han inventado todavía. Eso se vive y ya está. Se vive,

—¡qué gran incongruencia, pero si estás muerto! ¿Cómo vas a vivir la muerte?  Ç

Pues sí. Se vive y se siente.

Y solo hay una palabra con la que puedas explicar todo.

PAZ.

Ni esa palabra, escrita con mayúscula, define el sitio, que tampoco lo es claro, no como nosotros entendemos estar en un lugar. Ahí no hay medida, ni peso, ni distancia. Solo hay Paz. Toda.

—Pero ¿qué hago yo aquí?  Sí claro, se está de lujo. Vaya lugar para estar. Aquí sí que teníamos que estar todos. Pero no lo están.

—A ti no te toca. Aún no toca. Anda, haz lo que debas y vuelve como sea. Llénate de vida otra vez. Y da la vuelta. Todavía te quedan cosas por hacer y por pasar. Corre.

—Y ahora que ya sabes lo que hay, ¿para qué miedos?, ¿para qué tristezas? A disfrutar.

No te ha llegado.

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