• Cabeza de mis Cosas

    Despierta

    Deja que el espejo refleje tu vida llena de miserias. Nunca te viste en la cruda realidad. Ahora miras tu ajada cara, llena de arrugas y cicatrices de angustias. Vacía está tu habitación donde nunca descansaste y siempre dormiste. Escuchas tus llaves abrir tu puerta y miedo te da descubrir quién hay. El tiempo ya pasó de tu juventud libertina, besos desnudos sin calor de amor, deambulan detrás de tu puerta, y quién sabe si encontrarás voces de cariño, o de reproche, o de aliento, o de no hay nada.
    Tu vida es lo que has hecho. Tú miras tu espejo. Tú miras quién eres. Y miedo te da de ver lo que eres. Buscas los pasos atrás. Y tropiezas en los tuyos. No hay camino de vuelta, hay que mirar sin piedad. Saber que cada error es una cicatriz que te mira con dolor. Las lágrimas solo son agua que mece tu canoa, tu pasado es la estela de agua que se fue borrando lentamente a tu paso.
    Enfréntate a tu espejo. Mira tu cara, deja que tus ojos se vuelvan niños, descubre la manta de tu cabeza y llora dulcemente. Añora tu nacimiento, vuelve a tu principio, busca el pezón de tu vida y vuelve a empezar. Nunca es pronto y nunca es tarde. El tiempo solo es una cuarta dimensión a la que podemos jugar. Atrás y a delante. Aquí y ahora. Nunca o siempre. Escucha tus voces, oye tu conciencia, siempre en tu oreja, haz caso al espejo. Hazte caso por favor.
    Despierta de tus heridas abiertas que sangran de rojo salado. No se curaran con solo quejarte, del dolor que rajó tu corazón. Deja caer, gota a gota, esa sonrisa que en tu vida viste en aquel espejo.
    Limpia el vaho de tu agobio, retumban las risas en el alma vacía llenándola para encontrar tu rostro olvidado. Alivia la pena con el paso del tiempo, minuto a minuto anda tu desconsuelo alejándose rastreramente, huyendo de tu esperanza que lenta e inexorable llega.
    Cura pero no olvida. Despierta ya. Repinta tu vida de aroma de almohada y endulza tu corazón de esencia de amor.

    Despiértame corazón 
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    El hule

    El hule huele a húmedo, siempre se lía en el tubo de las telas, no se termina de secar. El candil alumbra tan poco que tus sombran son fantasmas de la noche. Las rendijas de la puerta dejan pasar las hirientes navajas del frío cortando nuestro aliento en nubes de hielo.  Al cerrar las ventanas ya contemplas el interior y te das cuenta de la inmensa pobreza en la que vives.
    El camastro con jergón es tu cobija para la noche. No huele a comida. No hay. La cabra del redil es tu compañera de vida. Las cuatro plantas del huerto tu único alimento. ¡Qué llueva! Así te lavarás. Zurces tus jirones con hojas de esparto. Andas descalzo, las abarcas hace tiempo que desaparecieron.
    No sabes que la guerra terminó hace tres años y sigues escondido. Tu cabeza te lleva muchas veces a aquellas palabras que un día te dijo tu madre: «huye, corre, escóndete, no vuelvas, te matarán. Eres el único hombre, irás a la guerra y morirás».

    Estas muerto en vida
  • Cabeza de mis Cosas

    A una rosa negra.

    A una rosa negra. 
    Vacío mi corazón se cuelga del abismo de la nada.
    Precipicio que mis ojos no ven. 
    Cuerpo hundido, seco, agrio, yermo. 
    Larga vida desde el amor de juventud, sin muebles, ni cartas, ni fotos. 
    Una rosa negra entre las hojas de aquellos versos. 
    Miedo al timbre del día, miedo a la luz del llanto. 

    Ya no está vacía mi vida, ya no tengo vida. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Ay luna

    Ay luna
    Que anoche te vi entre nubes,
    Que lucías de blanco puro.
    Me contabas tus sueños
    Y yo me hacía ilusiones,
    Ay luna
    Que esta mañana seguías creciendo
    Y de entre los arboles desaprecias.
    Los sueños de anoche 
    Son las verdades de hoy.
    Ay luna
    Quédate a mi lado

    Ay luna no te vayas nunca

  • Cabeza de mis Cosas

    HUEVOS CON VINAGRE

    No son extrañas las combinaciones que, a veces, escuchamos en nuestra vida cotidiana como un bocadillo de fideos, o un trozo de pan con Nocilla y chorizo de Cantimpalo, o unas ricas hamburguesas con crema de menta. . Había, en la ETB, un programa de cocina con el afamado cocinero David de Jorge, en el que los telespectadores mandaban combinaciones de sabores y texturas, algunas abominables, y que él preparaba, probaba y decidía como resultaban.
    Yo tengo, en mi propia familia, una combinación realmente explosiva.
    Os voy a contar la historia.
    A mí querido abuelo Aníbal, y no por ello más que mi otro abuelo Ciriaco, le encantaban los huevos fritos bañados en vinagre. Sí, habéis entendido muy bien. Podía comerse un par de huevos fritos, con esa yema amarillita, líquida, con esa película blanca, casi transparente de la clara por encima, y que en todo su alrededor deja su puntilla doradita y crujiente. Con ese trocito de pan rompiendo la yema y chorreando por los lados hasta que tu lengua lo recibe con ansia; y te moja la comisura de tu boca. Digo que, qué me voy por las ramas describiendo el huevo y me entran unas ganas de ir a la cocina que ni os cuento; decía que se los podía comer en un plato hondo y de caldo el vinagre. Vamos que nadaban tranquilamente.
    Esta historia totalmente cierta viene a cuento a que, siendo un recuerdo muy fijo en mi memoria, nunca lo conté como tal a mis generaciones descendentes, sí con mi padre sobre todo. Era un personaje mi abuelo, desde luego. Podría contar muchas anécdotas pero serán otro día.
    Pero hoy sí quiero contaros una gran curiosidad, siendo el verdadero fin de todo lo contado anteriormente.
    Siendo mi hijo muy chiquillo, vamos que no pasaría de los 4 ó 5 años. Un día, sentados a la mesa, su madre había preparado unos huevos fritos, mi comida preferida, y siempre dos, a él le puso uno, al igual que a sus hermanas. Empezamos los cuatro a comer pero él no empezaba como esperando algo. Le pregunté si es que no quería, o no le gustaba, era la primera vez para ellos que los iban a comer. Sin más me dice que sí, que le gustan, sorpresa para mí. ¿Cómo me dice que le gustan si es la primera vez? Pero más sorpresa es cuando va y suelta: “papa me encantan los huevos fritos pero mamá aún no ha traído el vinagre”. La mirada a su madre fue de órdago. Ella no sabía nada de la famosa combinación de mi abuelo. Y menos mi hijo que era imposible que la hubiera escuchado. Traje el vinagre y vi en sus ojos la misma satisfacción que la que veía en los de mi abuelo.
    En los genes llevamos marcados muchas más cosas que el color de los ojos, que por cierto, son exactos a los de su bisabuelo.

    Hay combinaciones que traspasan la lógica  

  • Cabeza de mis Cosas,  Multimedia

    Los palillos en las manos

    La fuerza, el tesón, la dulzura, creer, confiar, nada es imposible.
    Una disposición de la vida adecuada para sentirse vivo.
    Una ayuda, un apoyo, el cariño, el amor, el esfuerzo.
    Nadie le dijo que no se podía. Nadie le dijo que era imposible. Nada se cerró sin volver a abrirse.
    Anduvo con pasos lentos, titubeantes al principio, claro, como todos. Pero no paró de andar, su sueño era saberse que podía conseguirlo. Se mostró a todos, con encanto, desenfado, risueño, seguro. Su fin no sabe dónde está, su meta es tan magnífica que aun no la ve.
    Se puso desde los cinco años los palillos en los dedos pulgares y hasta ahora. Y no parará, seguro.
    Un instrumento de más de tres mil años en sus manos, hace que las carretillas, el tin, el tan, el tian o el posticeo sean sonidos de armonía total. Da igual un concierto de Aranjuez que una canción de Metálica. Posición de sus pies, sus manos en la armonía del baile.

     

    Nos dejó sin palabras Javier
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    Números

    Reconocido chef español entró a comer a un restaurante de cierta categoría y por deformación profesional iba mirando cada uno de los elementos de ese establecimiento, reconociendo en cada momento que estaba bien y que mal. Una cubertería especial, una vajilla de diseño, una mantelería de hilo de Escocia, en fin, su ojo crítico iba desgranando las peculiaridades del sitio.
    Un fabricante muy considerado de cerámicas de suelo tenía el consabido problema de reconocer la calidad de todos los pavimentos que pisaba, su profesionalidad le llegaba a extremos de saber de qué materia prima estaban hechos y su lugar de procedencia.
    Un director comercial de una afamada empresa de aluminio no dejaba de tocar ventanas y puertas por donde pasaba. Adivinando su procedencia, la competencia y la calidad.
    Dicen que los números hablan, se recuerdan. Hay quien puede memorizar las matrículas de los coches, los números de teléfono. Algo realmente intrigante. Pero identificar números con caras. Unir una cifra a una persona, es algo que me asombra. Y más en estas fechas.
    Hoy es el día de la Lotería por excelencia. Y eso que hay más de 100 sorteos al año. Pero el 22 de diciembre es la fecha de la suerte o de la salud. Hoy salen esos números mágicos que todos ambicionamos tener en nuestras manos y verlos salir de esos bombos y colocarse en esos alambres, cantados con un soniquete que todos reconocemos. Y a las dos horas las loterías se llenan de parroquianos a enterarse de su suerte o la suerte de los demás. Son los periodistas, junto con los banqueros, los más interesados en saber de los afortunados. Y el dueño, dueña, empleado, empleada, cuentan y recuentan los décimos vendidos, los números de su despacho de lotería. Y lo asombroso es que son capaces de recordar los números vendidos, el día que lo vendieron y más espectacular, a quién, cuándo y cuántos décimos. Alucinante esa deformación profesional. Es su trabajo, seguro que tienen muchos abonados, los mismos, durante años. Esos sí. Se recuerdan cómo el fabricante de cerámica o el chef viendo un alimento, pero esos números nuevos, esa serie única que nunca se tuvo, esos decimos sueltos vendidos llegados por casualidad a la lotería y esos dueños o empleadas, son capaces de unir la cara, al décimo, al día, a la hora.

    Me asombrará siempre esa facultad profesional.
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    Taller de Cocina con Sentido

    Esta entrada de hoy en el blog es muy especial. Hemos preparado dos recetas. El típico Zarangollo murciano y además con una variante de Cieza con calabaza, la segunda receta es una tapa de pulpo con alcachofa.
    Y estaréis pensando que estas recetas ya están en el blog. Y así es. Pero os voy a contar cómo y por qué las vuelvo a poner.
    Hemos preparado estas recetas entre seis personas.
    Vamos a ello. Para el Zarangollo, ha sido Patri quien ha traído los productos: tres calabacines muy hermosos. Seis huevos, dos manojos de cebolleta fresca, eran seis, y dos patatas medianas tirando a grandes. Aceite, AOVE, y sal ya había en el piso. Tranquilos, todo tiene su explicación, pero a su tiempo.
    Yo he llevado una calabaza tipo cacahuete mediana, tres alcachofas pequeñas y un tentáculo, pata, de pulpo ya cocida y con su salsa, un par de limones.
    Vamos con la elaboración.
    Patri muy decidida dice que ella se encarga de los calabacines. Comenta que los lava antes de cortarlos en rodajas. Nos dice también que su costumbre es no quitarle la piel. Y como sabemos, no pasa nada por no quitarla, de hecho nos aportan vitaminas. Encarna le prepara una tabla de cortar mientras ella busca en los cajones un cuchillo de cocina mediano. Ella no lo ve, pero os digo que los hay de colores y eligió el azul.
    Mientras, Pedro dice que él se atreve con las patatas. Se hace un hueco, busca otra tabla y un cuchillo pequeño y a pelar, pero dice que sería mejor un pelapatatas. Nos ponemos a mirar en los cajones mientras él toca en los cajones. Al final encuentra dos. Con uno es suficiente. Y se dedica a las patatas. Mientras es Carmen quien ataca a las cebolletas para cortarlas en juliana. Vaya nombre, se lo explico y una cosa más que aprendemos. Los fuegos se van a poner en marcha.
    Suscita la primera controversia. Sartén o cacerola. Y les comento que es indiferente para pochar la verdura. Si solo se utiliza agua es válida cualquiera de las dos y, por seguridad y comodidad, Patricia decide que la cacerola le irá mejor. Los fuegos en esa cocina son mixtos, de gas y eléctricos. Patri busca un encendedor eléctrico en uno de los cajones y tarda en encontrarlo. Otro grupo lo había cambiado. En este piso tipo de la ONCE se dan varios talleres de cocina con distintos niveles. El aceite, AOVE, es lo primero que busca Patri para añadirlo en la cacerola, con su prudencia pregunta que cuánto le pone. Y yo le digo que a su gusto, que como lo haga siempre. Me fijo y pone, con mucha habilidad, como dos cucharadas de aceite. Es suficiente. El calabacín soltará su agua. Lo pone a fuego medio. El interruptor está preparado en números y al girarlo se nota como un clic en cada número.
    Cómo notaréis, sigo asombrándome de lo que veo y siento. Ya tiene cortados los tres calabacines en rodajas. Y a la cacerola con una pizca de sal, la cantidad que le coge entre tres dedos. Esperanza, siempre al quite, busca una tapa para la cacerola y a esperar su tiempo. Mientras, Pedro terminando de pelar las patatas. Como las ha lavado antes en el agua, algún trozo de piel se queda en ellas. Carmen se lo dice. Comento que como ya están bien lavadas no importa. De hecho cuando las hacemos asadas en el horno nos la comemos con esa piel crujiente tan rica. Las trocea con habilidad como si fueran para una tortilla. Nunca la ha hecho. Salvo en el microondas. Será nuestro siguiente reto. Una tortilla española de toda la vida. Y Carmen, terminando su Juliana ya. La deja toda cortada en plato a la espera de hacerla protagonista en el fuego. Todo se andará. Pero es el turno de la sartén y las patatas. Pedro se busca sus mañas para encender el fuego eléctrico. Intenta recordar cuál y en qué orden estaban los interruptores. Esperanza le confirma lo que él ya intuía. El tercero por la izquierda. Los dos primeros son los del horno. Una sartén pequeña y el aceite. Es un pequeño problema con las cantidades a echar de una botella directa es difícil medir cantidades. Hay o debe haber dosificadores. Los buscaremos. Dos cucharadas aproximadamente. Las patatas a la sartén y a esperar 15 minutos moviéndolas.
    Él tiene un reloj muy especial. Es para invidentes, se levanta el cristal, pero eso no lo hace tan especial sino que es un Seiko. De esos que la maquinaria es japonesa y no falsa. Está muy orgulloso y con razón. Lo programa para ese tiempo. Pero se oye la voz de Rocío que dice que ya ha puesto la alarma en el reloj del frigorífico con los 15 minutos. ¡Qué despierta es Rocío!, una niña con unos ojos para comérselos de bonitos y vivos que los tiene. Cuida de su hermano de meses mientras su mamá, Patri, está con los calabacines peleándose.
    Es la hora de la calabaza. Les cuento un poco de la historia de esta modalidad. Y de la curiosidad de su forma de cacahuete grande. La tocan y se sorprenden de la forma, el peso y la piel. Patri dice que no la pela, que ya lo intentó una vez y que casi se corta. No me extraña, sabéis que esta calabaza tiene la piel muy dura, y si no se tiene algo de destreza es fácil que el cuchillo se nos vaya. Pero como es una valiente le digo que le enseño una técnica de coger el cuchillo cebollero: lo inclinamos para cortar hacia afuera y con la mano izquierda sujetamos muy bien la calabaza, los nudillos son los que medirán la distancia de corte exterior podrá pelarla con éxito. Y lo consigue, ¡Bravo por Patri!
    Su niño llora, parece que tiene hambre, y con ese amor que solo una madre sabe le da el pecho.
    Pedro se anima con la calabaza ahora y dice que él la corta en tiras para cocinarla. Pues nada, al tajo, con una maña bastante aceptable, se lanza a trocearla y eso que el asiento, (parte plana que toca la tabla para que no se mueva), que le da al partirla por la mitad no es el mejor. Hay que decir que la calabaza por dentro es parte hueca, por lo que al partirla por la mitad y ponerla boca abajo cuesta un poco pero sale airoso del trabajo.
    La sartén con las patatas van terminándose, el tiempo marcado se acerca, le ha dado vueltas con mimo, colocando la rasera por encima para saber dónde y cuántas están en la sartén, algo que a mí me asombra, normal. Hay que dejar unas pocas fuera en un plato para después preparar la variante del zarangollo ciezano. Se cumplió el tiempo de las patatas, las va añadiendo a la cacerola que Patri ha tenido con mimo cocinando, deja en un plato el resto, algún trocito se salió de la sartén, pero al terminar repasa con la mano alrededor con cuidado del calor del fuego y comprueba el resultado, un trocito estaba fuera.
    En ese fuego pone esa misma sartén a la que le añade dos cucharadas más de aceite, esa medida ya la tiene por la mano. Toca la cebolleta fresca que nos cortó Carmen, la pone, le añade esa pizca de sal como le puso a las patatas, y busca la tapa para cubrir la sartén de nuevo. Mide la intensidad del fuego para que se pochen lentamente.
    Parecería ahora que estábamos parados. Los fuegos en marcha con los calabacines, con las patatas cocinándose, en el otro la cebolleta igual.
    Toca otra sorpresa.
    Las alcachofas para la famosa tapa de pulpo con alcancil, vamos la alcachofa que se llama así indistintamente. Un valiente y es Pedro quien de nuevo se anima. El dice que les corta el rabo y que después las pela con el cuchillo hasta que las hojas están blandas. Perfecto, es una forma más de cortarlas. Pero aquí si les propongo que las alcachofas las pingamos en un bol con agua y el zumo de un limón, para que no se pongan feas, se oxiden. Vale también un buen puñado de perejil, pero en este caso es el limón el que va al bol con el agua. Carmen dice que ella les deja el rabo a las alcachofas. Por supuesto que es válido también. «Pero cada maestrillo tiene su librillo» y en este caso fue Pedro quien inició la aventura. Las pela, las colca en ese bol, Esperanza busca una cacerola y a… hervir el agua. Las echa después de pasarlas con el agua de limón añadiendo un poco de esa agua a la cacerola. La pregunta de siempre que se cocina ¿Cuánto tiempo? La respuesta es fácil, sobre los 10 minutos desde que empiece a hervir el agua. Y según el tamaño de las mismas. Otra cosa que nos cuenta Pedro es el sonido. Sí, hay que prestar atención a los sonidos que hacen los alimentos en la sartén, cacerola o cualquier objeto que tengamos en el fuego, nos dice qué ocurre y cómo van cocinándose. Otra de las cosas que yo aprendo. Creo que al final voy a ser yo quien aprenda de ellos.
    Repasamos rápidamente.
    En la cacerola tenemos casi terminada las patatas y los calabacines a falta de ponerle la cebolla que ya la tenemos terminándose en la sartén.
    En la otra cacerola cociéndose las alcachofas. La calabaza troceada a la espera de que la cebolleta deje libre esa sartén.
    Una cosa nueva más. El pulpo para la tapa llevará un aceite de canónigos. Les cuento cómo lo vamos hacer, en un vaso de batir colocamos un puñado de canónigos, Es Patri quien se lleva la mano al Tupper y saca un puñado dejando la mitad para la presentación, los pone en ese vaso y añade como 3 dedos de aceite. Y vuelta con el problema de las mediciones, podemos hacerlo de otra forma. Llenamos un vaso pequeño de aceite y esa sería la medida para hacerlo. Pero en este caso sus ojos somos nosotros, le sugerimos que un poquito más de lo que ella ha puesto. La batidora en su sitio la consigue a la primera. Busca el enchufe con la batidora ya dentro del vaso. Toda precaución es poca. Sujeta el vaso con su mano izquierda y leña a la batidora. ¿Cuánto tiempo? ¡Pues eso digo yo! que el que crea que habrá hecho un puré muy liquido con el aceite y los canónigos. Sube y baja hasta que crea que está. Lo vamos a cola, solo queremos ese aceite con el sabor del canónigo, y perfecto en un vaso ha colocado el colador que encontró en el segundo cajón y con una cuchara sopera que le acerco presiona en el colador hasta que le ha sacado todo el jugo a ese mejunje batido.
    Mientras Pedro pone en el microondas el Tupper con el pulpo que ya traje cocido. Esa será otra clase especial sobre el pulpo y sus formas de cocinarlo. Dos minutos a máxima potencia y listo, vuelta a medir el tiempo. En este caso el micro avisa.
    Todos queremos probar el sabor especial de ese aceite con canónigos, hasta Rocío se atreve. Una cuchara a la que le pongo un poquitín de ese aceite y una pizca del jugo del pulpo. Me gustaría que hubierais visto la expresión de su cara. Aquí sí que no hay mentiras, les gusta y mucho.
    Tenemos terminada la cebolleta, a la que Pedro le ha dado vueltas con cariño y paciencia, en la cocina no hay prisa y si mucho amor. A la cacerola con casi la totalidad de ella, el mismo proceso, tocándola con la parte plana de la rasera sabe dónde y cuánta hay en la sartén para reservar un poco. Ahora es cuando le añadimos la calabaza ya troceada, una cucharada más de aceite, AOVE, y a pochar de nuevo, la calabaza se hará enseguida, está cortada en trozos muy finos.
    Ya casi tenemos los tres platos terminados, Zarangollo murciano al que Patri le va a poner los huevos que quiera, y decide que como somos 6 en total le pondrá 5 huevos. Pues muy bien, los casca con habilidad en un plato uno a uno para asegurarse que no tendrá cáscaras dentro de la cacerola y adentro. Solo le queda remover y romper esos huevos y con el calor que ya tiene la cacerola se terminarán de cuajar, Probamos de sal y acertamos no añadiendo más. Está en su punto.
    Añadimos as patatas a la sartén donde teníamos la cebolleta y la calabaza y terminado ese plato con un huevo roto por encima removiendo un poco. La cantidad es pequeña pero suficiente para notar su sabor distinto. Se me ha olvidado llevar unas ñoras para colocarlas en la tapa del zarangollo ciezano, pero en ese momento Carmen, removiendo entero el frigo para reordenarlo, descubre una bolsa con dos ñoras. La alegría es completa. Probaremos la tapa completa. Patri toma una, la desmenuza en un plato para que no tenga pepitas, añade unos trocitos a la sartén donde se está terminado la tapa y se sumará ese sabor al que ya tenía.
    Vamos a emplatar y presentar los tres platos.
     
    De la cacerola con el Zarangollo, retiramos una buena cucharada que colocamos en un plato redondo. Al lado colocamos otra porción del zarangollo ciezano al que Rocío le pone un trocito de ñora como peineta encima, queda muy propia y bonita.
    Y para la tapa del pulpo colocamos las alcachofas ya cocidas y cortadas por mitad en un plato redondo amplio. Ponemos un trocito de pulpo encima de cada alcachofa y salseamos con los jugos del pulpo y el aceite de canónigos Queda precioso.
    Foto de familia, todos juntos con nuestras recetas emplatadas para confirmar que podemos hacer lo que nos dé la gana.
    Cada uno se lleva en su Tupper lo que ha sobrado de las recetas y poder disfrutarlas con su familia.
    Llega María Dolores a pasar revista en ese momento, si llega cinco minutos antes prueba las tapas. Nos hace una entrevista que graba en su móvil para pasarla a todo el grupo de Cocina Con Sentido y disfrutar todos de lo que hemos hecho hoy.

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    Taller de cocina (Capitulo primero)

    Una situación difícil aquella mañana al subir los primeros escalones del edificio. No sabía cómo iba a reaccionar, aunque su experiencia y aplomo, ante este tipo de situaciones nuevas, le darían la soltura suficiente para afrontarlas.
    El edificio impresionante con un largo y ancho pasillo central, desencadenaba en un mostrador con dos personas. Una al teléfono enganchada, telefonista. La otra con imagen de calma le atendía sin levantar la mirada. Le indicó que en el ascensor del fondo subiera a la segunda planta, preguntara por María Dolores en el pequeño despacho de la derecha.
    No eran nervios, tampoco inquietud, era la intuición que un nuevo mundo venía a su vida.
    Ella, tocando las paredes se le acercó despacio, casi titubeando insegura. Pero no, no era inseguridad. Esos pasos los daba todos los días. Puso sus manos por delante, como abriendo la puerta para recibir el saludo. Dos besos muy lentos en las mejillas sobraron para descubrirlo casi por completo. Altura, fortaleza, olores y algo que no está en el físico, el carácter de su interlocutor. “Un buenos días y sígueme por estos pasillos hasta que podamos llegar al piso piloto que tenemos para hacer las pruebas y ejercicios de ayuda y seguridad” Fue todo el comentario que hizo ella.
    Salón grande bien amueblado, y al fondo a la derecha toda una cocina para impartir los talleres para invidentes de la ONCE.
    Una nueva “visión” de la vida llegaba a la suya. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Adiós Invierno

    Temblores de hielo y piel encrespada dejan mi cuerpo dolido y maltrecho. Ganas de perder el marengo cielo y descubrir el turquesa nuevo. Olor de verde tallo y bermellón pétalo. Vestidos de azahar y pamela deslumbrante. Deja que nazca la luz en tus labios, tus ojos sean brasas de amor y que reine la primavera dejando al cruel y duro invierno desnudo hasta otro año.
    Amarte en caminos húmedos encantados de pámpanos bronces que traen perfumes de jazmín morado. Amarte en campos de amapolas y margaritas, dándote los susurros de poesía que el viento siempre lleva a tu corazón.

    Sólo así la primavera da frutos de amor
  • Cabeza de mis Cosas

    Adiós mi vida

    Te busqué por todas las redes sociales, no salía de casa para no perder tiempo. Ya desesperado indagué en unas antiguas páginas blancas de Telefónica tu nombre y en la m descubrí tu dirección. Imposible lo que leía. Tanto tiempo y tan cerca. Vivías a un metro de mí. Mi cabecero era tu cabecero, tus exclamaciones mi obsesión, tus silencios mi paz.
    Tan cerca y tan lejos. No aguantaba a la vecina y la vecina eras tú. Tantos años buscándote y te tenía junto a mí. ¿Por qué no miré antes? ¿Cómo fui tan digital? Lo simple es más práctico. Solo a unos metros de mí y no vernos alguna vez. No es posible que la vida sea tan cruel. Te escuché y te odié. Te sentí y te desprecié. Y ahora todo ha cambiado. Sé dónde está tu vida. Y ahora sí estás lejos. Muy lejos. Ahora que te puedo tocar no debo. Ahora que te puedo contar mi amor no seré comprendido. Tantos años y tan cerca.
    Mi amor de juventud, el amor de mi vida.

    Ahora tienes tu vida y yo me quedo sin vida. Adiós amor, adiós mi vida. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Autoestima

    Destrozada, llorando y arrinconada en su habitación estaba Ana. Había sufrido tanto aquella mañana en el colegio que no pudo aguantar más y salió de clase en estampida. No paró hasta encontrarse en el refugio de sus paredes. No había consuelo. No entendía el absoluto desprecio con el que, continuamente, era sometida por sus compañeros.
    Su vida era normal. Nunca sus padres le habían indicado lo malo y lo bueno de ella. Tanto es así que cada cosa que pedía la tenía. Su forma de hablar, completamente de moda, era la gracia de sus padres. En casa nunca se sentía culpable, es más, no entendía que significaba esa palabra. Siempre tenía razón.
    Pero en el colegio todo era al revés. Ana no aguantó más. Su dolor era sangriento, desgarrando su barriga y su cabeza estallaba en múltiples relámpagos. Pasaban los insultos y desprecios de sus compañeros como latigazos en la cara. La visión de la ventana era un soplo de libertad.
    No había otro camino que seguir. 

  • Cabeza de mis Cosas

    Gracias a la Vida

    Nunca le he dado las gracias con tanta fuerza como cuando entró el otoño en mi vida.
    Dejé con rapidez la nostalgia de la primavera para asirme con fuerza a este nuevo cambio de la vida. Los rubores, los calores, las inseguridades dejaron paso a la sensatez, a la paciencia, a la serenidad y sí, a la experiencia que lo doma todo con la justa batuta del tiempo.
    Gracias de verdad a la Vida, que ha sido tan fuerte y frívola que me ha jugado la falsa pasada de perderla y reencontrarla.

    Vista desde este altozano solo espero al frío invierno con sus delicias de locura. Las hojas del diario pasando con más rapidez de la deseada, pero con la tranquilidad de que la almohada duerme n paz a mi lado. No vivo de los recuerdos, pero los recuerdos si están en mi camino acompañándome. Me hacen estar cómodo, me hacen sentir que lo ya vivido es solo una mueca de las cosas que podían haber ocurrido y no lo hicieron. Ahora esa Reina, si me deja reír a carcajadas con la paz del espejo que refleja mi faz llena de dulces cicatrices.

    Gracias a la Vida siempre
    A mi amigo Patxi
  • Cabeza de mis Cosas

    Al Nacer

    Acabo de conocerte, bueno y tú a nosotros. Es la primera imagen que ves mi cara. Me imagino tu sorpresa al ver mi rostro. No esperarías que lo primero que vieras fuera un ser como tú pero con decenas de años. Esperarías a ver nubes de algodón sujetas con lazos de seda en el aire; o campos de flores, llenos de olor y color; quizá un hogar rodeado de cariñosa paz. Pero lo primero que has visto son mis ojos llenos de lágrimas por verte al fin.
    Te espera una vida por recorrer, llena de todo lo que esperabas al nacer. Vivirás experiencias que forjarán tu carácter. Unas alegres, otras tristes y duras, pero todas te ayudarán en la vida. Te queda todo por descubrir. Tu mirada penetrante animará a discernir los sentimientos. Lucharás hasta el final de tus días sin dejarte vencer por nada. Vivirás en un mundo duro que no te dejará nunca indiferente.
    Estoy viendo la mirada de un luchador nato que ganará su guerra con la dulzura de sus nubes de algodón y los campos de flores de olor. 
  • Cabeza de mis Cosas

    La Morra

    – Antonia, agarra a tu hermana y vete a la plaza con el cántaro.
    – No se preocupe madre, ya me la llevo y la distraigo un rato. Luego me lo traigo lleno.
    Los días del estío son insoportables, el olor a la sequedad del campo agobia el aire, rezuma el polvo en cuanto algo de brisa se levantaba. Si sopla solano el día es de fuego, y por aquí los meses de verano son todos lo mismo.
    Pasos lentos, no hay prisa para nada en mi pueblo, nos llevan a Maria y a mi a la plaza. La vigilo con un ojo mientras corre con sus amigas a jugar al casco. El sol ya tiene la mañana hecha, mi sombra me la piso y el pañuelo es la única solución al agua que me resbala por la frente. La torre de la iglesia solo está en el cielo, no la veo en el suelo cuando al atardecer salgo al encuentro del padre que viene de la era de trillar la mies. Entonces es cuando el día se deja ver en los ocres y dorados de su puesta. Baja la temperatura lo justo para respirar hondo y que no queme los pulmones.
    Este pueblo vive del cielo exclusivamente, no hay nada más. Animales que sólo sirven para la susistencia del campo y de la nuestra. El cielo es lo único que nos da vida, siempre a su aire, siempre a su albedrío. El cura hace lo que puede pero el sol es plomo durante meses.
    El hilo de vida en la fuente de la plaza es lo singular de nuestro pueblo, colas de mandiles por las mañanas al despuntar el día, llenan cántaros y búcaros del líquido vital.
    Solo los cuentos de los ancianos dicen que en La Morra hay agua, es la cantinela con la que te duermes día a día.
    «Pasan los años y en La Morra hay agua. Los ancianos llevan razón, como casi siempre. Vinieron técnicos muy listos a descubrir lo que ya sé sabía.»
    Se acaba el paseo a la plaza, los cántaros y búcaros se dejan en los anaqueles de la alacena como restos de antiguos utensilios, los grifos aparecen y mi padre tiene una bañera donde quitarse el polvo de la era y refrescar el cuerpo curtido por el solano.

    En mi pueblo, Barrax, La Morra trajo la vida. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Una mirada profunda

    El beso de anoche me supo a poco, el calor no llego a ser tibio, la mirada profunda de tus ojos negros hablaba en silencio.
    Una caricia justa de tus yemas en mi mejilla decían más que las mil palabras dichas antes. Tu otra mano se apoyaba en mi pecho, con esa cadena de nubes que atan lo preciso.

    Nunca se sabe que puede pasar después.  Mejor esperar al momento oportuno.  Ése se sabrá cuando llegue, no adelantes lo que no se debe. No corras por el camino del paseo, nunca te arrepentirás cuando ocurra. 
  • Cabeza de mis Cosas

    Sonaba un Rayo de Sol

    Sonaba un Rayo de Sol de Los Diablos. Aquella canción marcó mi mes de julio. Los ojos negros de Mari Carmen no me abandonaron los 30 días. Los juegos de «a mi derecha, el anillo, la zapatilla, el teléfono, las películas», era todo lo que yo podía desear estando siempre a su lado. Algún paseo nocturno antes de cenar en compañía, alguna conversación siempre con la cara roja. Se acababa el mes.
    – Mamá yo me quiero casar con Mari Carmen.
    – Vale, si, lo hablamos el año que viene, solo tienes trece años.
    Un monedero y una diadema fueron los regalos que nos dimos.
    Y treinta días de llanto.

    Nunca más la vi
  • Cabeza de mis Cosas

    El Libro de tu vida

    El otro día escribí un pequeño relato sobre la amistad. Refleja mi opción muy subjetiva sobre ella. Describiendo en pura esencia como la veo.
    Decía algo así como: «Hoy me has contado tu agobio, hoy me has trasmitido tu ansiedad, y yo me he sentido como tú. Esa complicidad que siempre tenemos, parece un hilo que siempre está vibrando entre los dos. 
    Sabes contarme tus cosas, sabes que te voy a escuchar, sabes que te voy a comprender y sabes que te voy a aconsejar cuando lo necesitas cada vez. Otras un simple silencio o un querer apretujarte sobra.
    Nos decimos que nos queremos y, aun en la distancia, sabemos que siempre estamos juntos.
    Me serenas, me equilibras, que lo mismo lo sientes tu que yo
    Estoy sereno hasta que te vuelva a ver.»
    Reflexionando estos dias he visto una nueva dimensión a la amistad con la perspectiva del tiempo. Un amigo es todo eso que escribí, pero durante toda la vida que estaremos juntos, hasta que uno de los dos la deje.
    Los amigos van pasando por la tuya como personajes de tu libro. Unos tienen un protagonismo relativo, otros son puros secundarios en tu devenir, los más, ni siquiera les pondremos nombres, otros tendrán unos adornos ligeros, matizes sin más gloria. Tu vida es una novela, a veces de misterio, otras policíaca, románticas y atrevidas, tierna y dura.
    El protagonista, el personaje principal siempre eres tú. Rodeado de tus verdaderos amigos, esos que interactúan en todos los capítulos y que en el epílogo están sus nombres completos gravados en negro sobre blanco en tu corazón. Secundarios de lujo, que hacen tu paso por tu historia la más bella epopeya.
    Y si algún día pudieras leer su novela verías tu nombre entero justo debajo del suyo.
    Tus amigos siempre están contigo a lo largo de vuestras vidas 
  • Cabeza de mis Cosas

    Cristina

    Ayer tarde estuve con mi médica más de dos horas en su consulta. Trabajo perfecto.
    Al salir paseando con tranquilidad, iba meditando acerca de todo lo que me había hecho. Y la verdad, de medicina mucho, claro, pero también vi muchas más profesiones, a cada cual más importante.
    Arquitecta, hizo un proyecto de reconstrucción importante. Ingeniera, utilizaba unas herramientas de altísima precisión que necesitaban de esos conocimientos. Oficial de primera en la construcción, una argamasa para unir los distintos materiales que utilizaba. Escultora, modeló a la perfección aquella obra de arte, con el resultado deseado. Modista de alta costura, sus puntadas certeras y precisas, remataron aquel diseño de ensueño. Mejor terapeuta, dejando que sus palabras y manos relajaran por completo mi mente.
    Su voz melodiosa y aterciopelada solo hacía relajar el momento de tensión cómo si del concierto de mi cantante favorito fuera.
    Mis pasos eran lentos y cadenciosos. Me llevaban a sentir un estado anormal después de una anestesia de dos horas, extraer una muela, quitar un puente, y coser su emplazamiento. 

    Bien, muy bien Cristina por ser mi mejor odontóloga. Gracias
  • Cabeza de mis Cosas

    La vida Gris

    En los días grises de lluvia, te revelas por la angustia, el ahogo de tu alma y ves el fin de tu vida en tus ojos yermos.
    Tus manos arrugadas de nieblas sin luz, tu piel blanca de amaneceres negros, cuerpo corvado del peso de toda una existencia.
    Noche larga de vela continua, almohada mojada de sudores fríos, sueños despiertos de tinieblas llenos.
    La espera de la luz no llega, el aire se hace pastoso, el silencio avanza lento pero continuo, la ansiedad es total.
    Más mi cabeza se alía con mi alma, mi corazón con mi amor, siento que dentro se remueve mi espíritu, y algún atisbo de esperanza inicia un paso tras otro.
    No hay luna que dure un día, ni jornada cinérea que una vida sea. Dentro de mí, mis gritos aúllan. Sol sal. Viento sal. Luz sal. Vida sal.

    Resiste, ya llega. Vive.
  • Cabeza de mis Cosas

    Lucas

    Empezó muy pronto su escritura. Al filo de la una. Su andadura ha comenzado con paz y alegría, recibido con entusiasmo y pasión. Amor desmedido, en este caso comprendido.
    Hoy es un gran día. Hoy es uno de mis grandes días.
    Y será el mejor día de su vida.
    Recibido con esperanza, con deseo contenido y espera nerviosa. Lo primero que nos presentó fue su cara recién bañada por el aire, nunca antes había sentido ese nuevo medio.  Ojos impresionantes, mirada despierta, gesto firme y labios de carácter. Solo asomaban sus pequeños dedos con uñas blancas y largas que ya habían dejado sus marcas en su delicada piel.
    Marcará su vida su frente. Ancha y despejada. Nariz chata pero define su línea con decisión.
    Llega rodeado de cariño, de amor y deseo. Vas a luchar por tus sueños, siempre llenos de metas por alcanzar. Se libre, no busques cadenas, mirada alta, lucha, arriesga, sé constante.

    Vive, disfruta de tu vida. Bienvenido Lucas.